Precisamente ahora que se atisba en el horizonte la celebración del LXXV aniversario de la llegada a la Hermandad del Rescatado de la Virgen de la Amargura, quizá sea el momento propicio para rememorar una parte de su pasado que algunos cordobeses apenas recordarán y muchos otros ni siquieran saben que existió. Nadie se atrevería a dudar a día de hoy del incuestionable progreso de la Semana Santa, no solo por una cuestión como la del traslado de la Carrera Oficial al entorno de la Catedral – que tantos han deseado – sino también a un nivel individual en el que muchas aprovechan para recuperar partes importantes de la historia cofrade o seguir incorporando valiosas piezas artísticas a su particular patrimonio.
En este sentido y si bien hace unos meses recordábamos el a menudo olvidado palio que la Virgen de la Alegría estrenase en 1983, según algunos testimonios “resultando aún más agraciada la imagen que tallara en 1944 Juan Martínez Cerrillo” – confeccionado en terciopelo de un llamativo color azul marino y tela de malla, esta última en el techo de palio – también convendría traer de nuevo al presente y aunque solo sea por unos instantes el célebre y peculiar paso de palio que en su día cobijase a la imagen de María Santísima de la Amargura.
Corría el año de 1944 cuando a la popular Hermandad del Rescatado decidía encargar al imaginero José Callejón la talla de una nueva dolorosa que pudiera sustituir a la imagen anterior, derivando en una tesitura que forzaba a la corporación del Alpargate a reformar los estatutos para incorporar la advocación de la próxima titular mariana. Fue en la fecha del 25 de marzo de ese mismo año cuando María Santísima de la Amargura se mostró por primera vez al público sobre un sencillo paso sin palio en la salida procesional del tradicional Domingo de Ramos.
No obstante, con la reciente adquisición del nuevo paso de Jesús Rescatado, tras una triste decisión adoptada por la cofradía debido a la inexistencia de un paso digno para la Virgen de la Amargura, la presencia de la bella dolorosa de Callejón hubo de interrumpir su presencia en la salida de 1960, una situación que se prolongó hasta el 68 en el que, finalmente, se reincorporó en un nuevo y sin duda interesante paso de palio que en mucho difería de lo habitual.
Diseñado por Juan Martínez Cerrillo y realizado en los talleres de Angulo, el palio de la Santísima Virgen se caracterizaba por la innovación en la que había que destacar la orfebrería, los óleos de las esquinas y su confección en cuero repujado y policromado. Como cabe imaginar, dicha confección suponía un laborioso y cuidado trabajo que no estuvo concluido hasta 1973, dejando para un año más tarde el estreno de los siempre vistosos candelabros de cola.

De aquel hermoso y singular palio queda ha quedado constancia en fotografías como la que encabezan este artículo y en la que se aprecia a la bella Virgen de la Amargura tras la sustancial restauración a la que la sometió el propio Martínez Cerrillo – y a través de la cual su aspecto fue considerablemente modificado – luciendo una inusual saya roja y un tocado aparente de tela de raso blanco. Sobre Ella, destaca el techo del mencionado palio de cordobanes del bujalanceño, con la visible policromía, los óleos y los detalles de orfebrería que hacían de su obra una pieza artística única e inimitable de la que también da buena cuenta el curioso adhesivo cofrade de la Semana Santa de Córdoba de aquellos años.

El mismo palio era el que se mecía sobre la dolorosa de José Callejón en la Semana Mayor de 1981 cuando, en la jornada del Domingo de Ramos, se produjo el famoso e histórico encuentro entre María Santísima de la Amargura y Nuestra Señora de la Esperanza en la céntrica Plaza de San Miguel, propiciando una inmortalización de aquel momento del que no dudó en hacerse eco Diario Córdoba en su edición del día siguiente, correspondiente al Lunes Santo, día 13 de abril.
A pesar de su vistosidad y gran originalidad, a corporación decidió sustituir las bambalinas y el techo de palio por el célebre terciopelo azul, por el que el palio de la Amargura se caracteriza actualmente, tras una determinación que surgió a partir de la necesidad que pretendía evitar el rápido deterioro al que se veían sometidos los cordobanes así como la evidente rigidez del material que dificultaba la movilidad de las bambalinas produciendo un efecto menos estético que el deseado.
No obstante, el lógico apego que a menudo se tiene por el pasado – y al igual que ocurre con el antiguo y mítico paso del Señor de Córdoba – ha hecho posible que la Hermandad del Rescatado quisiera conservar entre su rico y valioso patrimonio las bambalinas y el guadamecí que constituían el magnífico e inigualable palio de Martínez Cerrillo y que en el presente la corporación muestra a los devotos en los altares de cultos de la hermosa titular del Rescatado.





