El capirote | Navidad sin Jesús

Que el consumismo nos arrasó desde hace tiempo es una cuestión que dejó de ser centro de debate desde el mismo instante en que acabó imponiéndose como norma. A ello le añadimos el black Friday adelantando las fiestas, pero mucho antes ya metemos con calzador los mantecados en el mes de octubre.

Si unimos todo ello a la era de la exhibición, no nos queda ni un mínimo espacio para pensar. Todo este cambio acaba también afectando al mundo de las hermandades. El pórtico de la Navidad era el besamanos de las Esperanzas que, de seguir así, acabarán algunas extendiendo su mano a los devotos la misma mañana de Nochebuena.

Con una Semana Santa todo el año no podemos esperar una Navidad plena. Si antes era puntual ver a alguna dolorosa vestida de hebrea por estas fechas, ahora se cuentan por decenas, de la misma manera que antes esperábamos las novedades editoriales en Cuaresma y en la actualidad nos encontramos con obras recién publicadas en cualquier fecha del calendario.

La proliferación de salidas extraordinarias ha acabado ensombreciendo no solo a las Glorias. Las fiestas señaladas pasan desapercibidas. Se observa cómo en determinadas parroquias el Belén ha sido desplazado a un lugar con menor visibilidad, dejando paso a la irrupción de las hermandades, que aterrizan ahora presentando nuevas piezas, sayas, túnicas…

La Navidad es el principio de todo. Y cada celebración debería contar con un espacio lo menos contaminado posible. Hay que dar a cada día señalado su importancia. A cada fecha un lugar que nos sirva para comprender mejor el mensaje de Jesús. Ahora es tiempo de adviento, de vivir con intensidad la llegada del Mesías. Ya tendremos tiempo para todo lo demás.