El IAPH culmina la restauración de una excepcional pintura guadalupana del siglo XVIII procedente de Trigueros

Una Virgen de Guadalupe atribuida a José de Ibarra recupera su esplendor gracias a la intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) ha concluido recientemente los trabajos de restauración de una destacada pintura mariana del primer tercio del siglo XVIII, conservada en el ámbito privado y procedente de Trigueros (Huelva). Se trata de una representación de la Virgen de Guadalupe, ligada a la iconografía novohispana, perteneciente a la familia Rivero Garrido, depositaria de esta pieza de notable interés devocional e histórico-artístico.

Un legado pictórico de raíz novohispana

La obra restaurada representa a la Santísima Virgen bajo la advocación de Guadalupe, en un modelo iconográfico que hunde sus raíces en la tradición mestiza de la Nueva España. En ella se integran elementos característicos del ideario contrarreformista de inspiración concepcionista, entreverados con referencias culturales indígenas, una constante en las representaciones surgidas en el contexto virreinal americano. Este modelo específico, ampliamente difundido durante los siglos XVII y XVIII, se caracteriza por la inclusión de episodios narrativos secundarios, como las apariciones al indígena Juan Diego o el milagro de las rosas, episodios que, en este caso, se presentan distribuidos en cuatro medallones situados en las esquinas del lienzo.

Atribución al círculo de José de Ibarra

El análisis estilístico y compositivo ha permitido atribuir la obra al célebre pintor mexicano José de Ibarra (Guadalajara, 1685 – Ciudad de México, 1756), uno de los máximos exponentes de la pintura barroca novohispana y discípulo aventajado de Juan Correa, quien a su vez habría replicado el modelo guadalupano original “en papel aceitado”. La pieza presenta un equilibrio singular entre tradición y evolución, combinando elementos de factura típicamente dieciochesca —como la cartela central inferior con la representación del santuario del Tepeyac— con iconografía habitual en la centuria anterior, como rosas flanqueantes y ángeles portadores de cartelas.

Un proceso restaurador integral y respetuoso

La intervención acometida por el IAPH ha estado centrada en la estabilización de los elementos estructurales y pictóricos deteriorados, respetando en todo momento la materialidad original de la obra. Mediante tratamientos específicos orientados a detener los procesos de degradación y recuperar la unidad estética del conjunto, se ha logrado restituir el cromatismo y la legibilidad de una pintura que presentaba evidentes signos de deterioro.

Los técnicos del Instituto han actuado con criterios de mínima intervención y máxima reversibilidad, atendiendo tanto a la preservación material como a la valoración simbólica de la imagen, especialmente sensible al tratarse de una devoción mariana fuertemente arraigada en el ámbito hispánico gracias al impulso inicial de los franciscanos y su posterior difusión por parte de los jesuitas.

Una obra singular en el contexto andaluz

La presencia de una pintura de estas características en la localidad onubense de Trigueros constituye un testimonio privilegiado del trasvase artístico y devocional entre América y España, muy activo durante la Edad Moderna. La circulación de lienzos guadalupanos, especialmente desde los talleres novohispanos, contribuyó de forma decisiva a la expansión de esta advocación en suelo peninsular, consolidando un imaginario visual que aún hoy sigue vivo en numerosas comunidades.

Con esta intervención, el IAPH no solo garantiza la perdurabilidad física de la obra, sino que también revaloriza un patrimonio íntimamente vinculado a la historia transatlántica de la fe y el arte, devolviendo a la contemplación pública una pintura que encierra múltiples niveles de lectura: espiritual, histórico, artístico y cultural.