Una vez que se ha pasado la euforia por beatificar a Francisco Vélez como un héroe que ha llevado al Consejo de Cofradías a una etapa de esplendor que todavía no acabo de ver, —algunos desinformados y de manera interesada han llegado a afirmar que es el artífice del proyecto Vía Sacra— llegamos al verano sin noticias y cualquier intrascendente evento acaba llenando páginas y páginas.
A finales de julio la atención se ha centrado en la reciente Velada de Ibai Llanos, que es un streamer que ha soltado por su boca expresiones como «prensa de mierda», se dedica a organizar —aunque esto supongo que lo harán otros— un boxeo entre influencers que, según tengo entendido, tiene un tirón bastante grande en redes. La expectación en el mundo cofradiero que, como saben, es bastante amplio, la ha causado una de estas influencers, llamada Fabiana Sevillano al hacer su entrada con la marcha procesional «El Galileo». El mundo cofradiero y las redes sociales se dividen. Hay quienes piensan que es un éxito escoger una marcha de Semana Santa para un evento de este tipo. Otros, en cambio, piensan que no hay nada que celebrar. Aquí, uno de ellos.
La música procesional ha sido desde prácticamente sus inicios la gran denostada. Es una observación que no necesita de una revisión profunda. Diversos sectores académicos, ideológicos y culturales la han mirado de reojo por diversos motivos, entre ellos, en rechazo por su vinculación religiosa o el estigma que ha acompañado a las agrupaciones de viento y percusión, consideradas como formaciones menores en comparación con la orquesta sinfónica. A todo ello hay que sumarle ahora la degradación de las composiciones debido a su uso en este tipo de espectáculos, concebidos para la generación del consumo rápido, incapaces de tener un espíritu crítico en la era de la sobreinformación y el algoritmo.
¿De verdad hay a quien puede defender el uso de marchas procesionales para este tipo de espectáculos? La historia viene de atrás. La mayoría de influencers han llegado para recordarnos lo bajos que son los estándares de la sociedad actual. Si antes teníamos como referentes a escritores, actores de cine o pintores, ahora lo son personas que tienen una legión de seguidores solo por su cara bonita y/o carisma. Estos que los siguen consumen sus vídeos llenos de publicidad y, no solo eso, sino que se interesan por sus encontronazos con otros influencers y por saber con quién/es se acuestan. La prensa rosa 2.0, para aquellos que decían que la prensa rosa había muerto en España.
Si la música procesional tiene que hacer frente a varios hándicaps, ahora no solo tiene que lidiar con la proliferación de marchas de malísima calidad sino con su uso por parte de esta caterva que ya no sabe qué hacer para llamar la atención.





