Desde luego esta historia podría ser de novela, de revanchas y aparentes venganzas, incluso de abuso de poder por parte de algún que otro… bueno, un sacerdote que llegó por la feligresía de San Antonio dando la vara. El próximo 16 de noviembre se cumplirán 28 años de la puesta en cultos del Señor del Silencio ante el Desprecio de Herodes, una devoción que empezó en la Tacita para acabar paseando por las calles de Córdoba a donde llegó un 25 de septiembre. ¡Un lío vamos¡
Aquí en Cádiz quedará por siempre el recuerdo de ver pasar al Señor por el entorno de San Antonio en plenos años 80, en una época digamos que, cofrademente malaje, que nos dejó huérfanos de lo que podría haber llegado a ser una futura cofradía de penitencia. Para Cádiz, el final de esta historia diríamos que fue un tanto agridulce.
En la década de los 80, un grupo de gaditanos se organizaron mediante una Junta Pro-cultos en la Parroquia de San Lorenzo. El objetivo de estos era crear una nueva hermandad de penitencia para la nómina de la Semana Santa, adoptando para su titular la advocación de Jesús del Silencio ante la humillación del Rey Herodes, para lo cual iba a ser necesaria una imagen.
Contactaron con el imaginero Ortega Bru para que fuese él quien diera forma al que acabaría convirtiéndose en toda una devoción. Una vez entregada la obra, comienza a haber numerosas visitas en la casa de hermandad que se establece en la calle Benjumeda para poder ver al Señor.
Llega a tanto, que el entonces párroco de la céntrica Iglesia de San Antonio, les ofrece la posibilidad de hacerle un hueco a dicha imagen en la parroquia, siendo entonces cuando se comienzan a movilizar los trámites para la creación de una cofradía de penitencia. Una vez llegado el permiso pertinente, la imagen es bendecida y trasladada a San Antonio y celebrando los Viernes de Dolores un multitudinario Vía Crucis por las calles de la feligresía, convirtiéndose en una fecha señalada para los devotos y cofrades gaditanos.
Hasta aquí, genial, sin duda todo toma buen rumbo, pero las mareas pueden cambiar y en este caso se trató de una tempestad que revolvió demasiado las aguas. En 1987 sucede un vuelco y llega quien no debería ser protagonista de esta historia. La Parroquia vive un cambio de párroco y toma el puesto el padre Enrique Arroyos, precisamente quien bautizaría al menda que escribe este artículo y a gran parte de su familia.
Respetable son las decisiones de cada uno mientras éstas sean respetuosas con la vida de los demás y con ciertos valores establecidos, en este caso cristianos. No siempre los curas, por el hecho de serlo, quiere decir que sean cofrades. Ojalá, todo sería más fácil. Concretamente este señor o no lo era o lo disimiló de categoría.
Se detuvo la entonces reorganización de la hermandad de gloria de la Virgen del Patrocinio, la cual sería el germen de la posible nueva hermandad y, a continuación de esto, el párroco EXIGIÓ a los devotos del Silencio donar la imagen a la parroquia. Mientras, desde los altos cargos de la iglesia gaditana, se fueron tomando una serie de medidas respecto a los hechos acontecidos.
Por parte del entonces Obispo de Cádiz, Monseñor Dorado Soto, mediante decreto, se establece que quedan terminantemente prohibidos los Vía Crucis públicos a no ser que se tratase de imágenes crucificadas. Evidentemente es pura coincidencia que esto afectase a los devotos del Silencio, na. Por si no pillaban la indirecta, a este nuevo decreto se le añadió otro que prohibía la fundación de nuevas hermandades. Nuevamente, casualidad divina.
Enrique Arroyo, al ver que no cedían desde la Junta Pro-cultos para “donar” la imagen del Señor a la parroquia, lanza una última amenaza. Esta básicamente consistía en que, si la imagen no era cedida a San Antonio, esta sería retirada del culto y expulsada de la iglesia. Tal cual.
En mitad de este intenso católico marujeo, aparece el hoy difunto, Fray Ricardo de Córdoba, recientemente fallecido, que por aquellas fechas se encontraba predicando los cultos de la Orden Servita de Cádiz. Él, al conocer la situación en la que se encontraba la imagen sagrada, se puso en contacto con el párroco de San Antonio para manifestarle su interés por ésta. Claro, Arroyo vio el cielo más que abierto ante esta llamada y se produjo lo que algunos creían imposible. Podemos decir literalmente que echó a Jesús de la que es su casa.
La cordobesa Hermandad del Amor se puso en contacto con la Junta Pro-cultos del Señor del Desprecio. Allá por 1991 se llega a un acuerdo y desgraciadamente la imagen deja la ciudad de Cádiz para siempre, estableciéndose en la Parroquia de Jesús Divino Obrero, para formar parte de una gran hermandad de la nómina de la Semana Santa de Córdoba.
Como decía, para Cádiz esta historia tiene un final agridulce, porque aun viendo desaparecida la que era una auténtica devoción, por el ansia, empecinamiento y grandísima colaboración de un párroco que miraba muchísimo por su parroquia y feligreses, hoy, podemos decir llenos de alegría que el Señor tiene una casa, un barrio que le quiere, un grupo humano que le cuida con el mismo mimo con el que lo cuidábamos aquí y sobre todo, se encuentra envuelto en amor, como el nombre de su hermandad indica.
Precisamente este 25 de septiembre, fecha en la que se cumplían años de la llegada del Señor a Córdoba, pudimos observar un emotivo detalle a los pies del altar mayor de San Antonio ante los ojos de Jesús atado a la columna y la Virgen de las Lágrimas. Un pequeño altar compuesto por dos velas y un cuadro del Señor del Desprecio recordaba su presencia en el mismo lugar del que desaparecía exactamente ese mismo día. Un precioso detalle por parte de la parroquia.
Las cosas del destino quisieron que tu nombre fuera silencio, a tí al que quisieron callar y apartar, siendo nunca mejor dicho, despreciado, pero hoy, ese silencio se hizo júbilo y el desprecio se hizo cariño de una ciudad califal que desde hace 28 años tiene un pellizco a sal marinera que la Tacita que le quiso regalar.
¡Viva Jesús del Silencio!
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