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La crónica | El júbilo o el fervor mariano

La Virgen de las Angustias realizó una procesión histórica

El 10 de octubre de 1971 tenía lugar la coronación de la Virgen de las Angustias en Alcalá del Río. Y un cuarto de siglo después el cardenal Carlos Amigo Vallejo la proclamó canónica. Desde 1996 hasta hoy el mundo ha soportado capítulos que no esperábamos vivir. Y hasta un cambio de milenio. Pero el fervor hacia la Madre de Dios no se ha debilitado. Y Alcalá del Río ha sido hoy un ejemplo bordado en oro.

Pasadas las 18:00 se abrían las puertas de la parroquia de Santa María de la Asunción. Por la mañana ya se intuía que sería día grande, con el pasacalles musical a cargo de la Banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Sol y la Banda de Música de la Soledad de Cantillana. Las calles se habían revestido de verde Vera Cruz. Reposteros, banderolas, guirnaldas florales ondeaban al viento.

Cuando la imagen atribuida a Montes de Oca asomaba por las calles de la antigua Ilipa Magna el júbilo era más que palpable. Con esta salida procesional la corporación cerraba una semana de importantes actos que también lo era para la ciudad. Y lo hacía bajo palio, en un conjunto que es una de las grandes joyas de la provincia. Las Hermanas Antúnez, Rodríguez Ojeda y orfebrería Villarreal junto a la Señora de las Angustias como cada Jueves Santo.

Hasta el Ayuntamiento la imagen fue acompañada por la Banda de música del cuartel general de la fuerza terrestre Soria 9 y después continuó la Banda de música municipal de La Puebla del Río. Un extenso cortejo que fue agrandándose a medida que crecía el número de devotos que se situaban frente al palio para admirar la belleza de la dolorosa. Uno de los momentos más destacados se vivió cuando pasó por la casa hermandad, que es todo un homenaje a Jesús y su bendita madre, donde se encuentra parte del patrimonio de la corporación, guardado con celo por sus hermanos desde hace décadas.

El primer palio en las calles tras la pandemia, toda una obra del bordado tiene un andar peculiar. Portado por hermanos vestidos de nazarenos que lo llevan a través dos grandes maniguetas, avanzaba entre la multitud. Era un comentario generalizado que proferían los visitantes que llegaron desde otros puntos de la provincia, que por primera vez observaban el discurrir de un andar que en otros tiempos llegó a estar presente en numerosos pueblos, y que en Alcalá ha llegado a convertirse en seña de identidad cada Jueves Santo.

Abriendo el cortejo se encontraba la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús en la Presentación al Pueblo, de Dos Hermanas. Apenas podían escucharse sus sones si uno se encontraba junto a la Virgen, donde todo eran vivas y gritos de «guapa». Cuando se adentró por Ilipa Magna las lluvias de pétalos eran incesantes. El reloj se acercaba a las 22:00 horas, pero tras cuatro horas de recorrido los cruceros aguardaban las mismas fuerzas. No había mermado tampoco la ilusión de los hermanos, que no dejaron de acompañarla durante todo el recorrido.

«Mi Amargura», «Virgen de las Aguas», «Estrella Sublime» o «Pasa la Virgen Macarena» fueron algunas de las marchas interpretadas durante la primera parte del recorrido. En torno a la medianoche asomó por plaza José Ignacio Zambrano y después entró por Real de Castilla con un mayor número de paradas. Petaladas y muchedumbre en una calle a la que apenas los viandantes podían acceder.

Poco antes de acceder a la calle Coronel García-Baquero la banda de cornetas y tambores hizo acto de presencia y la calle se vino abajo. El palio se fundía con el cielo y eran uno. Aplausos que se repetían mientras el paso encaraba los últimos metros de su recorrido. El punto y final llegó a las 2:10 de la madrugada, cuando la marcha real resonaba en Alcalá, recordando que la Virgen ya entraba en el interior de la ermita de San Gregorio.

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