El Cirineo, 馃挋 Opini贸n

Un gigante con los pies de barro

A veces desde la distancia se ven las cosas con mayor claridad, lejos de la vor谩gine cotidiana en que en ocasiones se convierte la realidad que nos rodea, en la que con demasiada frecuencia las ramas de los 谩rboles impiden ver el bosque. Ramas repletas de aduladores y vasallos 谩vidos de un pedacito de las miserables migajas que derraman aquellos que tienen la sart茅n por el mango para rodearse de esclavos, simples esclavos que hace tiempo renunciaron a su condici贸n de seres libres.

Hay desde luego una clase de individuos experta en encontrar a semejantes que no tienen donde caerse muertos.聽Los buscan y los acercan a su regazo. Ellos dir谩n que por caridad, cuando en realidad lo hacen por tener a un n煤mero determinado de seres a los que consideran inferiores, pero que son los perfectos peones capaces de inmolarse, si es preciso, con tal de percibir del poderoso, la limosna en la que cuantifican su servidumbre ciega. Este es un fen贸meno que existe en todos los 贸rdenes de la vida y por supuesto ni la iglesia ni las cofrad铆as son ajenas a la concurrencia de estos personajes indeseables. Algunos llevan vara dorada, otros tocan con su mano llamadores e incluso los hay con alzacuellos.

Y as铆 contin煤an desmoron谩ndose las cofrad铆as y la propia iglesia, ese gigante con los pies de barro que va desangr谩ndose al mismo ritmo en el que se multiplican los expedientes de expulsi贸n y proliferan las amenazas, los vetos y los insultos mientras la autoridad competente, la eclesi谩stica, mira hacia otro lado de manera c贸mplice. Un castillo de naipes en el que se premia la censura y se castiga a quien se defiende ante la justicia, que se desploma mientras que aquellos que un d铆a dedicaron de manera altruista su vida a un bien com煤n que situaron por encima de sus propios intereses, se marcharon a su para铆so privado porque no necesitaban el rid铆culo reconocimiento que otros tanto ans铆an para sentirse realizados.

Se marchan los hombres libres, los que piensan por s铆 mismos, y quedan los dictadores y sus esbirros, los manipuladores y los vasallos, un grupo de siervos controlados y dominados por un pu帽ado de monedas, un sill贸n, un ratito de gloria, una vara en presidencia, un costal, un cartel, un preg贸n o tal vez una simple palmadita en la espalda, a cambio de aplaudir las gracias de quien ocupa el trono, como aut茅nticos bufones que jam谩s cuestionan decisi贸n alguna ni maneras de actuar, por muy abominables que estas sean.

Porque m谩s all谩 de que un dirigente goce del respaldo necesario para tomar cualquier decisi贸n que derive del cargo que ostenta, y la determinaci贸n adoptada pueda ser por lo tanto perfectamente leg铆tima, lo que es censurable, entristece, averg眉enza y lamentablemente ya no sorprende, son las formas miserables que ciertos dirigentes y los secuaces que les rodean se gastan en el ejercicio inmoral de su poder: la mentira, los recovecos, las excusas, la maldita costumbre de tratar al vencido como si de basura se tratase, las culpas a terceros eludiendo responsabilidad alguna por los actos cometidos… la falta de honradez de quienes jam谩s se han vestido por los pies, incapaces de dar la cara cuando es preciso.

No se puede tolerar que haya quien juegue a dos bandas, que mienta con la impunidad de quien sabe que es gratis mentir porque se sigue gozando del colch贸n que proporciona esa masa ciega de fieles, a la que s贸lo importa tener un lugar m谩s grande y nuevo en el alimentar su ceguera,聽que se apu帽ale al vecino llenando de podredumbre el nombre de la instituci贸n que dicen defender, que se falsee sin importar las consecuencias y se haga da帽o al pr贸jimo, desde una instituci贸n adscrita a la iglesia cat贸lica. Como no se puede tolerar que los directores espirituales metan la cabeza en un agujero, como las avestruces, y se hagan los suecos cuando los desmanes se producen, mientras observan como la gallina de los huevos de oro sigue produciendo hasta que alguien la mate. Porque cuando esto ocurra, y ocurrir谩, ser谩n tan responsables como los perpetradores, por omisi贸n frente a la acci贸n.

Los hechos demuestran que hay quien ha transgredido demasiado, quien ha da帽ado demasiado, quien ha mentido demasiado y traspasado demasiadas l铆neas rojas, pas谩ndose por el forro de sus reales conceptos como el respeto, la honorabilidad y la sinceridad, amparando sus actos en una impunidad que terminar谩 difumin谩ndose, para satisfacci贸n de quienes aman la verdad. No olviden nunca que las relaciones entre entidades van y vienen, y que los caminos que hoy se unen, ma帽ana se separar谩n, pero el da帽o infringido a las personas permanece para siempre. Y no olviden tampoco que este mundo es mucho m谩s peque帽o de lo que algunos sospechan y en 茅l casi todo el mundo se conoce. 芦Se coge antes a un mentiroso que a un cojo禄, dice siempre mi madre. Tal vez el d铆a en el que toda la verdad salga a relucir, el globo le estalle a m谩s de uno en las manos. Veremos entonces qui茅n queda cerca para mancharse de lo que lleve dentro.

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