Uno es uno de los compositores del momento, el otro uno de los más grandes. Su historia confluyó en una intensa amistad que les llevó, como ha adelantado La Pasión, a componer una pieza inédita.
Se trata del tristemente desaparecido Pascual González y de David Hurtado. Este último, como recoge La Pasión, ha revelado que se trata de “una obra sinfónica dedicada a Jesús del Gran Poder que nació el mismo día en la que el Señor de Sevilla volvía a su Basílica tras cerrar el Año de la Misericordia, en 2016”.
La historia
De nuevo, el Señor es el gran protagonista no solo de una amistad, sino de tener la capacidad de inspirar a los grandes. Y es que, como relata el propio Hurtado en su cuenta en l red social X “voy a contaros una de esas historias que guardo en uno de los cajones predilectos de mi corazón.
El 5 de Noviembre de 2016 el Señor del Gran Poder volvía a su Basílica tras haber protagonizado una salida extraordinaria con motivo del año de la Misericordia”.
“Sin embargo yo no acudí a verlo, seguro de contar con su dispensa, ya que iba a visitar a un buen amigo que acababa de regresar del mismo infierno al que la vida a veces te arroja inmisericordemente. Ese día fui a visitar a Pascual González, quién había regresado del hospital, después de haberse dejado allí, literalmente, su segundo bien más preciado: su voz. Había sido sometido a una intervención quirúrgica en la que le habían extirpado la laringe (que crueldades idea la vida; dejar sin voz al CANTOR DE HISPALIS). Aún no tenía su prótesis, por lo que se comunicaba a través de un cuaderno en el que escribía apresuradamente lo que quería decir. Después de contarnos más penas que alegrías y comernos una ración de menudo en Casa Pedro, le dije que aquel día yo no había ido a ver al Señor porque le había pedido permiso para verlo a él. Le dije también, así sin anestesia, que estaba componiendo una obra sinfónico coral al Gran Poder, inspirada en el propio periplo vital suyo (de Pascual), ya que estaba transitando su personal Vía Crucis, y que él debía ponerle texto a aquella música. Se echó a llorar y nos fundimos en un abrazo. A los pocos días me envió la letra, hermosa, chispeante y con una profundidad nueva en él, propia de alguien que ha regresado victorioso, pero tocado, de una experiencia extrema. Era un texto magnífico que se ajustaba como un guante a mi música. Volvimos a vernos para escuchar el resultado final y me confesó que era su deseo que esa obra fuera a partir de entonces el epílogo de su magno espectáculo «Cristo: Pasión y Esperanza». Aquello me colmó de satisfacción, no ya por los éxitos artísticos que pudiera proporcionarme, sino por haber unido mi nombre para posteridad al de alguien a quien tanto quería y admiraba. Todo era vino y rosas. Pero «entonces llegaron ellos», como dice la canción de Serrat, y el 14 de Marzo de 2020, fecha en la que la obra iba a ser grabada, se declaró el estado de alarma y todo se fue al garete. La obra se metió en un cajón, a la espera de un momento que nunca llegaba, y así, pasando el tiempo, Pascual nos dejó en febrero de 2022. Cosas de la vida. Y en ese cajón sigue, del que no se si alguna vez saldrá. Ahora tendría que ser para una ocasión muy especial, porque no quiero estrenar la obra de la cual mi amigo es coautor de cualquier forma, y menos estando dedicada a quien lo está. No sé si alguna vez verá la luz, pero puedo aseguraros que tanto Pascual como yo volcamos, por diversos motivos, todo lo que teníamos en las alforjas. Él, la inmensa gratitud hacia el Señor por haberlo hecho regresar de las tinieblas, y yo, al menos la misma por regresarme a un amigo al que tanto quería. Dejemos que sea Él quien decida.»In manu ejus potestas et imperium» y, modestamente, el destino de esta obra”.





