Hay una expresión que cualquier cofrade de bien, o del siglo XXI, repite como un mantra o, en este caso, como una buena letanía capaz de curar hasta los dolores de huesos: “somos Iglesia”.
Podría servir como lema para la campaña de la Renta y poner la x en la casilla eclesial. Además, la expresión es socorrida cuando o hay que salir del paso o, directamente, no se sabe que decir. El “somos Iglesia” es el ungüento del cofrade, la aspirina del capillita, la mercromina de cualquier aspirante a hermano mayor.
La expresión solo tiene una contraindicación y esa no es otra que, llegado el momento, la Iglesia te recuerda que eres parte de ella y el asunto comienza, no a complicarse, sino a revelar su verdadero cariz.
El penúltimo ejemplo de ello se ha visto en Jerez, donde el obispo ha llamado a capítulo al presidente de la Unión y a los hermanos mayores afectados por la polémica del Lunes Santo. Pero no ha quedado ahí, como son Iglesia (que suena, por cierto, como una frase en catalán) el prelado ha escrito una carta a los afectados, que guardaba un detalle minúsculo, que la ha publicado en la web de su diócesis para que todos gocen del escarnio (eso sí, con palabras sentidas, como el filo de la navaja que te va dejando marca y abriendo la herida pretendida).
Es curioso que en esa carta episcopal se diga lo siguiente: “algunos medios de comunicación (redes, blogs, canales digitales, etc.), a la vez que prestan un servicio positivo imprescindible para la buena relación entre las Hermandades y la sociedad, se convierten a veces en altavoces de un enfrentamiento despiadado, agrandando problemas que deberían solucionarse en el ámbito discreto del diálogo personal y provocando daños a la buena fama de las personas”.
Curioso, porque José Rico Pavés, a la sazón obispo de Jerez-Asidonia, hace lo mismo, de altavoz de sus propias reuniones reeducadoras. Y como el empeño fracasó, parece que el pastor optó por utilizar, de forma indirecta, esos altavoces de un enfrentamiento despiadado. Aunque por más eco que se le dé, si el obispo, el presidente del Consejo y los hermanos mayores repiten mil veces el “somos Iglesia”, todo arreglado.





