En la celebración de la Santa Misa de las 20:00 horas, presidida por Marcelino Manzano, Delegado de Hermandades y Cofradías de Sevilla, se llevó a cabo la lectura solemne del decreto oficial de fusión que une al Grupo de Fieles de Nuestra Señora de la Paz, Reina de la Familia, con la Agrupación del Santísimo Cristo de los Desamparados del Santo Ángel, un acto que marca un momento de trascendencia histórica y devocional dentro del entramado cofrade sevillano.
Tras varios meses de reuniones y diálogo institucional, el Arzobispado de Sevilla otorgó la aprobación definitiva, sellando la unión de estas dos entidades que, hasta ahora, habían recorrido caminos paralelos en la vida religiosa y comunitaria de la ciudad. Durante la ceremonia, la Imagen titular, obra de Dubé de Luque en 1992, fue trasladada cuidadosamente al Santo Ángel, situándose hoy a la entrada de la Capilla Sacramental, un espacio que acogerá a la devoción de los fieles cada 24 de enero, aunque, según lo establecido, no contará con salida procesional, limitando su contemplación al ámbito del culto interno pero preservando su significado simbólico y espiritual.
Un nuevo desafío para la Agrupación
Con la formalización de esta fusión, la Agrupación del Santísimo Cristo de los Desamparados del Santo Ángel ha superado la barrera de los 1.000 hermanos, consolidando su presencia y relevancia en la vida cofrade de Sevilla. Este hito supone el inicio de un reto aún mayor: duplicar esa cifra en los años venideros, confiando en la voluntad divina y en la fuerza de la comunidad de fieles.
El título oficial de la agrupación, que ahora integra el legado de ambas entidades, queda establecido como: Agrupación del Santísimo Cristo de los Desamparados, María Santísima de la Salud, Santo Lignum Crucis, Nuestra Señora de la Paz, Reina de la Familia, San Juan de la Cruz y Santo Ángel Custodio, un nombre que sintetiza la riqueza histórica, devocional y espiritual de la unión y refleja la amplitud de su influencia en la vida religiosa sevillana.
Esta fusión no solo representa una consolidación numérica, sino también un fortalecimiento del tejido cofrade, donde la devoción, la tradición y la organización comunitaria convergen para proyectar un futuro sólido y unificado, preservando la memoria histórica y la riqueza espiritual que ambas entidades han cultivado durante décadas.















