La Archicofradía del Amor encargará al Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico la redacción de un proyecto de conservación de la imagen del Santísimo Cristo del Amor
En el cabildo de oficiales de la Archicofradía, celebrado hoy, se ha acordado el depósito temporal de la imagen en las instalaciones del IAPH, para la realización de las pruebas y estudios técnicos que son necesarios para obtener un conocimiento científico profundo de la imagen, a efectos de redacción del citado proyecto.
Dicho acuerdo cuenta con la preceptiva autorización del Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla.
Hay que apuntar que la imagen, incluida en el Inventario de Bienes Muebles de la Iglesia Católica, e inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, exige para la realización de cualquier tratamiento de conservación, la elaboración de un proyecto de conservación con arreglo a lo previsto en el art. 22 de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía. Igualmente, y de acuerdo con el punto 3 del artículo 45 de la citada Ley, se ha procedido a notificar dicho traslado a la delegación territorial de cultura en Sevilla de la Junta de Andalucía.
El Santísimo Cristo del Amor de Sevilla es una escultura procesional, titular de la Hermandad de El Amor de esta ciudad.En ésta una excepcional talla creada íntegramente por Juan de Mesa entre los años 1618 y 1620. Constituye el primero de una serie de Crucificados, once en total, que este célebre escultor realiza entre los años 1615 y 1627.
Para esta imagen, en su escritura de concierto de fecha 13 de mayo de 1618, Mesa expresa su intención de realizarla íntegramente de forma personal, sin mediar colaboración alguna. La talla la contrató junto con la hechura de una Dolorosa, quedando constancia de que ambas imágenes fueron recibidas por la Hermandad el día 4 de junio de 1620 y que el coste de ambas fue de mil reales.Se trata de una magnífica escultura que representa a Cristo crucificado muerto, realizada en madera de cedro «de dos baras ante más que menos, medido desde el calcañal del pie hasta la punta del cabello», según reza en la escritura de contrato.
En su realización Mesa tendría presente el célebre Cristo de la Clemencia que Montañés tallara años antes para el arcediano Vázquez de Leca. No obstante se evidencia en esta obra una serie de avances técnicos y estilísticos propios del momento, representando a un Cristo que se fija en el madero con solo tres clavos, en lugar de cuatro, quedando la figura por tanto inscrita en un perfecto triángulo.
Es muy realista la imagen representada, donde destaca lo cuidado de su dibujo y el perfecto modelado. El rostro está tallado en un prodigio de expresividad y composición, combinando con maestría los rasgos realistas de un estudio anatómico sobre cadáveres con la serenidad que suaviza el final del martirio. La corona de espinas se talla directamente sobre la cabeza, como será ya habitual en Mesa, advirtiéndose su virtuosismo en el manejo de la gubia retallando sus vueltas hasta lugares imposibles. También en el plegado sudario, que se ata en las dos caderas con abultados nudos laterales, se aprecia la minuciosidad de esta talla.
La policromía realizada sobre esta imagen acentúa su expresividad, si bien quedó algo rebajada en la restauración realizada en el año 1900. Además de la citada intervención de 1900, donde se retocó la policromía, en 1981 José Luis Rivero-Carrera resanó y reforzó los ensambles y el elemento posterior de sujeción a la cruz.





