El cardenal y arzobispo de Barcelona Juan José Omella ha presidido este sábado en la basílica de la Sagrada Familia la ceremonia de beatificación de Joan Roig Diggle, un joven que fue asesinado a los 19 años por milicianos en los inicios de la Guerra Civil, el 12 de septiembre de 1936. En un comunicado este sábado, la Iglesia Archidiocesana de Barcelona ha reivindicado la figura del joven y ha afirmado que fue martirizado por su fe y «porque no tenía miedo de defender a Cristo».
El acto ha aunado a un total de 15 obispos y cerca de 580 asistentes, entre los que se encontraban familiares del beato, autoridades y miembros de la Asociación de Amigos de Joan Roig i Diggle. La beatificación se realiza en el marco del plan pastoral ‘Sortim’, que está dedicado a los jóvenes y que coincide con el décimo aniversario de la dedicación al culto de la basílica de la Sagrada Familia. Por las restricciones estipuladas por el coronavirus, se ha celebrado a una capacidad reducida a un tercio del aforo, con distancia de seguridad y el uso de mascarillas y gel hidroalcohólico.
Joan nace en Barcelona en 1917. Es bautizado en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Barcelona. Recibe la Primera Comunión a los 7 años. En 1927 ingresa en el colegio de los Escolapios de la calle Diputación para iniciar el bachillerato. Sin embargo, en 1934, toda la familia se traslada al Masnou y Joan debe dejar la escuela para ponerse a trabajar. El motivo es que su padre sufre un grave problema económico y queda prácticamente arruinado. Es un golpe duro para la familia y para él, que ve truncadas sus ilusiones de futuro.
Es en El Masnou donde Joan comienza a vivir a fondo su fe, su relación con Dios. A pesar de trabajar durante el día en Barcelona y estudiar por las noches, no deja de ir a misa ningún día, y también pasa largos ratos rezando en la capilla. Empieza a dar catequesis a los niños de la parroquia de Sant Pere del Masnou y se integra en la Federació de Joves Cristians de Catalunya, donde encuentra una comunidad y una misión: llevar a Jesús a los demás.
Todos empiezan a ver en aquel joven rubio algo especial. Y es que dentro de Joan arde la llama de amor a Dios y a sus hermanos, que se desborda en un gran deseo evangelizador y de mejora de las condiciones de vida de sus hermanos más desfavorecidos. Estudia la doctrina social de la Iglesia para encarnarla y difundirla, convencido de que es el único camino válido para combatir la desigualdad social y promover la dignidad de todas las personas.
En 1936 estalla la Guerra Civil española, que lleva a la quema generalizada de iglesias y la persecución hasta la muerte de religiosos, sacerdotes y «cristianos de misa». Joan queda desolado al no poder evitar la quema de la iglesia de Sant Pere. A pesar de Ia situación, decide no esconderse y seguir trabajando para mantener a su familia. Cada día se expone yendo y viniendo en tren y recibiendo la eucaristía a escondidas.
El 11 de septiembre su director espiritual, Mn. Pere Llumà, le confía la eucaristía para que pueda llevar la comunión a algunos vecinos del Masnou y «por lo que pueda pasar». Aquella misma noche es apresado y asesinado, no sin antes consumir el Cuerpo de Cristo, que le da la fuerza para perdonar a sus verdugos y afrontar con serenidad el martirio. Las últimas palabras a su madre, de origen inglés, son «God is with me», con una sonrisa en los labios.





