El milagro de la Virgen de los Dolores

Según la lengua de Cervantes, un milagro es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Una definición perfecta para esta palabra que se puede explicar con sentimientos y atribuirse a un núcleo de origen divino, la Virgen de los Dolores.

Supongo que los que entienden mejor este término, son algunos hermanos y devotos de esta  hermandad, unas anónimas personas, que sólo las paredes de la capilla son los testigos de su sufrimiento y súplica ante la mirada y el consuelo de la Madre de Dios.

Sabiendo esto, Pura, una mujer de luz, quiso sacar el rezo habitual del Viernes Santo detrás del manto de la Virgen de los Dolores para trasladarlo al papel y su voz, y de esta manera darle las gracias a su Reina de los Cielos.

Hablamos de Pura, una mujer que ante la enfermedad irreparable de su hija, demostró toda su Fe y amor a la Virgen, la cual le concedió salud a toda su familia, haciendo calmar sus dolores. Nació en los años 20 del pasado siglo en Paradas, un pueblecito de la campiña sevillana. Era una mujer que la gente que la conoció la describe como alegre y guapa. Fue muy querida en el pueblo, incluso don José, antiguo párroco de San Eutropio, bendijo su casa cuando tuvo que emigrar a Barcelona por motivos de trabajo, en busca de una vida mejor. Fiel devota de la Virgen de los Dolores, no faltó – hasta que se lo impidieron los años – a su cita anual en Paradas cada Viernes Santo para acompañarla tras su palio.

Por culpa del destino, su hija, tuvo en Cataluña una grave enfermedad, y debido a la época y a los medios de una familia humilde, era difícil afrontarla. Por suerte, Pura trabajaba limpiando la consulta de un médico llamado Joaquín Soler, con quien estrechó una gran amistad y gracias a ello pudo operar a su hija. Una complicada intervención que se llevó a cabo en la Clínica Adriano de Barcelona el 29 de Marzo de 1992. Pasadas las horas, este médico salió del quirófano, diciéndole a Pura: “No quiero que estés triste, quiero que tengas alegría. Aquí ya no pasó nada; encuentro bien a tu hija, que aquella Virgen preciosa que en Paradas dejarías pues te ha tendido su mano y te ha salvado a tu hija”.

Tal era la gratitud de Pura a la Virgen de los Dolores por haber salvado a su tesoro más preciado, su hija, que a las semanas siguientes volvió a Paradas a darle gracias. Fue la Semana Santa del año 1992. En la víspera del Viernes encontró paseando por el pueblo al capataz del paso de la Virgen de los Dolores Fernando Pérez, a quien le dijo que si tenía algún medio para decirle a la Virgen una poesía. Fernando, a un día del Viernes Santo, le dijo que no podía encontrar nada, pero le aseguraba que en ese momento la gente se callaría para que Paradas y Ella pudiesen escucharla.

Como siempre, a ritmo acompasado y elegante llegó a Las Monjas el palio de la Virgen de los Dolores. Al volverse de cara a la Residencia, el capataz paró el paso y calló a la gente que allí se abarrotaba. En el balcón de este edificio estaba Pura, que temblando exaltó su piropo para darle las gracias de la mejor forma que podía, haciendo emocionar y llorar a todos, menos a Ella que se le secaron las lágrimas de alegría.

¡Hola! Reina de los cielos
Hoy te doy los buenos días
De Cataluña he llegado para
Alumbrarte este día.

Hay mucha tierra por medio
Pero no puedo olvidar
La promesa que hice
Llorando al pie del altar.

Sobre tu manto postrada con
Pena yo te decía
Que el 29 de Marzo
Operaban a mi hija.

Pero tú desde tu trono
Ese ruego lo escuchabas
De los más alto del cielo
Un lucero me alumbraba.

Fue en la Clínica Adriano
Que pise por primer día
Aquella sala de espera
Que pequeña se me hacía.

Que me ahogaban los nervios
Y no encontraba salida
Con una medalla al cuello
Sobre mi pecho tenía.

Apretando con mis manos
Dolorosa te pedía
Pero en aquellos momentos
Una puerta que abría.

Un señor vestido de verde
Que a mí me dio hasta alegría
Verde como la bandera
Que tiene mi Andalucía.

Era Don Joaquín Soler
Estas palabras me decía:
No quiero que estés triste
Quiero que tengas alegría.

Aquí ya no pasó nada
Encuentro bien a tu hija
Que aquella Virgen preciosa
Que en Paradas dejarías
Pues te ha tendido su mano
Y te ha salvado a tu hija.

De aquel equipo de médicos
Estoy tan agradecida
Pero de Tí Madre Santa
No sé lo que te haría.

Porque no tengo poderes
Pero mi intención sería
Hacerte una corona
De brillantes y Plata fina
Para lucirla este día.

Pero como no los tengo
Yo te voy a regalar mil besos y prometerte
Que mientras pueda
En el mundo
Yo te quiero acompañar.

Tú bien sabes que no puedo
Con mis piernas caminar
Ayúdame Reina mía
Que el día del Viernes Santo
Yo te quisiera alumbrar.

Y yo de Ti me despido
Lo hago con alegría
¡ay! Virgen de los Dolores
Que me marcho a Cataluña
Hasta que vuelva otro día.

Y a mi pueblo lo saludo
Donde de niña jugaría
Aunque muera en Cataluña
Yo nunca lo olvidaría.

Porque mis ojos estarán
Siempre mirando a Paradas
Y a mi linda Andalucía.