Verde Esperanza, ⭐ Portada, 💙 Opinión

Recuerde: la culpa de la cuarta ola será de los cofrades

Desde que hace poco más de un año se nos parara la vida tal y como la conocíamos, el devenir habitual de las hermandades se ha visto, como no podía ser de otra manera, seriamente afectado. La nulidad de cualquier tipo de culto externo, salvo un par de excepciones muy concretas y controladas, así como la limitación del culto interno siguiendo estrictamente las recomendaciones sanitarias, ha sido una constante.

La relajación de las medidas establecidas por las autoridades sanitarias a nivel andaluz -y español-, debido a la mejora momentánea desde febrero de las cifras de contagiados y fallecidos y, en definitiva, de la situación pandémica, ha llevado a que las hermandades hayan podido tener un mínimo de actividad esta cuaresma y Semana Santa. Iglesias abiertas en los días clave, exposiciones, conciertos, pregones, cultos varios, veneraciones… han sido algunas de los actos que han tenido y tendrán lugar, siempre con fuertes medidas en lo que se refiere a higiene, mascarillas, distancia social o límite de aforo.

Sin embargo, recuerde: si hay cuarta ola, que la habrá, la culpa será de los cofrades. Y digo que la habrá no por ser pesimista, sino por la propia experiencia de las cifras que empiezan a florecer de contagios debido a la relajación de las medidas, algo que ya ha sucedido en otras ocasiones y ha terminado del modo en que conocemos, con un repunte severo.

Pero decía que la culpa será de los cofrades, porque somos el blanco fácil y un colectivo que, además, nunca rechista ni responde a los ataques. Poco importa que vengan turistas de cualquier lugar a hacer de todo y saltarse a la torera las medidas sanitarias que pudiera haber tanto en su país -de hecho, por eso huyen de ellos-, como en el nuestro. En nada influyen los bares repletos de gente sin mascarillas o las avenidas plagadas de público ávido de calle que aprovecha la más mínima para saltarse las normas. Si es que queda aún alguien a quien a estas alturas de la pandemia le importen las normas. O los conciertos multitudinarios, o las manifestaciones políticas de turno que se le ocurra al más iluminado de turno. O los recibimientos a equipos de fútbol, o las votaciones. No, nada de eso cuenta.

Lo importante, recuerde, es que los cofrades han jugado a los pasitos dentro de sus iglesias. Que ha habido colas para acceder a los templos y algún concierto. Ya he empezado a leer comentarios que apuntan en esa dirección, pero, acuérdese, el grosor estas opiniones irá creciendo conforme vaya creciendo la mencionada cuarta ola. ¿Que quizá hayan existido excesos puntuales y, evidentemente, comportamientos individuales de cofrades que se alejan de lo mínimamente decoroso y racional? Sin duda, y hemos presenciado algún exceso fácilmente evitable, pero es un porcentaje ínfimo del total y prácticamente imposible que no existiera.

Ojalá me equivoque, pero conociendo al personal, teniendo en cuenta la docilidad de los cofrades, la mansedumbre de los medios de comunicación a según qué poderes y opiniones ideológicas, quedan a disposición del chef todos los ingredientes perfectamente preparados para meter en el horno de la cuarta ola de la pandemia. Y el pastel ya estoy diciendo de antemano a lo que huele...

Así que permítame que en esta ocasión ponga el parche antes de la herida. Repito, ojalá no acierte, especialmente en la parte de la venida de la cuarta ola, pero no tiene visos de ello. Que nadie olvide que los cofrades somos prácticamente el único sector social que ha cortado de raíz una parte fundamental de su ser, la del culto externo y la protestación pública de fe, sin rechistar, sin levantar la voz y sin que ninguna cofradía de ningún sitio se salte a la torera las medidas impuestas, algo que yo hubiera apostado si me hubieran planteado una situación así. Que llevamos encerrando nuestra fe prácticamente para nosotros mismos desde hace demasiado tiempo, mientras que otros colectivos gozan de cierta normalidad. Conformándonos con las vías telemáticas para estar en «contacto» con nuestras hermandades y nuestros titulares en muchos casos. El ejercicio de responsabilidad que han hecho las cofradías, más allá de la aceptación a rajatabla de las recomendaciones sanitarias, con la incuestionable labor social arrimando el hombro para los más necesitados, más que ningún partido político, repito, ninguno, es algo que sigue sin reconocerse en su justa medida.

Por eso, antes de que suceda lo que preveo que pasará, que nadie cuente conmigo, si todo sigue como hasta ahora, para poner en la diana a los cofrades ni a las hermandades. Su comportamiento desde que sucedió esta tragedia ha sido ejemplar e intachable, de comienzo a fin. La culpa será de quien corresponda, pero me niego a señalar a los cofrades, que solo han tratado de buscar soluciones aunque implicaran incluso el propio perjuicio. Las hermandades, en esta ocasión, han sido verdadero ejemplo de amor al prójimo.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup