El capirote | Los nuevos aires

Hay quien puede pensar que en el mundo de las cofradías está todo inventado. Básicamente es una afirmación de quienes no conocen en profundidad un mundo que es todo un universo. Cierto es que, en la mayoría de los casos, se vuelve la vista atrás para rescatar estampas pasadas, pero hay una diferencia entre quienes lo hacen imitando cómo se aprecia la imagen en instantáneas pretéritas y quien reinterpreta y actualiza modelos que nos son de sobra conocidos.

La apuesta de la actual junta de gobierno de la Macarena por José Carlos Gutiérrez, uno de los mejores vestidores que existen en Andalucía, es el mayor acierto de los últimos tiempos. La junta también apostó por Miguel Fernández Carrasco, que nos ha traído la mejor versión de la Virgen del Rosario. El vestidor, que lo es también de la Virgen de la Encarnación del grupo de fieles del Mayor Dolor de la Barzola, ha sabido dotar a cada imagen del carácter que requiere cada una en su vertiente.

Virgen de la Encarnación del grupo de fieles del Mayor Dolor de la Barzola

El empuje de las penitenciales provocó que desde hace décadas las imágenes letíficas acabaran asumiendo aspectos propios de las dolorosas, dejando atrás una larga tradición que perduró durante siglos. Incluso en las salidas procesionales la presencia de marchas dedicadas a aquellas ha ido aumentando, orillando composiciones dedicadas a las glorias que son de auténtica belleza.

Las nuevas incorporaciones están sabiendo dotar a cada imagen de su modo particular dentro de la tradición existente. Se va quedando atrás, aunque todavía queda camino por recorrer, esa contaminación en las glorias por parte de las penitenciales. Otro ejemplo reciente lo vemos en Santa Ana. Esteban Sánchez, imaginero, nos lleva mostrando a la Virgen del Carmen de un modo que nos recuerda a las telas encoladas. El uso de los volúmenes, la colocación del manto y hasta la distribución de los mechones de la imagen nos hace pensar que en el mundo de las glorias todavía queda espacio para tener un sello propio.  

Virgen del Carmen de Santa Ana. Fotos: Andrés González