Jaén

El reencuentro de Baeza con el Divino Caminante

El tic-tac de los relojes cada vez iba más lento, el incienso afloraba más nuestros sentidos, las bullas cuaresmales no se querían deshacer en el cancel de San Andrés y los corazones agarraban una cuaresma que quería ser eterna ante el peor de los presagios que cada vez se sentía más cercano, a pesar de que jamás queríamos que llegase.

Ante el Señor del Rescate, hace ahora un año se contenían lágrimas, sus pies sentían el beso de sus hijos y las caricias que se deslizaban sobre sus dedos para después, tras rozar los pies del Señor que camina sobre las almas de los baezanos, hacerse la señal de la Santa Cruz. En esa capilla, donde cada día se alzan en silencio oraciones e intenciones, se paró la Cuaresma y para tantos ciudadanos proyectos que aún están por retomar.

Ante Jesús del Rescate todo se paró, fueron los últimos cultos que se pudieron celebrar antes de que la historia, obligará a los baezanos a escribir las emociones en las noches de un confinamiento que solo nos permitió ver la luna de Nissan a través de la ventana.

Pero Cristo continuo caminando a nuestro lado, como camina cada Jueves Santo por las calles de la eterna Baeza, la cual detiene su paso, para dejar que sea el Señor del Rescate quien guie los pasos de esta ciudad, la cual hoy, al llegar el primer viernes de marzo, caminó hasta sus plantas en la antigua colegiata.

Las cosas de Dios no cambian y por ello, el reencuentro de Baeza con el Rey de Reyes, fue como si el tiempo no se hubiera parado. Allí estaba Cristo entre cera color tiniebla, con nubes de incienso que inundan los aledaños del templo, con sus manos maniatadas, con su cabeza cabizbaja y con sus ojos entreabiertos al mundo. Él sabía el nombre de todos los que estaban allí….en muchos ojos había lágrimas, otros inmortalizaban la estampa con su teléfono, a otros les bastó con verlo desde lejos y otros no fueron capaces de rezar, pero a pesar de ello, el Señor sabía lo que su corazón necesitaba.

Podría contar muchas cosas del reencuentro de Baeza con el Señor del Rescate, pero las más notables crónicas, eran las que estaban sentadas en los bancos de San Andrés, pues detrás de cada alma, se escribe una historia de amor entre el Divino Caminante y sus fieles.

A continuación, unas fotografías de la veneración:

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