Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

El exilio de los titulares del Silencio en la Anunciación

En 1963 la cofradía de la Madrugada salió desde la sede canónica del Valle

Quedaban pocos días para el inicio de la primavera. La ciudad preñada de naranjos a punto de estallar esperaba otra Semana Santa. Túnicas en los altillos y capirotes dormitando en los arrabales de la Cuaresma. Marzo alcanzaba el ecuador asistiendo al traslado del Nazareno del Silencio y la Virgen de la Concepción. El 14 de marzo, en torno a la medianoche, abandonaban en andas San Antonio Abad buscando cobijo en la cercana iglesia de la Anunciación.

El mal estado que presentaba la techumbre del templo bastó para que las puertas cerrasen a cal y canto. Se abría un nuevo capítulo en la prolongada vida de la corporación, que en su traslado fue acompañada por los hermanos mayores de las distintas cofradías que acuden al templo metropolitano durante la jornada de la Madrugada.

A los titulares no les dio la luz del sol. Sucedió igual que cuando la cruz de guía recibe saetas en la noche más esperada del año. En su nueva casa quedaron expuestos a ambos lados del altar mayor. Allí radicaba la corporación de los Estudiantes, que abandonaría definitivamente la iglesia cuando en 1966 concluyesen las obras de ampliación y acondicionamiento realizadas en la capilla que desde entonces las acoge.

Días antes de la salida procesional los pasos amanecieron montados con la particularidad de que el palio fue desprovisto de parte de su crestería, debido a que presentaba problemas con la puerta de salida. Inspirada en la catedral de San Marcos de Venecia y obra de Cayetano González en 1930, una de las piezas más características del palio se quedaba sin asomar a las calles de la ciudad.

El Silencio regresaría a San Antonio Abad el 6 de marzo del año siguiente. A las once de la noche según recogen las crónicas, recorrieron los aproximadamente 350 metros que separan ambas iglesias portando las parihuelas a la salida hermanos de la hermandad de los Estudiantes, a quienes les quedaban dos años más para marcharse a su capilla. A su llegada, se rezaron las letanías lauretanas y fue cantada la salve.

El Nazareno ocupó el altar mayor, que presentaba un nuevo respaldo dorado con oro metal, obra de Luis Jiménez Espinosa. La dolorosa presidió la restaurada capilla adjunta, donde también se habían acometido diversas reformas. Dos años más tarde, en 1966, el día de San José fue el elegido para reabrir al culto, celebrando solemne función religiosa y cantándose el Te Deum.

La crestería del palio del Silencio

En su parte superior arcos de medio punto representan toda una lección catequética. Relieves sobredorados con escenas de la vida de la Virgen, donde esta aparece con una corona de cristal de bohemia en color verde. En el frontal y en la trasera tres arcos, el central trilobulado, correspondiendo a escenas del Nacimiento, la Inmaculada Concepción y la Infancia. En los laterales, cinco, correspondiendo a cada entrevaral las escenas de la Crucifixión, el Descendimiento, la Piedad, el Tránsito de la Virgen y la coronación como reina de todo lo creado. Entre los arcos, jarras con azucenas que pasan desapercibidas ante las escenas representadas pero que son otra notable obra maestra de la orfebrería.

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