Resultaría absurdo pretender descubrir al público cofrade a estas alturas la figura de Juan Berrocal, uno de los capataces más importantes de las últimas décadas en la ciudad de San Rafael. A su dilatada y contrastada experiencia al frente del martillo de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, donde creó un estilo que muchos se han afanado por imitar, se une haber sido responsable de muchos otros llamadores, como el del Buen Suceso o la Virgen de la Palma, con lo que su experta opinión todo lo referente al mundo del costal resulta siempre de un interés particularmente relevante.
Ahora es la Hermandad del Resucitado, la que cierra nuestra Semana Santa, la que tiene la inmensa fortuna de contar con su sabiduría ya que ejerce en la corporación de Santa Marina como capataz general de la cofradía. De ahí que no haya mejor figura para cerrar esta sección del personaje del día, con la que hemos querido obsequiar a los lectores de Gente de Paz. Estas son las reflexiones de Juan Berrocal a escasas horas de que los pasos que manda salgan a las calles de Córdoba a anunciar la buena nueva de la resurrección de Cristo. No pierdan detalle.
¿Cuál es su opinión acerca del traslado de la Carrera Oficial al entorno de la Catedral?
Desde el punto de vista Cofrade es lo correcto, pero tengo mis dudas de si es lo apropiado, hay muchos aspectos directos e indirectos (itinerarios, horarios, palcos, accesos, público, etc.) que habría que mejorar, y en algunos casos solucionar; lógicamente es el primer año y no se puede estar al 100%.
Con la visión panorámica que le otorga cerrar la Semana Santa de Córdoba, ¿cómo valora el resultado?
En lo que se refiere al mundo del costal, no se le puede escapar a nadie, que físicamente no es bueno para el costalero. Merma muchísimo el poderío y las fuerzas de las cuadrillas por la dificultad del camino por recorrer. Por esto es perjudicial para la salud del costal en Córdoba. Creo, y Dios quiera que esté equivocado, se va a producir una criba de costaleros, retrocediendo en años en este aspecto.
¿Se siente un privilegiado?
En el momento y en el aspecto de capataz, claro que si. La Junta de Gobierno de la Hermandad del Resucitado, me deja trabajar, tenemos dos numerosas cuadrillas, y creo que muy bien preparadas y por último ejerzo de enseñante y preparador para capataces futuros para la Cofradía. Así que cuando yo decida o mi Junta el cese de mi trabajo continúen esta labor por donde ellos y yo hemos marcado. A no ser que, como suele ocurrir, llegue un iluminado a este mundo y se cargue el trabajo ya realizado.
¿Qué desea para este Domingo?
Principalmente pido a Dios que nos de fuerzas, no solamente a los costaleros, sino también a la totalidad de los que componen el cortejo, para que en lo posible sea una Estación satisfactoria y espléndida. También deseo que el acompañamiento y el apoyo del pueblo de Córdoba en el desarrollo de la misma. Al fin y al cabo somos una manifestación pública de fe, especialmente en este caso de la Resurrección, nuestro principal fundamento como cristianos.
¿Cómo vive el día de la salida procesional con su hermandad?
En una, ya estoy curado, antes con sufrimiento, porque aunque algunos no quieran tener memoria, se ha trabajado mucho por ella, ahora no sabría ni decirte, pero mejor dejarlo aquí, en una de hecho no salgo. Con la otra con infinita alegría, es una explosión de amor, me sorprende que conociéndome yo no tenga ni la más mínima preocupación, pueden surgir cosas inesperadas, pero tengo tal confianza en mis hermanos que lo vivo con mucha tranquilidad.
¿Hace falta autocrítica en el mundo de las cofradías?
Siempre he sido una persona muy autocrítica, quizás por ello todas las cuadrillas que he tenido han progresado en el tiempo. Además estoy rodeado de un equipo excepcional tanto en lo humano como en el oficio. Lo primero que hacemos después de cada salida es reunirnos y valorar nuestro trabajo.
¿Se cuida adecuadamente al costalero?
Tengo claro que el costalero es un patrimonio humano al que hay que mimar, pero no hacerle protagonista. El costalero tiene su sitio, y nosotros la obligación de educarle e inculcarle los valores más relevantes. Quizás por ello somos una cuadrilla tan unida, en la que ha de prevalecer el amor, después el andar saldrá mejor o peor, pero tenemos claro nuestro fin principal, amarnos unos a otros, como Nuestro Bendito Padre nos ama.
¿Un sueño?
Sueño con que los cofrades que están retirados en sus casas, porque de alguna manera y en algún momento han sido perseguidos con infundios, mentiras y falsos testimonios, esos que todos conocemos, vuelvan al mundo activo de las hermandades, que hay mucho trabajo por hacer en Córdoba. Y a los perseguidores, los que permanecen escondidos tras un cargo, recordarles que la ley de Dios nuestro Divino Padre nos obliga a amar al prójimo.





