El rincón de Costal Hero | Separtasión radikal

¡Tos por igual, valientes! ¡A esta es! 

He estado leyendo la columna de La Revirá sobre este asuntillo del Jueves Santo cordobés y no estoy para nada de acuerdo. A mí me parece estupendo eso de ir dejando huecos entre las cofradías, ¿qué quien que les diga? Es más, ya que nos ponemos, yo propondría directamente una «separtasión radikal«: una cofradía por día y aquí paz y después gloria. Se acabaron las prisas, los encajes, los cruces y los trenecitos, esa maravillosa costumbre de meter media Semana Santa por una calle al mismo tiempo como si estuviéramos jugando al Tetris con pasos. Una cofradía por día y que cada cual la saboree sin mirar el reloj, con pachorra. Desde que sale hasta que llega a casita, con tiempo para contemplarla, analizarla, grabarla, fotografiarla, comentarla, hacerle un directo y, si se tercia, aprenderse hasta el nombre del último músico de la banda —seguro que algunos esto ya se lo sabe, jajaja—. El que quiera degustarla entera, enterita, desde la cruz de guía hasta el tío del carrito, podrá hacerlo sin necesidad de echar los dientes por delante para alcanzar el siguiente punto. Todo son ventajas, mi arma. Un plan sin fisuras.

Sería cojonudo para las bandas punteras, que aquí hay mandanga para rato. Con la «separtasión radikal«, algunas podrían tocar tantas veces en Semana Santa que acabarían llegando a la Resurrección con los labios de trompeta pidiendo auxilio y el brazo de la percusión solicitando una excedencia. ¡57.000 veces en Semana Santa, por lo menos! Una detrás de otra, sin descanso, porque si vamos a hacer las cosas, las hacemos a lo grande. ¡Qué tute der Galileo nos íbamos a dar, qué gozada! Aquello sería un orgasmo colectivo para los «cayetanos» del palo selfie, capaces de plantarse delante de un paso durante siete horas y media grabando hasta el suspiro del pertiguero. Uno con el móvil arriba, otro con el móvil arriba, otro con el móvil arriba… la Semana Santa patrocinada por MediaMarkt. Y no digamos ya los «frikimusifrades«, siguiendo a las bandas punteras como quien persigue a los Rolling Stones en una gira mundial, móvil en alto y repertorio memorizado hasta para cantárselo al niño antes de dormir. Alguno acabaría pidiendo vacaciones para descansar de sus vacaciones, o en una clínica de desintoxicación.

Y hablando de drogas, los grandes beneficiados serían los yonkis del costal. Porque si cada jornada tuviera una sola cofradía, tendríamos trabajaderas para aburrir. Mes y medio —u más —sacando pasos, mi arma. Una chicotá detrás de otra y de otra y de otra hasta que la faja pidiera un convenio colectivo. Y para los capataces que coleccionan llamadores, aquello sería directamente Disneylandia: más días, más pasos y más oportunidades de ampliar la colección. ¡Más llamadores que incorporar a la vitrina! Alguno iba a necesitar una nave industrial para guardar los martillos.

Y qué decir del responsable de la «delegación de prosesión o como se diga». Se acabó el encaje de bolillos. Coge el calendario, asigna una cofradía a cada día y a otra cosa. Se iba a poder ahorrar esa pregunta recurrente: «Bueno, esto lo cerramos ya, ¿no?» Pues sí, criatura, cerrado. ¡Ea, siguiente! Una sencillez administrativa que hasta podría permitirle salir antes de trabajar. Y todavía nos queda la SGAE, que con semejante invento tendría un auténtico paraíso terrenal: control de repertorios de principio a fin, banda localizada, repertorio perfectamente analizado y ni un acorde escapándose por una esquina para poder cobrar su correspondiente «impuesto revolucionario», con los pelos de la burra en la mano, como decía aquel periodista deportivo cuyo nombre ahora mismo no recuerdo. Mientras tanto, los demás tan tranquilos, disfrutando sin esos flashmobs callejeros en las que una cofradía parece perseguir a otra para darle un abrazo. Yo no veo fallas en el plan. Eso sí, habría que pedir unos cuantos días más de calendario litúrgico, pero tampoco vamos a ponernos tiquismiquis. Desde los dirigentes hasta los «periolistos«, que son gente trabajadora y sacrificada, seguro que encuentran la solución. Costal Hero, por tanto, lo tiene clarísimo: «separtasión radikal«, mi arma. Una cofradía, un día, y que trabaje el que tenga que trabajar. Y yo a gossar con mi Cruzcampo en la mano. Un plan sin fisuras, si señor…

¡Ahí quedó!