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El Cristo de la Humildad y Paciencia vuelve a casa

La Esperanza de Triana recupera con su restauración el esplendor de una de las devociones más queridas en el barrio

La Hermandad de la Esperanza de Triana ha presentado en la mañana de hoy la restauración del Cristo de la Humildad y Paciencia.

La Imagen lucía espléndida en el presbiterio del templo, con una iluminación perfecto para observar todos los detalles de la intervención acometida por los restauradores Juan Alberto Filter Peinado e Isabel María Rabadán del Saz.

El acto se ha iniciado a las 12 horas con la presencia de la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo.

Tras la contemplación durante unos breves minutos de la bellísima talla, Juan Alberto Filter Peinado ha tomado la palabra para explicar el proceso acometido.

El profesional ha indicado que la restauración se ha realizado gracias a la colaboración de la Junta de Andalucía.

Acto de regreso a la Capilla de los Marineros del Cristo de la Humildad y Paciencia tras su restauración. Fotos: Alejandro Sigüenza.

El Estado de conservación, ha precisado Filter, era muy precario, presentando además un oscurecimiento superficial muy notorio, así como barnices y repuntes puntuales.

Se ha producido, informaba el restaurador, el sellado de muchas grietas que tenía. «Primero tocamos el soporte y después intervenimos la policromía, haciendo una fijación de estratos pictóricos. Después se realizó una cata y se acordó con la Comisión Artística creada por la hermandad para el seguimiento de la restauración, el nivel de limpieza. Se retiraron barnices oxidados. Luego se procedió al estucado en la superficie en las lagunas y reintegración cromática.

Filter ha precisado igualmente que se ha recuperado los orificios de las potencias; y se ha reincorporado la corona de espinas, que se ha descubierto que el Cristo portaba antiguamente.

También ha intervenido la consejera Patricia del Pozo, quién ha mostrado su admiración por la calidad de la obra de autor anónimo; así como por el magnífico proceso de restauración.

Del Pozo ha defendido una vez más la importancia del patrimonio sacro andaluz y su conservación, así como el apoyo constante de la Junta de Andalucía al Arte Sacro andaluz, los artistas y artesanos y las hermandades.

Este acto pone el punto y final a unas labores de un año, en las que el Cristo de la Humildad y Paciencia ha recuperado el esplendor original para que los devotos de la calle Pureza puedan venerarlo tal y como lo conocieron sus antepasados.

Imágenes de la restauración del Señor. Fotos: Hdad. De la Esperanza de Triana.

Informe completo de la restauración

La intervención realizada se ha llevado a cabo atendiendo los procedimientos de actuación en materia de intervención en bienes muebles, constituyéndose un órgano (denominado Comisión Mixta de Seguimiento) constituido por un lado por personas de la junta de gobierno y por otro por el Equipo Restaurador.

Esta Comisión se encargó de la supervisión de las actuaciones.Dicha obra se trasladó al Estudio-taller del equipo, donde fue sometida a un exhaustivo reconocimiento para el cual se llevaron a cabo los estudios científico-técnicos acordados con la Hermandad.

Se efectuó, parejo a la investigación histórico-artística, una completa documentación fotográfica con diferentes tipos de iluminación y se realizó un estudio radiográfico.

El principal objetivo de la intervención llevada a cabo en la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia ha sido la conservación de este bien cultural para contribuir a su perdurabilidad en el tiempo en las mejores condiciones posibles.

Son muy pocos los datos que tenemos de la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia. Se tiene constancia de Él desde mediados del siglo XIX, concretamente por un inventario realizado en 1868 por algún funcionario municipal tras el desalojo de la Hermandad de su capilla a causa de la desamortización de Mendizábal; a pesar de la incautación de la capilla, sabemos por dicho inventario que la hermandad tardó más de tres años en abandonarla.

Si bien las imágenes titulares y enseres de culto se preservarían entre la sacristía y la casa contigua, el resto de enseres se mantuvieron en la citada capilla. Así se cita en el inventario: “… El Señor de la Humildad, también en escultura”.

Posteriormente, José Bermejo y Carballo cita 1882 en su libro “Gloria religiosas de Sevilla: noticia histórico-artística de todas las Cofradías de Penitencia, Sangre y Luz fundadas en la ciudad de Sevilla” dentro de las piezas pertenecientes a la hermandad, un “…Cristo atado a la columna”; debemos entender que Bermejo hace una descripción de los bienes quizás por transmisión verbal de otras personas, y no por examen visual de primera mano, pues no se tiene constancia de una Señor atado a la Columna en la historia de la hermandad de la Esperanza de Triana, y como relata Vicente Acosta Domínguez en su obra “Historia de la Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana” es imposible que Bermejo confundiera ambas representaciones del Señor por lo dispar de las poses y momentos de la Pasión que representan.

Con todo, antes de estas citas en dichos inventarios no tenemos constancia de si la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia pertenecía desde el momento fundacional de la hermandad, o si la asumen como propia en algún momento de su devenir por diversos templos de Triana, por desaparición de la corporación que le rendía culto, como ocurre con Ntra. Sra. de Guía y de San Telmo; nos decantamos en todo caso por esta última opción.

No podemos saber pues la procedencia de la obra ni su ubicación original. Actualmente se encuentra en el lado de la Epístola dentro de la Capilla de los Marineros, en un retablo propio realizado con piezas del antiguo retablo del Señor de las Tres Caídas.

Es reseñable el repinte de algunos regueros y manchas de sangre para disimular gotas de cera y zonas de pérdidas de policromía. Igualmente, pensamos que pudo ser en la misma intervención, se aprecia una pátina sobre toda la imagen con una técnica acuosa, lo cual, al hacerlo sobre una superficie al óleo pulimentada, origina unas manchas heterogéneas, por la incompatibilidad de materiales y desconocimiento técnico de la persona que lo llevó a cabo.

Tras la intervención, y un análisis comparativo con otras obras, podemos inscribir la autoría de la imagen a Juan Bautista Petroni (1749- † posterior a 1832) o a su círculo más próximo. Este escultor, nacido en Génova, llega a Sevilla a corta edad (diez años) y se forma con algún escultor compatriota que trabajó a caballo entre Cádiz y Málaga fundamentalmente; lógicamente, en estas estancias, sobre todo en Cádiz, el joven Patrone recibiría la influencia de otros escultores italianos (como Jácome Vaccaro o Francesco María Maggio) afincados en la ciudad.

Patrone termina afincado en Sevilla, donde casa con una nieta de Cayetano de Acosta. Así, en su estilo, observamos un sincretismo de su formación con un escultor italiano, con la tradición barroca sevillana, la influencia de Cayetano de Acosta a través de su familia política y el academicismo imperante de la época.

La imagen del Señor de la Humildad y Paciencia comparte unos rasgos estilísticos con la producción del citado escultor: rostros ovalados de facciones marcadas, hondas fosas oculares complementadas con unos grandes ojos negros de pesados párpados, recta y alargada nariz, corto surco naso-labial y boca pequeña.

Muestra el cabello suelto, moreno, distribuido mediante una raya central, unido de forma compacta en la parte del cuello, donde convergen grandes bucles ondulantes, del que se desprenden mechones sueltos que caen sobre la zona superior de la espalda; está tratado a base de finas y aristadas huellas de gubia de pico de gorrión, quizás más profundas en los mechones que toman independencia al final de la cabellera, dando lugar a una sensación de poca fluidez en la melena.

La barba está tratada con sutileza, de poca profusión con respecto al vello, con suaves surcos en dirección longitudinal que construyen una bifurcación, de la que penden dos pequeños bucles que cubren la barbilla.

El Señor de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Esperanza de Triana es una imagen realizada en madera tallada y policromada; se engloba dentro de las esculturas de talla completa en “bulto redondo”, esto es, tallada para ser contemplada desde todos los ángulos de visión.

Se encuentra sentado sobre una estructura con forma de risco realizada igualmente en madera tallada y policromada; su pierna derecha queda más elevada que la izquierda, y fija el codo del brazo derecho por detrás de la rodilla, descansando así la cabeza sobre la mano; el brazo izquierdo descansa sobre la pierna de dicho lado. Sus dimensiones totales son 123,5 cm. X 50 cm. X 62 cm.

El Señor presenta la cabeza inclinada y soportada por la mano derecha, apoyando el codo sobre la pierna del mismo lado, la cual queda algo más elevada que la izquierda; el torso se inclina levemente adelante e igualmente a la derecha. La mano izquierda descansa sobre el muslo del mismo lado.

La composición traza pues una suave diagonal desde la vista frontal. La imagen presenta cabellos y barba tallados. El cabello se dispone repartido hacia los lados divididos por una raya central, repartido en mechones con divisiones que forman ondas muy paralelas; por el lado derecho del rostro, entre éste y la mano, cae un mechón hasta la zona media del pectoral. La barba, bífida se une en la barbilla con la “mosca”, mientras el bigote queda separado en el centro del labio superior, para ir ensanchando hacia los extremos de manera llamativa. Los ojos son de cristal, con el iris policromado en tono marrón; la mirada apuntada hacia abajo, queda sin enfoque, transmitiendo melancolía.

La anatomía de la caja torácica resulta algo simple, así como el estudio de los hombros y brazos. Se marcan sobre una superficie poco musculada, las clavículas y la caja torácica. Las manos no muestran vascularización acentuada, y resultan algo “cuadradas” dada la similitud de largo entre los dedos. Las piernas presentan una proporción correcta con respecto al torso, con una anatomía suave. Los pies están resueltos con más acierto que las manos. El paño de pureza se dispone sin grandes artificios, con pliegues amplios y angulosos.

Presenta, bajo la pátina, una policromía en tonos claros, rosáceos, con pocas valoraciones, y mucha profusión de sangre, sobre todo cayendo desde el cuello hasta casi llegar al ombligo, en la herida del hombro izquierdo, alrededor del encuentro del sudario con el torso y las piernas, y fundamentalmente en la espalda. En las heridas de la espalda, se ha podido usar la técnica de aplicar pergamino en los bordes, para crear el efecto de piel desgarrada, técnica usada en el XVIII dentro del amplio abanico de postizos.

La roca que sirve de apoyo, construida como una plataforma cuadrada sobre la que se alza un volumen en forma de paralelepípedo que sirve de asiento, está tallada a base de grandes gubiazos, con planos muy marcados y volúmenes grandes.La obra, tiene además la singularidad de ser una imagen muy venerada en su ámbito geográfico, como es Sevilla y más concretamente el barrio de Triana, siendo tan singular, que es conocido popularmente como “el Miarma”. Esto nos da una idea de la dimensión de la obra como parte del patrimonio etnológico de una sociedad.

La intervención llevada a cabo incide de manera muy positiva sobre estos valores, ya que permite la recuperación de una correcta contemplación estética, la cual dota de una adecuada lectura tanto artística como devocional de la obra, a la vez que garantiza un óptimo estado de conservación de cara a la transmisión de estos valores intangibles a generaciones futuras.

Asimismo, la Imagen estrenará un clámide realizada por la hermandad de la corporación trianera doña María Dolores Romero Geva.

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