El decálogo de virtudes que debe tener un capataz, según Juan Berrocal

“Sé tú mismo, con tus defectos y virtudes. De esa manera te aceptaran o no, pero la superficialidad no trae más que engaños”

La figura de Juan Berrocal creció y se agigantó entre las décadas de los 90 y los 2000 para convertirlo en una de las referencias -tal vez la que más- del mundo de los capataces cordobeses.

Tanto fue así que, tras prácticamente retirarse de los martillos, su leyenda -el mito- creció de forma exponencial. Si bien, convertirse en un icono no fue casualidad o nostalgia, sino el fruto de un trabajo magistral, que tuvo su correlato exacto en el misterio de Humildad y Paciencia, aunque su buen hacer se vio reflejado en los numerosos pasos que mandó.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, Berrocal ve prolongado su legado en la figura de su hijo Juan Luis. En una entrevista concedida a este medio, Berrocal confiesa que le ha dado “muchos consejos” a su vástago, que en su momento fue capataz del Buen Fin y ahora es el responsable de los pasos de la Hermandad del Resucitado.

El decálogo 

Para Berrocal, entre las virtudes que debe poseer un buen capataz destaca, en primer lugar, que “un capataz que se precie tiene que tener carisma, personalidad y humildad”. En este sentido, la segunda de las cualidades está relacionada, ya que “no tiene que ser autoritario, la autoridad te la dan los propios costaleros”. Y de ahí viene la tercera, ya que “ellos, además, se tienen que preparar físicamente pero mentalmente es parte de tu labor”. 

La cuarta de las condiciones radica en una máxima sencilla: “respeta y serás respetado”. Para lo que llega la quinta, que consiste en administrar “bien las fuerzas de la cuadrilla”.

La sexta condición estriba en dejar que “expresen sus sentimientos y vivencias”. La séptima, “infunde amor, fraternidad, amistad”. La octava, “toca las veces que sean necesarias elementos de las parihuelas, porque es fundamental que el costalero se sienta cómodo para hacer un buen uso de esas herramientas”. 

La novena no es menos importante que las anteriores, debido a que, para Berrocal, “donde te llamen para trabajar respeta la devoción y con más razón siendo tú el nuevo”. Y, la décima, “lo más importante: sé tú mismo, con tus defectos y virtudes. De esa manera te aceptaran o no, pero la superficialidad no trae más que engaños”.