Hay periodistas que, llegados a un nivel, acaban erigiéndose como auténticos líderes de opinión. Dueños y señores de la verdad absoluta, pocos son quienes se atreven a rebatir sus ideas, por lo que la ausencia de crítica deja el camino libre a que se sigan sembrando afirmaciones que acaban creando un vergel donde es mejor no adentrarse.
Con la aparición medios alternativos y sobre todo con el auge de las redes sociales, la democratización ha sido imparable. Caso distinto es el del perfil en estas del Consejo de cofradías, que no permite que puedan sus seguidores intervenir en debates al no autorizar la interacción. Su community manager suponemos que será conocedor de los aspectos negativos que se derivan de tal acción, como el empeoramiento de la visibilidad y la reputación.
El debate siempre es sano, sobre todo si se hace con conocimiento de causa. Dicho de otro modo, este medio, sin ir más lejos, no abordaría la llegada al poder de Trump o los aranceles que pretende imponer el presidente electo de los Estados Unidos porque acabaríamos patinando.
El mundo de las cofradías ha visto crecer multitud de medios, sinfín de gurús, magos y otros adoradores. Se ha llegado a conformar un bosque donde todo tiene cabida. Y cuesta encontrar aquellos caminos llenos de autenticidad. Pero no nos engañemos. Ya existía antes, ahora con más eco. El personaje que te hacía palmas para el Domingo de Ramos, vestía una dolorosa, aliñaba la ensalada en las convivencias y te tocaba una marcha. O lo intentaba.
En los medios de información cofradiera hay periodistas que se atreven a examinar el mundo del bordado, experimentar con sus opiniones sobre bandas y tirarse a la piscina con cuestiones arquitectónicas. Hace escasas semanas leí en un artículo cómo un destacado periodista descubría el parecido de la portada de la basílica de la Macarena con la capilla Pazzi, que se ubica en el primer claustro de la florentina basílica de la Santa Croce.
La basílica italiana, una de las obras más famosas de todos los tiempos, omnipresente en los libros de Historia del Arte de bachillerato -imaginen su profusión en estudios superiores-, vienen a presentárnosla como si se acabara de descubrir el arco palladiano. La comparativa es, a su vez, doblemente sorprendente, ya que la casa de la Señora de Sevilla no se inspiró en la construcción de Florencia sino en un espacio muy próximo al arco como es el templo del convento de Santa Clara. Viajar está bien, pero leer es mejor.






