El paso del Cristo de Gracia culmina con éxito el tratamiento de anoxia para garantizar su conservación

Finaliza la intervención preventiva frente a xilófagos

La Hermandad del Cristo de Gracia ha comunicado la finalización satisfactoria del tratamiento de anoxia aplicado al paso procesional del Santísimo Cristo de Gracia y María Santísima de los Dolores y Misericordia, una actuación de carácter estrictamente conservativo emprendida tras detectarse la presencia de insectos xilófagos durante los trabajos de restauración de la estructura.

La intervención ha sido ejecutada por la multinacional Anticimex, que tras completar el proceso ha procedido a retirar la burbuja hermética en la que permanecía el conjunto, además de aplicar un tratamiento preventivo sobre la madera porosa con el objetivo de evitar futuros ataques de estos organismos que deterioran los materiales lignarios.

El procedimiento consistió en la introducción del paso en una cámara completamente sellada, donde ha permanecido durante al menos treinta días. Este método permite eliminar la actividad biológica de los xilófagos mediante la reducción del oxígeno en el interior del recinto, alcanzando un grado de efectividad total sin producir alteraciones en los elementos artísticos del conjunto, tales como maderas, tallas, policromías o dorados, preservando así su estabilidad material y estética.

Un proyecto surgido en una etapa clave de la hermandad

El actual paso procesional hunde sus raíces en la intensa etapa de transformación vivida por la hermandad durante la década de los años ochenta del pasado siglo, un periodo que resultó determinante para la evolución patrimonial y humana de la corporación.

Fue en mayo de 1981 cuando comenzaron a gestarse las iniciativas que desembocarían en su creación. Aquella coyuntura coincidió con el traslado del Crucificado al taller de Miguel Arjona para su restauración, circunstancia que abrió un tiempo marcado por la reflexión y la renovación interna.

De aquel proceso surgirían importantes hitos en la historia reciente de la hermandad, entre ellos el fortalecimiento de los vínculos fraternos entre los hermanos, el hermanamiento con la comunidad cisterciense de la Encarnación y la creación de la cuadrilla de hermanos costaleros, elementos que marcaron decisivamente el rumbo de la corporación.

Miguel Arjona y la concepción de un retablo itinerante

En ese contexto nació el proyecto del nuevo paso procesional, concebido y ejecutado íntegramente por Miguel Arjona, quien asumió en su propio taller la totalidad de las labores necesarias para su materialización: carpintería, talla, modelado, dorado y policromía.

La obra quedó concluida en el año 1989, configurándose como un conjunto unitario de gran riqueza artística. Su diseño fue planteado como un auténtico retablo itinerante, en el que arquitectura, escultura y simbología se integran armónicamente para reforzar tanto la dimensión catequética de la iconografía como la solemnidad de la manifestación procesional.

Inspiración neogótica y soluciones ornamentales singulares

El paso adopta el estilo gótico flamígero, una elección estética inspirada en la ornamentación neogótica que caracterizaba a las antiguas andas ochavadas del Cristo de Gracia, conocidas gracias a fotografías históricas conservadas.

Como referencia para el diseño se tomó una predela perteneciente a una colección particular, reinterpretada posteriormente mediante la sustitución de las pinturas originales por finas celosías ornamentales. Estas piezas cumplen una doble función dentro de la estructura: actúan como respiraderos del paso y, al mismo tiempo, sirven como fondos escenográficos de los distintos registros iconográficos, dispuestos en forma de capillas.

La presencia simbólica de los ángeles en las esquinas

Las esquinas achaflanadas del paso, apoyadas sobre robustas ménsulas, se encuentran presididas por figuras angélicas de notable carga simbólica, cuya presencia aporta dinamismo al conjunto arquitectónico.

En la parte frontal derecha aparece san Rafael, representado con el pez y el bordón que identifican su iconografía tradicional y que recuerdan su condición de custodio de la ciudad de Córdoba. Junto a él se sitúa el arcángel san Miguel, considerado el príncipe de la milicia celestial.

En el costero trasero se disponen el arcángel san Gabriel, en actitud de anunciación, y el Ángel de la Guarda, representado sosteniendo al niño que simboliza el alma confiada a su protección. Estas figuras se erigen así en guardianes celestiales del conjunto escultórico que sostiene el cuerpo del retablo procesional.

Arquitectura del conjunto y afirmación del carisma trinitario

La estructura del paso se articula mediante elegantes doseletes que coronan las capillas centrales del frente y la trasera, así como las tres grandes capillas de cada costero, configurando una composición visualmente equilibrada.

El eje que recorre el conjunto de forma longitudinal subraya el carisma trinitario de la hermandad. En el frontal, la Santísima Trinidad aparece coronando a la Virgen de Gracia, mientras que en la parte trasera se representa un ángel trinitario intercambiando cautivos, símbolo de la misión redentora asociada a la orden.

Bajo esta escena se despliega una filacteria con el inicio del lema trinitario “Gloria a ti, Trinidad”, flanqueada por san Juan de Mata y san Félix de Valois, considerados patriarcas de la orden.

María como eje devocional de los costeros

El programa iconográfico concede especial protagonismo a la figura de María, cuya presencia articula el discurso teológico de los costeros del paso y se vincula estrechamente con la historia del Cristo de Gracia.

En la capilla central del costero derecho se representa a Santa María de Guadalupe, evocando así el origen mexicano del Crucificado. En el lado opuesto se sitúa la Virgen de la Fuensanta, profundamente arraigada en la tradición devocional cordobesa.

Las capillas laterales muestran jarras florales que simbolizan las virtudes marianas, acompañadas de filacterias con distintas advocaciones que sintetizan la mariología cristiana.

Santos trinitarios y referentes espirituales

El programa iconográfico se enriquece con la presencia de figuras relevantes de la espiritualidad trinitaria y de la tradición religiosa.

Junto a la imagen de Guadalupe aparecen san Juan Bautista de la Concepción y san Miguel de los Santos, destacados representantes de la descalcez trinitaria. Por su parte, la Virgen de la Fuensanta se encuentra escoltada por san Benito de Nursia y san Álvaro de Córdoba.

Esta disposición establece un diálogo simbólico entre diversas tradiciones espirituales, integrando la dimensión local con la universal dentro del discurso iconográfico del paso.

El martirologio cordobés como catequesis visual

A los pies del Crucificado se despliega una serie de pequeñas capillas dedicadas al testimonio del martirio, configurando un amplio recorrido histórico por la santidad vinculada a Córdoba.

En total se incluyen catorce representaciones de santos mártires, muchos de ellos estrechamente ligados a la tradición cordobesa. Entre ellos figuran los patronos san Acisclo y santa Victoria, así como Flora y Pelagio.

También aparecen Rodrigo y Abundio, patronos de Cabra y Hornachuelos, además de Acacio y Marcial, relacionados con la tradición martirial romana. El conjunto se completa con las figuras de san Benilde, María, san Eulogio, Leocricia, san Zoilo y la virgen Argéntea, componiendo una síntesis histórica que se extiende desde la Antigüedad hasta la Córdoba mozárabe.

Conservación de una obra singular de la Semana Santa cordobesa

El paso del Cristo de Gracia constituye uno de los conjuntos procesionales más complejos desde el punto de vista artístico y teológico dentro del patrimonio cofrade cordobés. En él convergen arquitectura, escultura y simbolismo para formar un discurso iconográfico unitario de gran riqueza catequética.

La reciente aplicación del tratamiento de anoxia, junto con las medidas preventivas adoptadas posteriormente, garantiza la preservación de esta obra singular, asegurando la continuidad de un conjunto que contribuye de manera decisiva a la identidad propia e inconfundible de la Semana Santa de Córdoba.