Me encuentro asombrado, la verdad es que si, al haber leído la última entrevista que un pintor sevillano ha concedido a un blog presuntamente especializado en arte. Un blog cuyos responsables se mantienen en un inquietante anonimato que hace sospechar que todo lo que en él se publica está manchado por determinadas intenciones ocultas, acaso orquestadas por un grupo perfectamente definido de la producción artística contemporánea hispalense, protegido por el mecenas de las ondas que lleva años enchufando a amigos, que todos saben quién es y cuyas prácticas muy pocos se atreven a denunciar en público. Sólo hay que ver quienes retuitean determinadas cosas y de quién son amigos para llegar a determinadas conclusiones que probablemente no vayan muy desencaminadas.
He de decir que este tipo de personas, hablo del pintor, prolifera con demasiada asiduidad en la sociedad que nos ha tocado vivir. En todas partes están los llamados «enfants terribles». Por ejemplo, en el Congreso de los Diputados, la casa de la soberanía popular de nuestro país, tenemos que aguantar, día sí, día también, las rabietas protagonizadas por Gabriel Rufián; o en las artes escénicas (es un decir) las de Willy Toledo. Y es por eso, que en algo como la pintura actual no es de extrañar que, gracias a ciertos comentarios, me van a permitir que bautice de esta forma a Daniel Franca.
Les anticipo que pecaré de soberbio por juzgar, como voy a hacer, la obra artística de este pintor sevillano sin ser historiador de arte o artista, pero dado que el arte es universal y se hace para el mundo y no para unos pocos, por mucho que algunos no alcancen a comprender esta máxima universal, hablaré lo más objetivamente posible de quien se permite criticar a los que aceptan ser cartelistas de la Semana Santa de Sevilla por «cuatro croquetas del Mercantil» tras haber sido cartelista de las Glorias de la ciudad. Subrayo: de quien se permite criticar a compañeros que aceptan ser cartelistas de la Semana Santa de Sevilla por «cuatro croquetas del Mercantil» tras haber sido cartelista de las Glorias de la ciudad». ¿Cobran los cartelistas de las Glorias de la ciudad? ¿Comen croquetas?
Con total sinceridad les diré que soy de los que opina que la genialidad es innata, y no hay que negar la genialidad en la obra de Daniel Franca. La pintura de su estilo, me hace recordar a los trazos usados por Sorolla en sus cuadros, en los que los trazos desdibujan sutilmente el contenido como si fuera a través de un cristal, pero con una luz – o mejor dicho, ausencia de ésta – que Murillo o Velázquez emplearan siglos atrás. Ilustres sevillanos que llegaron con su obra a la cumbre pictórica hispánica. El arte sacro ha conocido bajo su técnica un concepto de «realismo simbólico» pero que, por desgracia, no cumple el mensaje que un cartel debe tener, que es llegar al común de los mortales a través de sus obras con un mensaje nítido.
Claro que son obras de arte, claro que es indudable la calidad de esas obras, pero quién del común de los mortales que forman parte del mundo cofradiero reconoce la corona de la Virgen del Rosario de Humeros si no fuera por la leyenda de su nombre, o por los detalles que reconocen Ronda en ese cartel de la Semana Santa de la maravillosa ciudad malagueña, o cuando capturó en un magnífico cuadro el Altar de la Virgen de la Antigua para ilustrar el cartel de Glorias de la capital sevillana.
No, no voy a negar que sea un grandísimo pintor, porque a fe que lo es, pero lamentablemente ciertas actitudes y comentarios hacen que la calidad artística no sea lo más notable cuando uno busca artículos por él protagonizados y sí determinadas declaraciones. Las típicas de alguien que parece reclamar atención para recuperar un sitio que tal vez todavía no ha logrado alcanzar, una especie de rebelde de la pintura que necesita un hueco que, si bien por desgracia quizás no le han dado, con declaraciones como las reiteradas en su última entrevista, menos en consideración le tendrán en las ternas de búsqueda de cartelista de la Semana Santa de Sevilla cuya realización, aunque intente negarlo, no dudaría en aceptar pese a no ser remunerado, pasando a formar parte de ese grupo de pintores croqueteros a los que solo faltó llamar mercenarios.
Declaraciones que hacen que el personaje termine engullendo al artista y condenando al ostracismo su magnífica pintura, tristemente oculta tras declaraciones fuera de tono más propias de un personajillo de Sálvame de Luxe que de un artista. Es como negar que Willy Toledo pudo ser algún día un buen actor, como mínimo aceptable, pero ¿quién se acuerda de ello, a estas alturas, frente a sus recurrentes ladridos? O imaginar que Gabriel Rufián pudo ser algún día un excelente… bueno quizá este individuo no sirva como ejemplo de alguien con ciertas cualidades. Y es dramático porque estamos ante un fantástico pintor. Les recomiendo buscar su obra y podrán comprobarlo. Un excelente artista que no debería necesitar determinadas declaraciones para estar en la palestra y que si las necesita, debería analizar por qué las necesita en lugar de hablar de croquetas.
¿Saben ustedes lo que cobran los enormes artistas que año tras año realizan el cartel de Semana Santa de la Hermandad de la Macarena? ¿Hablamos de sus condiciones, su curriculum o su obra? Busquen por curiosidad, si es que no lo saben, quienes son los últimos elegidos por la hermandad del Arco y preguntense si el hecho de cobrar por realizar un cartel, el de la Macarena, el de Semana Santa o el de las Glorias (repito, el de las Glorias), minimiza en modo alguno la capacidad artística de quien lo concibe o realiza. Y si después de hacerlo llegan a la conclusión de que hay que seguir hablando de croquetas pues que les aproveche, a mí particularmente me encantan… ¿qué quieren que les diga?





