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Internacional

El Papa nombra a un independentista radical, nuevo arzobispo de Tarragona

La Santa Sede ha hecho público este sábado el nombramiento de Joan Planellas como nuevo arzobispo de Tarragona, en sustitución de Jaume Pujol, que ha sido nombrado administrador apostólico de la archidiócesis de Tarragona hasta la ordenación episcopal y toma de posesión del nuevo arzobispo el 8 de junio. Un independentista radical que colgó la estelada en el campanario de Jafre (Gerona).

En un comunicado, la Conferencia Episcopal Tarraconense ha informado de que Planellas, de 64 años y nacido en Verges (Gerona), actualmente es decano de la Facultad de Teología de Cataluña, canónigo de la catedral de Gerona y rector de varias parroquias del Empordá (Gerona), y anteriormente fue rector del Seminario de Gerona y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Gerona. Cursó estudios de teología en la Facultad de Teología de Cataluña y en la Pontificia Universidad Gregoriana, y ha hecho diversas publicaciones de ámbito teológico, entre las que destaca ‘La Iglesia de los pobres’ en el Concilio Vaticano II. 

El nuevo arzobispo es uno de los curas separatistas más radicales de Cataluña, fiel seguidor e impulsor de los postulados de la «esglèsia catalana» y decidido y firme partidario de la república supremacista. Cabe recordar que este sujeto salta a la fama hace meses cuando Dolors Caminal, esposa de Albert Boadella, denunció al obispo de Gerona que el párroco de su pueblo había izado una bandera separatista en el campanario y se dedicaba a tocar las campanas a petición de los dirigentes políticos para conmemorar las efemérides del separatismo.

La esposa de Boadella, Dolors Caminal, escribió una carta intachable, como católica y vecina del pueblo, al obispo Francesc Pardo, que transcribo textualmente: 

Monseñor,

Durante la semana del 11 de septiembre la bandera que promueve la independencia de Cataluña ha ondeado en el campanario de la iglesia de Jafre en cuyo pueblo tengo mi residencia. Es exactamente lo mismo que sucedió el pasado año en estas mismas fechas. Sin embargo, esta vez hay que añadir otro hecho insólito, las campanas han tocado quince minutos en el día y la hora que habían decidido las fuerzas políticas que promueven la bandera secesionista y la separación con España.

No puedo comprender como ahora el cristianismo se dedica a publicitar las proclamas de los partidos políticos de una forma tan descarada como es ofrecer el campanario de sus iglesias para que dichos partidos cuelguen sus particulares estandartes y las campanas sean utilizadas con el fin de llamar a sus seguidores a la manifestación. El campanario, símbolo de llamamiento a la oración, se convierte así en objeto de propaganda de una política que promueve la separación y el enfrentamiento entre hermanos de una misma comunidad. A partir de este momento se puede producir una lamentable paradoja; cuando toquen las campanas no sabremos si lo hacen para convocar a un acto religioso o a la revolución.

Esta situación me lleva a considerar que la doctrina universal desarrollada por la Iglesia Católica se encuentra, en este caso, en radical contradicción con sus postulados, ya que se implica en una vía política que fomenta la insolidaridad y el odio entre el resto de nuestros hermanos españoles. Resulta incomprensible que la misma Iglesia que fue tan lamentablemente víctima de estos enfrentamientos en la pasada guerra civil no haya extraído una profunda lección de aquella dolorosa experiencia para no volver a inclinarse por esta clase de aventuras. Unas aventuras que pueden ser propias del mundo de la política, pero que utilizadas por una religión contribuyen a la fractura social y la violencia entre los ciudadanos.

Permítame que dude, Monseñor, si en las actuales circunstancias, podría explicarme el mensaje cristiano de estos hechos. Parece que a vuestros ojos no todos somos iguales sino que son preferidos por ustedes aquellos que enarbolan la bandera separatista y al resto les tocará entrar en la iglesia con la cabeza cota.

También en lo personal, me coloca en una situación incómoda al ser contribuyente fiscal de las necesidades materiales de la Institución que preside. En el futuro, no podré moralmente continuar participando en dicha contribución, pues me niego a colaborar con este enfrentamiento en el que se encuentra hoy involucrada su iglesia.

Finalmente, quiero expresarle mi repulsa, Monseñor, ante los hechos que le expongo y que lamento especialmente en estos momentos en los que la sociedad cristiana tan necesitada se encuentra de la irradiación del Espíritu Santo sobre sus dirigentes. Lamentablemente, la inspiración divina parece muy alejada de esta sede episcopal.

Cordialmente,

Dolors Caminal»

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