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El día que Juan Pablo II se postró ante la Blanca Paloma en su Santuario

La Visita del Papa Juan Pablo II a la Ermita del Rocío en los años 90, aglutino a miles y miles de peregrinos de todas las Hermandades y devotos de la Virgen del Rocío, Patrona de Almonte

El Papa polaco visitaba la ermita de la Virgen del Rocío el 14 de junio de 1993, llegando sobre las 19:00 horas de la tarde, una gran multitud de personas le esperaban en la puerta para su recibimiento, pesé al calor que hacía en ese día, miles y miles de rocieros no quisieron perderse este momento histórico.

Los balcones de las casas del Rocío estaban engalanados para la visita del pontífice y las calles con pancartas y banderas pontificias del Vaticano que ondeaban por toda la aldea, en la que no faltaron las sevillanas, los sones del tamboril, las palmas y los vivas para amenizar la espera, que más tarde algunas Hermandades filiales sacaron sevillanas dedicadas al Santo Padre tras su visita.

Tras su aterrizaje en helicóptero en la aldea fue recibido en la puerta del Santuario por su capellán, por el obispo de la Archidiócesis, por el Alcalde de Almonte y por el Presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, que por aquel entonces sería D. Ángel Díaz Laserna.

Concretamente, su Santidad el Papa Juan Pablo II pisó la aldea rociera bajando las escalerillas de helicóptero cuando el reloj marcaban las 18:52 horas de la tarde.

Tras bajar del coche oficial, repicaron todas las campanas y el pueblo aplaudía aclamando su nombre; todos los medios de comunicación no querían dejar escapar esta histórica estampa, además de retransmitirse por la cadena nacional “Televisión Española” (tve).

Al entrar en la Ermita, Juan Pablo II pudo ver todos los simpecados de las Hermandades filiales, desde la más joven en ese momento hasta las más antigua como es la de Villamanrique de la Condesa encontrándose la más cercana al altar. En cuanto llegó al Altar su Santidad lo primero que hizo fue arrodillarse ante los pies de la Virgen del Rocío, la Blanca Paloma; este quedó impresionado y emocionado al venerar la belleza de la Virgen.

Tras los momentos de oración de Juan Pablo II ante la virgen en el que la multitud de personas que se encontraban presentes guardaron un respetuoso silencio, El Papa bendijo todos los simpecados que se encontraban alineados en las paredes del interior del Santuario.

Tras ello, salió al balcón para saludar y dar la bendición a todos los rocieros congregados en el santuario, el mayor centro de devoción mariana en Andalucía, posteriormente se dirigió a todos los presentes finalizando sus palabras rezando el Ave María y con el canto de la Salve Rociera por la Coral Polifónica de Isla Cristina y la Banda Municipal de Huelva dirigidas por Vicente Sanchis, Concluyo el acto con la famosa frase:  << ¡Que todo el Mundo sea Rociero! >>.

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