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Córdoba, ⭐ Portada

El Obispo decreta la absorción de la Hermandad de la Virgen del Rayo por la Hermandad del Descendimiento

La Hermandad del Descendimiento ha visto oficialmente materializada su propuesta de absorber a la cofradía a Nuestra Señora de los Dolores del Rayo, merced a su aprobación por parte del Obispado de Córdoba, representado por Demetrio Fernández. Algo que implica una modificación en los estatutos de la Cofradía del Viernes Santo cordobés, y que también se refleja en el título de la corporación, al que se le ha añadido el de la imagen mariana.

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Cabe recordar que el pasado mes de noviembre de 2019 los hermanos de la Hermandad del Descendimiento reunidos en Cabildo General Extraordinario, aprobaban esta importante cuestión de gran calado para la Cofradía que marcará el devenir de la corporación que preside Manuel Aguilera de manera decisiva, toda vez que se trataba de la incorporación de Nuestra Señora de los Dolores del Rayo como titular letífica de la corporación. 

De este modo se preserva una antigua devoción cordobesa, toda vez que la hermandad que la sustentaba se hallaba suspendida, paso previo a su disolución, lo que convertía en necesario e imprescindible abordar este asunto antes de que un fatal desenlace implicase aplicar lo que establece el estatuto marco de las cofradías en caso de disolución de una hermandad. La incorporación de la imagen como titular de la Hermandad del Descendimiento, que con este valiente paso evidenciaba su excelente salud a todos los niveles, garantiza que reciba culto y que en un futuro, que serán los hermanos de corporación quienes tendrán que dilucidar, vuelva a procesionar por las calles de Córdoba, eso sí, como lo que es en la actualidad, una imagen letífica, lo que excluye la posibilidad de que lo haga el Sábado Santo.

No conviene olvidar que la vinculación de esta centenaria imagen y la Hermandad del Descendimiento no es nueva. A principios del siglo XX, en 1908, los devotos de aquella antigua advocación, decidieron revitalizar la devoción casi perdida a través de su unión con una Hermandad del Descendimiento, existente entonces, tomando el nombre de «Hermandad de Nazarenos del Santo Cristo de Ánimas, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor y María Santísima del Rayo». Una hermandad que llegó a incorporarse al desfile oficial del Viernes Santo en 1911, siendo la última salida en la Semana Santa de 1917. En 1937 se fundó la actual Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento, incorporando la imagen de la Virgen del Rayo como Dolorosa del paso de misterio, en el que procesionó hasta 1959.

Cabe recordar que en octubre de 2018, adelantamos en Gente de Paz la dimisión de Carlos Arrebola, hasta entonces hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo, de la mano de quien la corporación había recuperado el Sábado Santo para la ciudad de Córdoba, procesionando hasta la Santa Iglesia Catedral. Una renuncia irrevocable que ponía punto y final a una ilusionante aventura que comenzaba con la elección de Carlos Arrebola como hermano mayor de la cofradía en 2016, hecho que marcó un hito trascendental en el rumbo histórico de la hermandad del Campo de la Verdad.

Después de tres años de ausencia, el 12 de febrero de 2017, en un histórico cabildo extraordinario, los hermanos del Rayo aprobaron la salida de la cofradía el Sábado Santo. La iniciativa siempre fue posible gracias al párroco de San José y Espíritu Santo, Pedro Soldado, que puso todas las facilidades para que el proyecto saliera adelante, incluso adelantar el horario de la Vigilia Pascual para que la hermandad pudiera salir a la calle con tiempo suficiente de llegar a la Santa Iglesia Catedral. Su intervención ha sido también esencial para que la junta de gobierno de la corporación del Campo de la Verdad proponga a sus hermanos esta posibilidad que ahora, en virtud del decreto episcopal, ha llegado a buen término.

Una hermandad histórica

La Hermandad del Rayo, como popularmente se le conoce, es una hermandad cuyos orígenes se pierden en la memoria colectiva de los tiempos, una corporación de la que los anales de la memoria casi dormida tiene vestigios prácticamente olvidados que se remontan a finales del siglo XVI y principios del XVII. Una antigua hermandad de disciplinantes de la que se conserva constancia documental en una salida procesional en la noche del Viernes Santo de 1609. Una primitiva corporación, de las primitivas de verdad, que a principios del siglo XVIII desarrollaba su procesión penitencial cada Jueves Santo, sus penitentes utilizaban una disciplina hecha de estopa cosida y torcida, hábito negro recogido con una correa e iban calzados con sandalias.

Dos eran las imágenes que contenían la carga devocional de aquellos antiguos cofrades, un Cristo, cuya advocación actualmente se desconoce y una Virgen con la advocación de Nuestra Señora del Rayo, que provenía, según escribe Ramírez de Arellano en su célebre documento historiográfico Paseos por Córdoba, «de haber salido ilesa de la caída de un rayo en la iglesia. Era una Dolorosa con encajes en las manos y una flor en la toca, camisa, enaguas, perlas y pulseras en las manos». Una imagen que salía en procesión con palio.

De la popularidad de esta Cofradía y de la devoción a la Virgen del Rayo dan fe las pujas, de las que nos hablan las cuentas, para conseguir sacar a la imagen. Cuando era necesario, se alquilaban túnicas a las hermandades de las Angustias y del Nazareno. La cofradía tiene un enorme respaldo popular durante el siglo XVII en el Campo de la Verdad, nutriendo sus filas de pequeños labradores y trabajadores asalariados. En el año 1771 hay constancia documental de que la hermandad se haya unida a la del Santísimo Sacramento, signo evidente de su grado de postración.

Todo pareció cambiar en el tránsito de los siglos XVIII al XIX, a causa de la carencia de recursos que derivó tristemente en el ocaso de aquella pujante corporación y en la suspensión de su estación penitencial. Como hemos comentado, a principios del siglo XX, en 1908, los devotos de aquella antigua advocación, decidieron revitalizar la devoción casi perdida a través de su unión con una Hermandad del Descendimiento, existente entonces, tomando el nombre de «Hermandad de Nazarenos del Santo Cristo de Ánimas, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor y María Santísima del Rayo». Una hermandad que llegó a incorporarse al desfile oficial del Viernes Santo en 1911, siendo la última salida en la Semana Santa de 1917. En 1937 se fundó la actual Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento, incorporando la imagen de la Virgen del Rayo como Dolorosa del paso de misterio, en el que procesionó hasta 1959.

En 1984 se fundó la actual Hermandad de la Virgen del Rayo como hermandad de Gloria, aprobándose sus estatutos “ad esperimentum” por tres años. En 1987 se aprobaron de manera definitiva. A partir de ahí la corporación del Campo de la Verdad vivió épocas de desigual florecimiento e intensidad, recuperando su presencia por las calles cordobesas la noche del Sábado Santo como antesala de la Gloria de la Resurrección, de tal suerte que el siglo XXI arrancó en la Córdoba Cofrade con la presencia insustituible de esta talla anónima del siglo XVII, que fuera restaurada en 1984 por Juan Ventura, acompañada por la Banda Músico-Cultural «Cristo del Amor». Luego serían la Banda de Música «Ciudad de Porcuna», la Asociación Músico-Cultural «Pedro Lavirgen» de Bujalance y finalmente la Banda de Música» María Santísima de la Esperanza» de Córdoba las que pusieran con su excelente labor, el contrapunto musical de una procesión que lamentablemente Córdoba perdió en 2013.

La llegada de un nuevo hermano mayor, Carlos Arrebola, pareció llenar de ilusión a los muchos devotos de la Virgen del Rayo. Una ilusión compartida por buena parte de los cofrades de la ciudad, amantes de sus más íntimas tradiciones que se materializó en el sueño de recuperar el antiguo esplendor perdido por la crudeza de las circunstancias adversas. Por eso, su junta de gobierno se marcó como objetivo prioritario la recuperación de una procesión que Córdoba jamás debió permitir que se perdiese y que posibilitará disfrutar por las calles cordobesas de una de las advocaciones más antiguas de la ciudad, colaborando de este modo en la restauración de parte de la historia de Córdoba. El resto de la historia, ya la conocen.

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