El viejo costal, 💙 Opinión

El número, como pecado

Ahora dentro de este huracán de salidas de pasos, traslados, rosarios, etc. que se está produciendo como fenómeno extraño, desde esta extraña normalidad, normalidad más loca que cuerda, donde ya se le ha perdido el miedo y el respeto al covid19. A pesar de que aún aparecen cifras de nuevos contagiados, y lo que es de lamentar, algún fallecido, esta normalidad tan agradecida por los cofrades, huracán formado por tantas ganas contenidas de salir a las calles para proclamar su fe en público, equiparándose al resto de la población que ya disfruta de las actividades culturales, deportivas, o de ocio propias de nuestra sociedad.

Y nos está pasando como a algunos hermanos mayores que cometen el tremendo pecado del número, pecado que consiste en buscar a toda costa aumentar el número de hermanos de su corporación, sin importar el grado de compromiso de los mismos para con la entidad, beneficiándose solamente del peculio que anualmente abona, y el donativo por la salida en el cortejo penitencial. Cosa que le viene fenomenal a este tipo de hermano mayor, más dinero y menos problemas. Estos hermanos solo participan cuando la hermandad sale a la calle. Olvidando cultos, festividades, cabildos, formación, caridad y evangelización, siendo su único deseo salir a la calle, única causa que justifica su vida y el aporte de su cuota.

Como consecuencia de este pecado del número podemos observar que en muchas hermandades hay elecciones, cabildos, etc. donde siendo grandes en número de hermanos, con dificultad alcanza una participación del dos o tres por ciento de la nomina de hermanos. Solo asisten los que de verdad tienen un compromiso con la hermandad, dando lugar a que estos importantes actos estén desiertos de personas, ésta baja participación ya la hemos comentado en otras ocasiones.

Y ahora todos vamos a pagar los tiestos rotos, muchas de las hermandades se han visto reducidas a mantener solo una vida mínima latente, ya que lo único interesante es la cuota y salir a la calle, exigir una buena banda y muchas horas de recorrido, ya que buena parte de sus componentes entiende que es lo importante de una hermandad.

Los comprometidos “a hierro” con sus hermandades terminan, por aburrimiento, desertando, ya que al ir perdiendo todos los objetivos que dieron pie a su compromiso, compromiso fijado y que leyó en sus reglas, ya saben: caridad, evangelización, formación, etc. al no encontrarlas terminan abandonando, desertando y emprendiendo un peregrinar en busca de donde poder completar sus aspiraciones y su sincero compromiso con todos los objetivos contenidos en las reglas, y en su conciencia, otros muchos no encuentran carencia alguna, ya que solo saben leer el apartado de salidas.

En el mundo de las cuadrillas viene a pasar algo similar, hay capataces y costaleros que cometen el pecado también del número, solo aspiran a tener un número considerable costaleros, como garantía de éxito fácil, no atendiendo para nada al nivel de compromiso del personal que acoge en la cuadrilla, lo importante es que al tener mucha cantidad nunca tendrá problemas, ni de peso, ni de distancia, solo ha de programar y regular los correspondientes relevos, y pasa lo mismo que en los hermanos de cera, abundan los que solo desean salir a la calle, cuanto más mejor, dejando solamente a un reducido número que están por el deseo de servir a sus hermanos, a su titular, y a su hermandad, los que participan en todos los objetivos y obligaciones de su hermandad.

Pues ahí tienen el caldo de cultivo de donde sale estas imparables ganas “de salir”, sin pensar en las responsabilidades, en nuestro quinto mandamiento “No matarás” en nuestro principal mandamiento “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La perdida de toda visión del peligro, asumiendo el riesgo, el riesgo de introducir un número elevado de personas bajo un paso, en algunos casos con las gualdrapas bajadas, en días de agradables temperaturas, en las calles, y de mucho calor bajo el paso, lugar de ambiente sobrecargado, y sudorosos hombres, hombro con hombro, eso si con mascarillas, inservibles mascarillas cargadas de humedad. El pecado del número será una posible condena para los cofrades de nuestra y otras ciudades, así es como actúa el número como pecado, pecado que no hemos sabido controlar cuando era posible, hoy en día lamentablemente hay más hermanos, más cuotas y más ganas de salir, y menos compromiso con “la vida de hermandad”, menos compromiso con la vida en general.

Quiero pensar que estoy totalmente equivocado, me gustaría que así fuese, quiero pensar que el único que ve esta anormal y desatada necesidad de pasos en las calles con riesgo para los costaleros, sea yo, me gustaría ser el único loco que ve esta locura, me gustaría que el tiempo me demostrase lo desacertado de este articulo de opinión, es la primera vez en mi vida que deseo que mi opinión no sea válida.

¿Y tú, eres de los que lo importante es salir a la calle, o no?

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