La Hermandad de la Buena Muerte de Jaén conmemorará en 2026 el primer siglo transcurrido desde su fundación con una celebración extraordinaria de especial relevancia para la corporación. El próximo 3 de octubre de 2026, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte recorrerá las calles de la capital jiennense en una Solemne Procesión Extraordinaria organizada con motivo del I Centenario Fundacional de la cofradía, correspondiente al periodo comprendido entre 1926 y 2026.
Para esta efeméride, la hermandad ha querido confiar el acompañamiento musical a la Banda de Cornetas y Tambores de la Salud de Córdoba, una formación considerada entre las más destacadas del panorama contemporáneo dentro de su estilo. La elección responde a una clara apuesta por la excelencia artística y permitirá establecer un binomio entre la imagen de Jacinto Higueras Fuentes y la formación cordobesa que, por su carácter excepcional, está llamado a dejar múltiples imágenes para la historia de esta celebración centenaria.
Un Crucificado de Jacinto Higueras Fuentes
El Cristo de la Buena Muerte fue realizado en 1927 por Jacinto Higueras Fuentes, empleando madera de aliso para la talla y una cruz de madera de caoba, de sección plana, sobre la que aparece crucificado. La imagen fue sometida a una intervención de restauración en 2009 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Artístico.
Desde el punto de vista iconográfico, la escultura representa a Cristo muerto en la cruz, una condición que queda expresamente subrayada por la herida de la lanzada abierta en el costado derecho. La figura se encuentra fijada al madero mediante tres clavos, con la superposición del pie derecho sobre el izquierdo, y porta una corona de espinas tallada en la propia cabeza.
La composición se articula frontalmente, sin torsión del tronco, y revela un minucioso tratamiento de la anatomía. El cuerpo presenta cierto desplome, con la cabeza inclinada hacia el pecho y ligeramente hacia la derecha, mientras que los brazos muestran un acusado arqueamiento en relación con la cruz. El sudario, anudado en el lado izquierdo, se caracteriza por una disposición horizontal de sus pliegues y por una cierta rigidez en su tratamiento.
El rostro reproduce los rasgos propios del momento posterior a la muerte, aunque sin recurrir a una expresividad excesivamente dramática. Los ojos aparecen cerrados y rehundidos, los pómulos se encuentran levemente marcados y la nariz mantiene un perfil recto. El cabello se organiza con raya central y escaso relieve en la zona más próxima al cráneo, mientras que la gubia apenas profundiza en el tratamiento del bigote. En cambio, el mechón que cae por el lado derecho y la barba adquieren una mayor profundidad y dinamismo.
Naturalismo, anatomía y expresividad
La anatomía del Crucificado muestra las costillas marcadas y el vientre rehundido, mientras que tanto los brazos como las piernas presentan la tensión muscular asociada a la muerte por crucifixión. Las manos adoptan una posición crispada y, en la espalda, la policromía reproduce las huellas de la flagelación mediante la representación de diversas heridas.
La ejecución de la imagen incorpora recursos expresivos de carácter naturalista, alejados en cierta medida de la tradición barroca que había marcado buena parte de la imaginería andaluza. Sin embargo, la obra revela un evidente dominio de la anatomía y una utilización medida de los recursos plásticos, empleados para construir un lenguaje expresivo propio.
En esta concepción se advierte, además, una herencia parcial de la producción religiosa de Mariano Benlliure, maestro de Jacinto Higueras Fuentes, cuya influencia se integra en una talla dotada de personalidad propia y de una particular manera de abordar la representación de la muerte de Cristo.
De una antigua cofradía de Gloria a una hermandad de Pasión
La actual corporación tiene su origen en 1926, cuando se transformó una antigua cofradía de Gloria, la del Señor de la Buena Muerte, establecida desde mediados del siglo XVIII en el convento de La Merced. Aquella corporación veneraba una portentosa imagen que representaba el momento en el que, después de la flagelación, Jesús recoge sus vestiduras.
La talla había llegado desde Granada en 1726, traída por la familia Mírez y atribuida a José de Mora. La cofradía gozaba de un altar privilegiado de difuntos, circunstancia por la que la imagen era considerada «ABOGADO de la BUENA MUERTE».
Entre sus principales fines se encontraba la atención al entierro y al sufragio de sus hermanos, mientras que su fiesta se celebraba durante el mes de mayo. Sin embargo, en la década de los veinte del siglo pasado atravesaba una situación marcada por la escasez de apoyos y de cofrades, manteniéndose activa gracias a determinadas familias vinculadas históricamente a sus filas.
En ese contexto, un grupo encabezado por Manuel Cañones de Quesada decidió impulsar la revitalización de la corporación mediante su transformación en una cofradía de Pasión. Como parte de aquel proceso, se encargó un Crucificado al escultor Jacinto Higueras Fuentes, natural de la provincia, y, tras superar algunas resistencias, la nueva hermandad quedó establecida en la Santa Iglesia Catedral.
El Excmo. Cabildo facilitó asimismo la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, que había llegado a la Catedral procedente del extinguido convento de Carmelitas Descalzos. Posteriormente, en 1930, se incorporó una imagen de San Juan, obra del escultor valenciano Francisco de Pablo.
Una hermandad decisiva en la revitalización de la Semana Santa jiennense
Desde su primera salida procesional, en 1927, la Hermandad de la Buena Muerte desempeñó un papel de especial importancia en la revitalización de la Semana Santa de Jaén. El respaldo obtenido de distintas personalidades permitió que aquella primera procesión adquiriera una inusitada belleza y brillantez, al tiempo que la corporación promovía iniciativas que hasta entonces resultaban desconocidas en la ciudad.
Este conjunto de circunstancias contribuyó a dotar a la hermandad de un carisma indudable y a consolidar una imagen de seriedad y señorío que ha marcado su trayectoria desde aquellos primeros años hasta la actualidad.
Desde 1986, la corporación ostenta la condición de Hermandad Sacramental.
La incorporación de la condición sacramental
El proceso se inició en 1985, cuando la Cofradía de la Buena Muerte recibió su nombramiento como Hermandad Sacramental al asumir a la extinguida Cofradía Sacramental de la Iglesia de Santa María —Sagrario— de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, que constituye su sede canónica.
Esta incorporación fue posible gracias a la iniciativa conjunta de su párroco y, en aquel momento, también capellán de la Buena Muerte, el M. I. Sr. Manuel Caballero Venzalá (+), y del entonces hermano mayor, Manuel Cañones Rodríguez (+), quienes trabajaron intensamente para hacer realidad el proceso. De este modo, la Buena Muerte asumió a la más antigua Cofradía Sacramental de la ciudad de Jaén y se convirtió en la primera cofradía de Pasión a la que se concedía esta condición.
La nueva dimensión sacramental reflejaba la dedicación que la hermandad había mantenido históricamente en la atención al culto al Santísimo Sacramento en la Catedral, así como su especial colaboración con el Cabildo Catedral en la organización de la Procesión del Corpus Christi y en el sostenimiento de la tradicional celebración de la Octava del Corpus.
Desde entonces, la corporación forma parte de manera permanente de la comisión organizadora del Corpus. Entre sus responsabilidades se encuentran el cuidado, montaje y dirección de la carroza del Santísimo para la procesión y la Octava, la organización del Pregón de Exaltación al Corpus Christi junto con el Triduo Sacramental en la Catedral, el engalanamiento de las fachadas principal e interior con motivo de esta celebración y el volteo de campanas durante la víspera.
Por su condición de Hermandad Sacramental de la Catedral, corresponde asimismo a la corporación portar el palio de respeto en el traslado del Santísimo durante el Jueves Santo y en la Procesión y la Octava del Corpus. Tras el Santísimo, la hermandad participa corporativamente portando el estandarte Sacramental que perteneció a la primitiva corporación del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral.
La procesión extraordinaria del 3 de octubre de 2026 se inscribirá así en una trayectoria histórica que alcanza su primer centenario y que ha convertido a la Hermandad de la Buena Muerte en una de las corporaciones fundamentales de la Semana Santa jiennense, con el Cristo de Jacinto Higueras Fuentes como eje de una conmemoración en la que también tendrá un papel destacado la Banda de Cornetas y Tambores de la Salud de Córdoba.





