Tras la firma del contrato de ejecución entre la hermandad del Perdón y el prestigioso taller bordados de Juan Rosén para la realización de la nueva insignia que está previsto que sea uno de sus estrenos del próximo Miércoles Santo, que tuvo lugar el pasado 6 de octubre, la corporación de San Roque ha presentado este sábado, durante el transcurso de la celebración de la Fiesta de Regla que culminará el triduo en honor de María Santísima del Rocío y Lágrimas, los primeros avances de la nueva pieza. En concreto se ha desvelado el bastidor con piezas claves del escudo, como ha confirmaba a Gente de Paz el hermano mayor de la cofradía, Fernando Castro, cuya junta de gobierno vuelve a demostrar, con esta iniciativa, el dominio de los tiempos y cómo es capaz de generar ilusión alrededor de cada uno de los proyectos que emprende.
Cabe recordar que estamos ante un encargo que emana de la decisión adoptada en junio de 2016, cuando la corporación del Buen Pastor sometió a la aprobación de sus hermanos, el diseño de un nuevo estandarte corporativo, el popularmente conocido como bacalao, cuya autoría corresponde nuevamente al mencionado Abril Vela, quien ya realizara el diseño del nuevo palio para María Santísima del Rocío y Lágrimas que paso a paso va cobrando forma. Un diseño que, una vez más, de acuerdo con esa uniformidad estilística, universal y homogénea de la que les hablábamos, se basa en la ornamentación del principal monumento de la ciudad, la Mezquita Catedral, “bajo el amparo del estilo hispano-musulmán y más concretamente en su esqueje califal”. Una pieza que está siendo ejecutada en el taller malagueño de Juan Rosén, y que, si todo se desarrolla de acuerdo con los parámetros establecidos se estrenará el Miércoles Santo de 2018, tal y como subrayase el hermano mayor de la corporación de la Judería, Fernando Castro. De ahí que este próximo 7 de septiembre, durante la procesión de la Virgen de la Fuensanta, sea la última vez que el antiguo bacalao de la Hermandad del Perdón luzca bajo el cielo de Córdoba.
El nuevo bacalao que estrenará la hermandad, presenta en su concepción dos partes marcadamente diferenciados que le confieren una marcada y singular personalidad. Por una parte la faldilla, el tondo y el pico, estos dos unidos por un eje vertebrador, que se bordarán en oro sobre terciopelo color carmesí y por otra la recreación de un fondo a modo de tapiz donde se superponen los elementos anteriormente mencionados. Es en esta zona donde se invierte el juego cromático del bordado tradicional, aplicando el bordado a realce en sedas de color carmesí sobre un fondo de tisú de oro, que pretende evocar las decoraciones musivarias del mihrab, donde las trazas de oro recrean un fondo majestuoso y el color da lugar a las ornamentaciones vegetales y geométricas propias del estilo al que pertenecen.
Detalles todo ellos que convierte a la pieza de una indiscutible calidad artística en su mera concepción que en presenta en el tondo central el escudo de la corporación y ve completada su heráldica con dos alusiones a la sede canónica de la hermandad y a la parroquia a la que pertenece, un guiño a San Roque a través de una pequeña imagen que se encuentra en en la faldilla en un pequeño óculo y la Cruz Trinitaria en el pico, conformada por lacerías inspiradas en los trabajos de las yeserias de la Mezquita, al igual que se le otorgan las tonalidades trinitarias a esta insignia con el uso de sedas azules junto a los soportes de terciopelo encarnado y tisú claro que evocan el contraste de los tres colores que representan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, este siempre tan presente en la advocación de Rocío con la que tan identificada se encuentra la Hermandad.
Un magnífico elemento patrimonial que acaso desterrará del cortejo el antiguo bacalao de la hermandad, algo que nunca sucederá en el corazón de sus hermanos, lugar en el que todos aquellos pequeños detalles que, de un modo u otro conforman la intrahistoria de la corporación y sobre todo la memoria de los seres humanos que la integran, ocupan sin lugar a dudas un lugar de privilegio, un lugar preferente cargado de recuerdos y prolífico en emotividad.





