En otros tiempos, las hermanas alfareras tenían un lugar destacado en el calendario sentimental sevillano. En julio eran cuatro las grandes festividades de la ciudad de antaño: Justa y Rufina, Santa Marina, Santa María Magdalena y Santa Ana. Hoy, el único día señalado de tales citas pretéritas es el que tiene lugar en el viejo arrabal junto a su patrona.
Las santas Justa y Rufina han pasado a un segundo plano. Están presentes en templos, como en el Salvador, que son las mismas que vemos cada Corpus Christi y que acabaron reemplazando a las que se encuentran en la parroquia del Sagrario, o las de Santa Ana, que cada Corpus Chico transitan por las calles que algún día las vieron cargando vasijas y lebrillos. También están presentes en faldones de pasos de palio, bambalinas e incluso dieron nombre a un barco que marchó a las Indias.
Pero esta ciudad, que en ocasiones olvida a sus hijos ilustres —véase por ejemplo a San Juan de Ribera, entre otros muchos—, también ha visto cómo la devoción a las hermanas más reconocidas de Triana ha ido apagándose. Por eso es tan grata la noticia que hace años saltaba a los medios de comunicación donde la hermandad de la Esperanza de Triana firmaba con Ramón Cuenca la ejecución de Justa y Rufina para la capilla de los Marineros.

La corporación, cuyo timón ha manejado Sergio Sopeña, se ha convertido en referente. El patrimonio no solamente no ha dejado de crecer, sino que lo ha hecho con obras de primer nivel. Ahí están las adquisiciones pictóricas: Murillo, Sebastián de Llanos o Luis de Vargas. ¿Y el camarín de la Esperanza? Una obra soberbia que pone de manifiesto los frutos que puede dar una comisión a la que se le deja trabajar.
No es extraño, por tanto, que se apostara para la ejecución de las santas Justa y Rufina por uno de los imagineros más reconocidos del levante español: Ramón Cuenca. Hay quien afirma que se trata del más sobresaliente de esta región del Mediterráneo, pero Cuenca es más que el más destacable de dicha zona, es, sin paliativos, uno de los mejores que hay actualmente en el panorama español.
Con su presentación concluye una de las etapas más esplendorosas de la Esperanza de Triana. El martes, las urnas decidirán quién toma el relevo. Será un nuevo capítulo del mismo libro que difícilmente pueda aglutinar la riqueza patrimonial a la que hemos asistido durante los últimos años.







