La Banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas de Córdoba, que viene mostrando un excelente nivel durante los últimos años, ya ha encontrado un nuevo contrato de cara al Jueves Santo de 2020, después de que las últimas cuatro Semanas Santas acompañara a las Angustias de Córdoba en la mencionada jornada.
La Hermandad de la Vera-Cruz de Benacazón ha depositado su confianza en la brillante música de la formación musical cordobesa para que acompañe al crucificado, conocido popularmente como el Cristo de las Enagüillas, el próximo Jueves Santo, por lo que la banda estará presente, así, en la provincia sevillana en la Semana Santa de 2020.
El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, devoción incuestionable de todo el pueblo de Benacazón, es una imagen procesional de tamaño natural que data de mediados del siglo XVI. De autor anónimo, se cree que podría estar cercano al círculo de Gaspar del Águila -autor castellano que trabajó en Sevilla por aquella época.- Es una imagen de estilo renacentista que conserva reminiscencias góticas, visibles en su pelo natural y en la enagüilla, faldellín o columbario. Está realizado a base de telas de lino encoladas sobre un soporte de madera, lo cual aligera su peso. Para la prestigiosa historiadora Doña Silvia María Pérez González, esto último evidencia que un sacerdote pudiera portarlo para las procesiones en tiempos pretéritos. La cara -según varios expertos- podría ser la mascarilla de un cadáver hecha de pasta de madera. Pertenece a la escuela castellana y principios de la sevillana. Llama la atención el tremendo realismo de la imagen y la abundancia de sangre, propio de la escuela a la que pertenece. Cabe resaltar también el anglotamiento de las manos, los pies y la nariz, rasgos de un hombre que muere desangrado.
La talla ha evolucionado y cambiado desde sus comienzos; en ocasiones se han cambiado totalmente varios aspectos de la talla, como el pelo o el sudario, e incluso se ha cambiado también el aspecto de la cruz. De este modo, se sabe que la talla (del siglo XVI) era en un principio concebida para estar en la pared, no para salir en procesión; aspecto que se puede observar sobre todo en la espalda. Tras varias restauraciones, la talla se hizo más «apta» para procesionar. En el Hospital de Sangre de la Vera+Cruz se hizo un retablo a su medida. El rostro -como se dijo antes- era una mascarilla, completada por detrás y tapada con la peluca, que podía llegar hasta las rodillas. Desde principios del siglo XX, la talla presentará un aspecto totalmente diferente al anteriormente descrito: el pelo ahora tendrá tirabuzones, de la cruz colgará un velo, y la cruz estará adornada con rosas. El color de la imagen era algo más oscuro que el que presenta en la actualidad, y el pelo estaba pintado de negro sobre la cabeza, sin tallar. En los años 60, la cruz dejó de llevar el velo. Este aspecto es el que presentaría hasta 1.973, año en el que la talla aparece como está actualmente, con la diferencia de que entonces tenía los pies huecos por detrás y no tenía orejas. Eslava Rubio lo restauró en ese mismo año y lo fijó a la cruz. Tras esta restauración, el Cristo procesiona con enagüillas, con peluca pero sin tirabuzones, dejando el pelo tallado bajo ésta. Y otro aspecto que también cambia, esta vez con respecto a la cruz, es que desaparece el rosal. Al restaurar la imagen surgió un problema, y es que las enagüillas no le quedaron bien ya que el sudario que estaba tallado se hizo más ancho. Además, la talla fue pintada más oscura para emparejar el color tras las restauraciones realizadas. Así pues, estaba con peluca, moreno y con sudario.
La última (y más importante) restauración que se ha realizado a la talla fue en 1.996 por Juan Abad Gutiérrez y Silvia Patricia Martínez García-Otero, y pretendía devolver a la imagen su consistencia material y su misma apariencia; es decir, pretendía eliminar todos los elementos no consustanciales al Cristo de la Vera+Cruz y aquellos enmascaramientos ajenos a la obra que imposibilitaban o desvirtuaban su interpretación como documento histórico. Esta restauración tenía como fin devolver a la talla su verdadera imagen, la original (años 60). El aspecto que presentaba la imagen tras la restauración de 1.973 era de un color pardo-verdoso que ocultaba los rasgos característicos del Cristo de la Vera+Cruz, aplanaba sus volúmenes y empequeñecía su tamaño. La restauración de 1.996 logró devolver a la talla el 96% de su imagen original





