El viejo costal, 💙 Opinión

El palo

Hemos disfrutado de varios momentos históricos en lo que va de siglo, en la vecina ciudad de Sevilla, el Gran Poder ha realizado su misión Evangelizadora por los barrios más humildes de su colación, y otro ha sido, creo, la primera salida de una virgen bajo palio desde el inicio de la pandemia al menos en Córdoba, me refiero a la celebración del veinte y cinco aniversario de la Virgen de la O.

Bueno, cuando decía hemos disfrutado, lo decía de forma sarcástica, disfrutar más bien poco, no lo digo por los actos en sí, ambos de denotada importancia, sino más bien por las dificultades de disfrutar de la visión limpia del pasar de la benditas imágenes de ambos actos, visión o audición, ya que creo que será de las pocas veces que los Armaos de la Macarena, o la Banda Sinfónica Municipal destinarán sus sones a tan venerado Cristo sevillano, o disfrutar de la Banda de María Santísima de la Esperanza de Córdoba en el caso de la Virgen de la O.

Todo empieza en esa buena o mala costumbre de algunos de silbar con potente empeño la misma marcha, conocida o no por este improvisado músico de viento, me refiero al que silba a tu lado, impidiendo que tus oídos disfruten de ese mágico momento iniciado con el toque anunciador de corneta o platillos, pues justo en ese momento, empieza nuestro colateral vecino su particular improvisada actuación, dejando tapado el casi su totalidad el sonido original de los siempre ensayados músicos de estas afamadas bandas musicales.

Ya tenemos la mitad de las sensaciones, me refiero a las auditivas tapadas, te retiras como puedes de tu particular intérprete y buscas un lugar más distante, donde poder disfrutar del roto silencio por los sones de los profesionales que de tocar saben algo más que él.

Llegados a este punto, levantas la vista, con una única intención de presenciar el esperado paso de tu titular, y te encuentras con la otra mitad del problema, cientos de cofrades levantan su móvil al aire, para grabar en deseado y esperado momento, la primera fila de los asistentes levantan sobre sus cabezas el dichoso móvil grabando unas imágenes de dudosa calidad, por la falta de luz, pero la cosa empeora desde delante hacia atrás, cada fila levanta más los brazos para poder percibir en su aparato, dicho sea de paso de pantalla enorme, superando la altura de los que delante de ellos lo hacen, así hasta la veinteava fila, y de por medio superando con creces en altura al más alto de los asistentes los palos de autorretratos, creo que le llaman “palos de selfies” o algo así.

Así que ahí me tienes, mirando a través de un bosque de brazos, pantallas y palos, intentando de ver el irrepetible momento y solo alcanzo a ver y mal, cantidad de pantallas con el brillo subido, que me encandilan los ojos y desvirtúan por la contraluz lo que pretendo ver.

Ni oigo, ni veo, así que me he retirado a casa, y tranquilamente en el sillón de mi salón he puesto la televisión para poder disfrutar de estos titulares, pasando por un ensombrecido mar de olas luminosas de cientos de móviles grabando, y escuchar de fondo las marchas procesionales, eso si tapadas en parte por el silbido de mi vecino, que de forma inconsciente se había colocado junto a uno de los micrófonos de ambiente de la cadena de televisión encargada de transmitir estos actos.

El que un padre levante a un crío sobre sus hombros en una acto normal y de afecto paternal, está bien y no me importa, solo te mueves un poco al lado y lo evitas, pero que casi todos los asistentes levanten los brazos con pantallas de hasta seis pulgadas, intentando tomar un picado vertical del acto, obligando a todos los detrás a levantar más y más los brazos, no creo que esté bien, todos pueden estar en las últimas filas y usar eso que llaman “zoom” y así dejar que el personal disfrute sin obstáculos de la visión del momento histórico, eso sí, al del silbido darle que sostenga con la boca los palos de selfie, y así colaborando todos evitar que nos den este palo.

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