No es extraño encontrarse con generaciones anteriores que afirman aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Generaciones, dicho sea de paso, que hoy en día tienen más que decir que una multitud que los ve por encima del hombro creyéndose importantes, cuando el estado de bienestar que disfrutamos fue luchado por quienes en ocasiones pensamos que ya no pintan nada en la sociedad. Craso error, pues si no aprendemos de nuestro pasado, volveremos a cometer las mismas injusticias.
Al Boletín de cofradías de Sevilla podríamos aplicarle esta misma tónica, aunque en este caso no da pie a debate, puesto que no hay más que echar un vistazo para ver cómo pasó de ser un referente en el mundo de las cofradías a quedarse por el camino como una publicación donde el contenido carece de rigor científico.
Tengo en casa todos y cada uno de los números. En un principio no era más que un folleto, de un par de páginas, que fue ganando en contenido con el paso del tiempo. Artículos de José Sánchez Herrero, García de la Concha daban lustre a un boletín que poco a poco fue haciéndose un hueco. Como asiduo lector -de cualquier tipo de texto que me encuentro- me gusta devorar sus páginas en cuanto cae en mis manos. Pero hace años que dejó atrás aquella etapa dorada para ahora recargarse con secciones que tienen más bien poco que aportar. A excepción de los artículos de Roda Peña, poco puedo alcanzar a colocar en un nivel adecuado otros que se han convertido en habituales.
El boletín se inicia con una relación de noticias cofradieras de nuestras hermandades. Pero este apartado ha quedado obsoleto teniendo en cuenta que hay un nutrido grupo de páginas webs que recogen casi al instante los acontecimientos más destacables de las corporaciones, por no hablar del espacio en redes con el que cuentan las mismas. Después se sigue con una sección de retablos cerámicos, una sección más que agotada -¡cuántas veces he visto ya los mismos en uno y otro número!- o el espacio dedicado a fotografías antiguas de la mano de Enrique Guevara, donde pierdo la cuenta de las veces que ha aparecido la instantánea del Gran Poder saliendo de San Lorenzo o la del Señor del Silencio.
Como saben, la hermandad que abre la Madrugada está en los debates cofradieros por aquello de que si es la más antigua o no. Cuando el pasado mes de enero leí la respuesta que daban dos hermanos de la corporación a Andrés Luque Teruel -en Internet pueden encontrar más referencias al respecto-, pensé en cómo no es posible que detrás del citado medio no se encuentre un equipo que pueda cribar qué contenidos son publicables. Dar vía libre para que vea la luz un artículo que arremete contra la audiencia de un determinado programa de televisión -la misma o parte de ella puede consumir el boletín- es ya un indicio del escaso respeto que se puede mostrar por quien es libre de elegir lo que ve en televisión o lee lo que considera oportuno -aunque haya quien se lleve las manos a la cabeza con los debates afirmo que hay más seriedad en ellos que en algunas juntas de gobierno-. Más grave aún me parece que se permita incluir un texto partidista, que deja fuera a principales conocedores de nuestra Semana Santa y que no se haga un análisis de los pros y contras que, dicho sea de paso, enriquecerían no solo al artículo sino también a la publicación.
Habrá quien no analice en profundidad el asunto, quien pueda creer que es solo cuestión de pareceres, pero este tema da un paso más allá, porque se trata de respetar la historiografía, de darle valor a las fuentes, a los documentos que nos hablan después de tantos siglos, a auténticos testigos de la vida pasada que son, como aquellas generaciones de antaño, un verdadero compendio de sabiduría. Quien quiera ver que solo se busca la polémica es que no ha entendido absolutamente nada.





