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El preludio que la Resurrección y Virgen de los Reyes anunciaron a Sevilla: «La Esperanza de María»

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Las circunstancias actuales, que han llevado a los cofrades a tener dos años sin salidas procesionales por las calles de sus ciudades, nos obligan a bucear en el océano de los recuerdos pasados para revivir la pasión que alimenta nuestra vida.

Rememorando momentos de la última Semana Santa que pudimos vivir en la calle, la de 2019, encontramos verdaderas perlas que, pese a que en aquellos instantes pudieron parecer triviales, al haber sucedido todo lo que sucedió y con la frialdad de la distancia en el tiempo, cobran un sentido especial.

La Semana Santa de Sevilla terminaba en 2019, como siempre, con la recogida de la Hermandad de la Resurrección en la Parroquia de Santa Marina. Allí se concentraba el público para presenciar el broche de oro de los días de la Pasión de Cristo.

Llegaba la imagen que tallara Francisco Buiza en 1972 a las puertas del templo con la marcha «Reina de Reyes», una de esas piezas con las que la A.M. Virgen de los Reyes comenzaba a dar cierto giro a la línea estilística musical propia. Un acertado giro, dicho sea de paso, que ha propiciado la composición de algunas marchas de un alto nivel.

Posteriormente, la imagen comenzaba a enfilar la puerta de entrada, atravesándola con el Himno Nacional, para que inmediatamente después comenzaran a sonar los inconfundibles acordes de la que, en opinión de quien les escribe, se ha convertido en uno de los himnos de esta época de confinamiento: «La Esperanza de María», de Alejandro Blanco.

Así, como preludio de lo que estaba por suceder, la última imagen -con permiso de la recogida de la Virgen de la Aurora con uno de los himnos oficiosos de la Semana Santa, la marcha «Amarguras»- que tiene el sevillano grabada en la reina de un paso en la calle es la del Resucitado dentro de su templo con la mencionada marcha.

Resulta verdaderamente enternecedor y emocionante contemplar la silueta del Resucitado adentrándose en la penumbra de Santa Marina, caminando unos de los últimos pasos que dieron los costaleros de Sevilla en la ciudad de la Giralda, mientras suena la bella melodía de la Esperanza de María. Todo para que el templo hispalense terminara engullendo en la intimidad y oscuridad de su interior tanto a la imagen sagrada como a los músicos de la banda, algo que tampoco deja de ser todo un presagio de cara a lo que iba a acontecer el siguiente año.

Uno, que no es muy creyente de las casualidades, ya escribió algo parecido de la recogida de la Esperanza de Triana a sones de otro himno cofrade de la pandemia: «Siempre la Esperanza», que, además, sonó por partida doble. Curiosamente, en ambos casos el denominador es la Esperanza, tan necesaria para el tiempo que estaba por venir.

Casualidad o no, lo cierto es que, pese a que comienza a vislumbrarse cierta luz a final del túnel, al igual que sucede en el interior de Santa Marina en el vídeo, por el momento toca seguir caminando acompañado de los recuerdos de las salidas procesionales del pasado, y seguir viviendo este presente atípico que nos hemos visto obligados a vivir, con una fe confinada en los templos hasta nueva orden, pese a que otros sectores sociales comienzan a recuperar su normalidad. Tengamos siempre «La Esperanza de María», es decir, la que tuvo siempre la Madre del Salvador, en que todo vuelva al lugar que corresponde.

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