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El principio del fin del ombliguismo más rancio

Por tradición, historia y foco mediático, la Semana Santa de Sevilla siempre se había caracterizado por situarse a la vanguardia en materia cofrade, siendo la referencia en prácticamente todos los órdenes del orbe morado. Ello tenía ciertas implicaciones, entre las cuales podríamos citar cierta relajación o estancamiento en lo que respecta a introducir innovaciones, el agudizamiento del clásico ombliguismo hispalense o la despreocupación más absoluta de los cofrades capitalinos por lo que sucedía en otros puntos de nuestra geografía, siendo este último el tema que nos ocupa.

Allá por septiembre del año 2013 tuvo lugar en Córdoba capital el Vía-Crucis Magno con motivo del Año de la Fe, donde salieron a la calle dieciocho pasos procesionales. Fue un acontecimiento histórico no solo para la ciudad califal, sino para toda la Andalucía cofrade, que se citó de forma masiva en Córdoba para contemplar las bonhomías de su Semana Santa. En opinión de quien les escribe, fue un auténtico punto de inflexión en lo que se refiere a cómo el cofrade andaluz ha venido virando en su comportamiento desde aquel entonces.

Me explico. Antes había habido otras salidas procesionales y otras magnas, y a buen seguro habían arrastrado público desde todos los puntos de la geografía. Pero lo que sucedió aquel 14 de septiembre de 2013 en la ciudad de San Rafael tuvo tal repercusión e implicaciones que, desde entonces, al cofrade andaluz y al no andaluz, incluido el sevillano -y este es uno de los principales factores diferenciales- no le duelen prendas en trasladarse a otros lugares a conocer y disfrutar de la belleza que encierran las hermandades de los cuatro puntos cardinales de nuestra tierra. Las hermandades cordobesas se situaron en el mapa de forma inequívoca, demostrando que no tienen nada que envidiar a nadie. Lo mismo sucedía con las bandas. Muchas de distintos puntos de la geografía se citaron en la ciudad califal, pero si una de ellas brillaba con luz propia llevaba en el banderín el nombre de Cádiz, y no el de Sevilla.

Desde entonces, acontecimientos cofrades de importancia que han tenido lugar en Andalucía han arrastrado gran cantidad de cofrades de toda la comunidad autónoma. Lo vimos muy recientemente en Arcos de la Frontera con la histórica salida procesional de la Virgen de la Soledad, y de forma más aguda, si cabe, con la procesión Magna de Málaga con motivo del centenario de su Agrupación de Cofradías del pasado 30 de octubre. Una Magna en la que la Semana Santa malagueña ha dado un auténtico golpe encima de la mesa, metafóricamente hablando, a la par que ha ofrecido una buena muestra de los mayestáticos tesoros que encierran sus fronteras. El cofrade andaluz se ha desplazado en masa a estos lugares y ha disfrutado conociendo a hermandades que, bien había visto solo por Internet, o ni tan siquiera eso, ha visto por primera vez.

Los sevillanos cada vez más se despojan de las cadenas del pasado, que les ataban y lacraban a quedarse única y exclusivamente con lo que sucedía en su ciudad, sabiéndose al dedillo la autoría de un alfiler de cualquier dolorosa de las que, por ejemplo, procesiona en las Vísperas de la Semana Santa, pero desconociendo por completo, por seguir con los ejemplos, qué cofradías hay en el Polvorín de Huelva, los pasos de misterio de Córdoba, la imaginería del también cordobés Romero Zafra, la Noche de Jesús de Jerez de la Frontera, al Cristo de los Favores de Granada o la magnificencia de las hermandades malagueñas y sus tronos, por citar algunos de los muchos aspectos de relevancia de la Semana Santa andaluza que, otrora, pasaban absolutamente desapercibidos para los cofrades de la capital andaluza.

Poniendo blanco sobre negro, en otros tiempos a muchos hispalenses les daba absolutamente igual qué sucedía en materia de Semana Santa -y en otros temas, también- a lo largo y ancho del resto de la geografía. Ojo, que aún quedan algunos, también dentro de la prensa morada, que se empeñan en seguir erre que erre con la cantinela prehistórica de que Sevilla sigue siendo lo único digno de su atención. Tres «zumbaos«, valga el término, a los que afortunadamente ya nadie les hace caso, por mucho que persistan en predicar desde sus autoconstruidos e imaginarios púlpitos, o que se atrevan a ir a otras ciudades a tratar de enseñarles cómo deben hacerse las cosas, con el único argumento esgrimido de que siempre se ha hecho así en su particular y rancia visión de la capital sevillana. O por mucho que tengan la torpeza de irse a otros lugares realizando un seguimiento únicamente a las bandas de su propia ciudad, obviando todo lo demás.

Pero decía que, afortunadamente, ya nadie les hace caso ni les toca las palmas como sucedía antes, ni tan siquiera muchos vecinos suyos, que han terminado por abrir los ojos para dejarse deleitar, cuando no enamorar, por las cofradías de otros puntos de nuestra tierra, que también es la suya. Ello es perfectamente compatible con, por ejemplo, afirmar que nunca dejarían de ver su Semana Santa para irse a otro lugar. Yo tampoco lo haría. Pero sí que se empieza a valorar y reconocer que fuera de las fronteras sevillanas también se hacen las cosas muy bien, y ya no existen referentes únicos e inamovibles en cuanto a lo cofrade. Fácilmente podemos recurrir al desembarco de Rosario de Cádiz y Pasión de Linares en Sevilla. Por mucho que los tres o cuatro enchaquetados con micrófono en la mano trataran de pisotear su llegada, el público sevillano aplaudía sin dudar las excelentes actuaciones de estas bandas foráneas. La repercusión que tuvieron quienes trataban de infravalorar o ensuciar su llegada fue nula. Lo mismo sucede con marchas dedicadas a imágenes de otros puntos de la geografía, y que cada vez con más frecuencia suenan en la Semana Santa sevillana. También podríamos citar el caso de artistas foráneos, que con asiduidad presentan trabajos en la capital andaluza. Las fronteras de tiempos pasados se diluyen como un azucarillo.

Por poner un ejemplo que suele causar cierta expectación, y además es muy reciente. He leído mucho comentario sobre qué formaciones musicales sobresalieron en la Magna malagueña. Cada cual arrima el ascua a su sardina, como no podía ser de otra manera. Es innegable, por citar el caso más mediático, que Virgen de los Reyes ofreció un nivel muy alto tras el trono de la Sentencia. La banda sevillana, por fortuna, parece empeñada en recuperar el prestigio perdido durante algún tiempo, también en acontecimientos similares al que nos ocupa. Pero yo me pregunto… ¿alguien puede decir que Redención de Córdoba o su homónima de Sevilla, la Vera-Cruz de Campillos o San Lorenzo Mártir de Málaga estuvieron peor, cada una en su estilo? En mi opinión, no, y es tan sencillo como que existen formaciones musicales a muy alto nivel en prácticamente todos los rincones de nuestra tierra. Lo mismo podríamos apuntar de bandas como el Carmen del Perchel, el Liceo de Moguer -que ya suena en la Semana Santa de Sevilla- o la Paz de Málaga -que bien podría hacerlo también-, y si hubiera tocado la Banda del Paso y la Esperanza o la del Cautivo, sería exactamente igual. Son bandas de un altísimo nivel que no van a ofrecer actuaciones peores que cualquiera de Sevilla.

En cuanto a la prensa cofrade en general, también vengo observando un llamativo cambio de tendencia. Existía antes un formato tradicional y localista, el de Pasión en Sevilla, medio cofrade del diario ABC, en el que única y exclusivamente se hablaba de lo que acontecía en la ciudad de la Giralda. Era un modo de hacer las cosas que concentraba al público según su localización, si bien existía cierta predilección a lo que sucedía en la capital andaluza. Eso ha ido cambiando de forma paulatina. Hoy podemos ver a Pasión en Sevilla hablando de hermandades hasta de fuera de la provincia, algo que antes resultaba impensable, aunque aún tienen cierta tendencia a tratar lo foráneo como algo exótico. Lo mismo sucede en formatos radiofónicos o televisivos, que albergan espacios para hablar de lo que sucede allende las fronteras del lugar. Mucho he criticado a Canal Sur por la falta de equidad con la que trataban el ámbito cofrade según la localización geográfica, pero he de decir que últimamente también veo a la cadena andaluza dar pasos en el sentido del que venimos hablando en este artículo. Para muestra, el programa que hicieron en Semana Santa en 2021, prestando una atención medianamente igualitaria a distintas hermandades de Andalucía. Esta tendencia se ha ido extrapolando a otras zonas. Por supuesto que existen los formatos localistas, y no deben dejar de hacerlo. Pero es innegable que los grandes referentes de la información cofrade tienen, al menos, un porcentaje de su estructura reservado a las hermandades andaluzas. Algo en lo que me van a permitir que levante un poco la mano, y es que desde hace muchos años este portal viene haciendo, tratando, o al menos eso se intenta, con el mismo respeto a cualquier hermandad cordobesa o sevillana que a otra que proceda, por ejemplo, de la Alpujarra granadina. Hace tiempo era impensable que existiera un medio que albergara contenido a nivel global andaluz. La tendencia, ahora mismo, es clara en ese sentido. Y me siento especialmente orgulloso de estar en un medio que se ha situado a la vanguardia en este sentido, aunque se tenga tanto que aprender en otros aspectos, nadie lo duda.

En definitiva, el comportamiento del cofrade andaluz, por fortuna, ha sufrido un cambio de tendencia, cuyo punto de inflexión bien podría situarse en la Magna cordobesa de 2013, que supuso un auténtico principio del fin de ese ombliguismo tan rancio y casposo que hacía solo dirigir las miradas a la ciudad de la Giralda. Desde entonces, se ha venido confirmando en grandes eventos cofrades, como la reciente Magna malagueña de octubre de 2021. Si bien hace décadas, no muchas, únicamente se conocía la Semana Santa de la propia ciudad -la que fuera- y la de Sevilla, hoy en día las miras se han ampliado notablemente. Las fronteras se diluyen a la par que avanza el fenómeno de la globalización y el de Internet y las redes sociales, que mucha responsabilidad han tenido y tienen este cambio de tendencia. Y todo ello, si me lo permiten, se traduce y se seguirá traduciendo en un enriquecimiento de nuestra Semana Santa, sea del lugar que sea. Hoy se puede aprender en todos los ámbitos cofrades -arte sacro, tradiciones, cultos, bandas…- de cualquier lugar de nuestra geografía, porque en todos los sitios hay quienes tienen la capacidad y el conocimiento de expresar su fe de un modo digno de valorar. Actualmente, tenemos esa ventaja con respecto a nuestros predecesores, que por desgracia no gozaban de las posibilidades que ahora tenemos a nuestra disposición. Hay que aprovecharlas bien.