El Rincón de la memoria | Dos Vía Crucis: cincuenta años de historia de la Hermandad de Palmeras

Cincuenta años de historia y de Hermandad. Cincuenta años que separan el primer Vía Crucis de la Hermandad de la Piedad de Palmeras con el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías. Cincuenta años dirigidos a los más necesitados, a su Barrio, por el que se han entregado las sucesivas Juntas de Gobierno para intentar paliar o disminuir las numerosas diferencias que existen con el resto de la población. Cincuenta años de anteponer su crecimiento patrimonial a lo verdaderamente importante y esencial en una Cofradía.

A muchos de los primeros hermanos y feligreses les llamaba poderosamente la atención que en los ritos iniciales de la Liturgia en la Eucaristía, después del acto penitencial, se pronunciara la aclamación y súplica “Señor ten Piedad, Cristo ten Piedad. Por eso se eligió esa advocación para el Cristo”

Este sábado pondrá su Cruz de Guía en la calle para presidir con su Imagen Titular el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías. Con la novedosa y singular disposición del Señor de la Piedad, verticalmente, sobre la nueva parihuela que ha confeccionado su hermano Javier Bueno con ayuda del resto de la Junta de Gobierno, la corporación cordobesa volverá a hacer historia.

A las 16:30 horas del sábado el impresionante crucificado partirá hacia la Catedral, dirigido por el equipo de capataces, compuesto por Rafael Díaz Moreno, Raúl Torres Ruiz, Manuel Díaz Rosa y Álvaro Gómez Ariza para alcanzar, en riguroso silencio, el centro de la ciudad, donde se unirá “Ad Finem Tecum” con su música de capilla para adornar con sus sones este largo recorrido. Posteriormente, a las 21:00 horas regresará a su Casa dejando estampas únicas por las calles Romero, Almanzor y Puerta Gallegos.

Cincuenta años separan a los dos Vía Crucis de mayor importancia que ha protagonizado la Hermandad de Palmeras. En marzo de 1972, primer contacto con la antigua Imagen del Santísimo Cristo de la Piedad recién llegado a su Templo, portado por primera vez a hombros por sus hermanos a la caída de la noche por el lado derecho del arroyo Cantarranas que rodea la Parroquia de San Antonio María Claret, y el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías que la Claretiana Hermandad tendrá la oportunidad de protagonizar el próximo sábado 17 de febrero con su nueva Imagen Titular.

Cincuenta años de historia y de Hermandad. Cincuenta años de ricas experiencias, convivencias y crecimiento espiritual que se contraponen al crecimiento patrimonial, que por las circunstancias socioeconómicas de sus hermanos ha quedado relegado a lo verdaderamente importante, delegando aspectos que realmente deberían ser complementarios pero que, por desgracia, son el baluarte de otras Hermandades. Una hermandad siempre agradecida con todas las personas que han ayudado y nunca olvidará el apoyo de otras cofradías y entidades.

«El Cristo había sido adquirido en Sevilla y mi padre lo trajo en la baca de su coche»

Gente de Paz ha entrevistado a su Hermana Mayor, Pilar Torrecillas Báez, y a su Vice Hermano Mayor, José Luis Pulido Ruiz, coincidiendo el Vía Crucis con el comienzo del segundo siglo de historia de la Hermandad, para que nos ofrezcan los pormenores del Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías del próximo sábado, 17 de febrero. Un acontecimiento para el que la hermandad se ha volcado, con mucho cariño, entronizando al Santísimo Cristo de la Piedad en posición vertical con el objetivo de diferenciarlo de la inolvidable jornada de su bendición, que tuvo lugar el pasado 19 de febrero de 2023, y de innovar y acercar la Imagen a los cordobeses en la posición para la que fue creada, de manera que pueda contribuir con su grano de arena a la Semana Santa de Córdoba. Una hermandad agradecida a Olga Caballero por haberla distinguido para este primer acto de Cuaresma y soñando con el próximo sábado, en el que se estrenará parihuela y el juego de ciriales y la pértiga, de las que tendremos oportunidad de informar más adelante.

Tanto José Luis como Pilar se remontan a la fundación de la Hermandad, en la entonces nueva Parroquia de San Antonio María Claret, en el barrio de Palmeras. José Luis, por ser mayor que Pilar tenía por entonces cinco años. Nos cuenta que figura en el listado de hermanos en el acta fundacional y que recuerda con mucho cariño aquellos inicios de su hermandad. Previamente a esa fundación, el 21 de marzo de 1972, se había realizado una labor por parte de un grupo de personas vinculadas con la Parroquia y el barrio, cuando todavía existían las casitas portátiles que ilustran este reportaje, y las Eucaristías se realizaban por sorteo cada domingo en el salón de una de ellas, utilizando como confesionario uno de los dormitorios. Según comenta José Doblas Vargas, hermano fundador también de esta hermandad, era muy común la pelea, coloquialmente hablando, por la familia a la que le tocaba ese domingo se celebrase la Eucaristía en su casa.

«Los devotos se colocaban tras el Crucificado y en su caminar confesaban públicamente sus pecados»

Estos primeros hermanos habían desarrollado una labor previa, realizando estudios cuyo resultado se trasladó al Obispado de Córdoba, con la finalidad de resolver la necesidad que se percibía para una atención religiosa, no existente por aquel entonces, que canalizase de alguna manera la religiosidad popular muy presente en esos años. Para ello se creó una Hermandad y una Parroquia a través de las cuales se pudiera fortalecer y dirigir la Fe de estas personas, además de contribuir a revitalizar un barrio marginal con otras deficiencias, que eran muchas, también de tipo sociocultural.

Los primeros sacerdotes que, por aquel entonces, atendían al barrio eran Don Moisés Delgado Caballero y Don Antonio Mejías Castilla. Al poco tiempo, llegó la Orden de los Padres Misioneros Claretianos, con Don Facundo y posteriormente, Don Javier, sacerdotes que se hicieron cargo de realizar esta labor de evangelización y atención religiosa.

«Los primeros Estatutos de 1972, aceptados y firmados por el entonces obispo José María Cirarda Lachiondo, como curiosidad, fueron los primeros en aceptar a la mujer en todos los ámbitos, incluida en la Junta de Gobierno»

José Luis nos cuenta que la imagen que más le impactó fue en la Cuaresma de 1972, cuando realizó su primer Vía Crucis la anterior Imagen del Santísimo Cristo de la Piedad, quizá el 24 de marzo de ese año, no lo puede concretar. El Cristo había sido adquirido en Sevilla y su padre lo trajo en la baca de su coche. La hermandad dispuso una procesión sin ningún tipo de enseres y el barrio se volcó completamente con la nueva Cofradía, llamándole mucho la atención que entonces los devotos se colocaban tras el Crucificado y en su caminar confesaban públicamente sus pecados. Una de las primeras asambleas para los vecinos, devotos y posteriormente hermanos, fue elegir el nombre de su Titular en votación sobre las propuestas que había realizado la Cofradía.

A muchos de estos primeros hermanos y feligreses les llamaba poderosamente la atención que en los ritos iniciales de la Liturgia en la Eucaristía, después del acto penitencial, se pronunciara la aclamación y súplica “Señor ten Piedad, Cristo ten Piedad”, como rezo personal que por las características socioeconómicas del barrio llevaban presente en el día a día, advocación que posteriormente incorporó la Hermandad en su Título Cristífero. A ello se añadía la devoción por la Piedad en Córdoba, por la Hermandad y la Virgen de las Angustias, de uno de los fundadores y primer Hermano Mayor de la Cofradía, su padre, José Luis Pulido Galán, principal valedor de la Hermandad a lo largo de su Historia. A él, y al Sacerdote Juan Márquez, ambos fallecidos, les dedicó un capataz de la hermandad, Luis Maya Pardal, la primera “levantá” junto al palco de autoridades en su primera Carrera Oficial el 4 de abril de 2012. Pilar nos cuenta que por aquel entonces era la Hermana Mayor de la Hermandad y que es uno de los momentos de mayor vivencia de su vida, que fue una vivencia única e irrepetible.

Estas peculiaridades del barrio han condicionado desde siempre su lenta e irregular evolución, donde han quedado multitud de iniciativas por el camino

Pero han sido muchos los colaboradores, de otras Hermandades, principalmente de la Cofradía de las Angustias y la Cofradía de los Dolores, pero la principal ayuda y la que menos se visualiza por desgracia y desde su punto de vista es la más necesaria, la han protagonizado los Misioneros Claretianos y las Hermanas Ursulinas. Con los que José Luis, personalmente, he tenido más relación y conoce su gran labor de primera mano, trabajando estrechamente con la Hermandad. Es el caso del Padre Facundo, Juan Márquez, Juan Miguel, Agustín, Andrés, Santiago, Jaime, y los actuales párrocos “in solidum” José Ramón, Pablo, y Jesús.

Regresando a los inicios. Los primeros objetivos de la hermandad tenían en cuenta las características de su entorno y no daban pie a pensar en otra cosa distinta que en «formar religiosamente» y colaborar con la Parroquia de San Antonio María Claret en sus necesidades «administrativas, pastorales y asistenciales», como se recoge en los primeros Estatutos de 1972, aceptados y firmados por el entonces obispo José María Cirarda Lachiondo, que también, como otra curiosidad, fueron los primeros en aceptar a la mujer en todos los ámbitos, incluida en la Junta de Gobierno, motivo por el que varias de ellas formaron parte de la misma desde entonces.

Será la década de los ochenta la de mayor actividad y pujanza desde la fundación. En esos años la hermandad creará también una banda de cornetas

En el prólogo de los primeros Estatutos y previo a la propia fundación de la Hermandad, figura también una labor de apostolado, que consistió fundamentalmente en dar mayor formación religiosa a niños en edad escolar, a jóvenes de ambos sexos, ayudando a la Parroquia en labores administrativas, personales, pastorales y de acción asistencial. Desde el primer momento la meta fue la evangelización; y los medios, austeridad, extremos éstos recogidos en estos primeros estatutos que huyeron del boato y la ostentación, como no podía ser de otro modo, con un entorno como el de Palmeras. Queda también plasmado en la última modificación estatuaria de la Hermandad en su artículo o regla nº 17, donde se señala como fin primordial la acción caritativa dirigida no solo a sus miembros, sino hacia las personas no vinculadas a ella y sobre todo a las acciones emprendidas sobre el particular por la Parroquia, eje fundamental durante décadas de ayuda para estos vecinos.

Estas peculiaridades del barrio han condicionado desde siempre su lenta e irregular evolución, donde han quedado multitud de iniciativas por el camino. Nos siguen contando sobre la historia escrita y verbal de su Hermandad que en la memoria del primer año se pone en evidencia la «problemática que presenta el barrio de cara a un apostolado», que la hermandad comienza mediante charlas y con la publicación de una hoja que repartía entre los vecinos, con quienes colabora en conseguir trabajo. De este modo, su pretensión inicial se enmarca claramente en la integración y desarrollo social del barrio de Palmeras. Esta labor «callada» es la «más meritoria», recoge el mismo documento, por lo que el colectivo deja a un lado por el momento el interés por una estación de penitencia al modo de otras hermandades que, no obstante, no descarta de cara a un futuro.

En 1983 se entabla contacto con claretianos de Sevilla, que ceden de forma gratuita una imagen que se encontraba en la casa-capilla en la calle Doña Guiomar. La talla recibe el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza y se incorpora al paso del Cristo, que va a ruedas y que durante esa década finaliza su recorrido en Costa Sol donde realizaban un descanso de tan extenso recorrido

Será la década de los ochenta la de mayor actividad y pujanza desde la fundación. Permanecen inalterables sus principios por los que la hermandad trabaja con la finalidad de rescatar a sus vecinos de la pobreza, marginación; de la calle en último término. Los años ochenta, representaron un aumento en su actividad cofrade con la creación de la primera Banda de Cornetas y Tambores que acompañó a muchísimas hermandades de las provincias de Córdoba y Málaga fundamentalmente. La corporación solicitó al Ministerio de la Vivienda un local en el barrio como sede social e incluso el Obispado fue el que animó a la Hermandad a adherirse a la Agrupación de Cofradías.

La devoción que las imágenes provocaban en los vecinos durante la procesión, que se realizó durante muchos años el Viernes Santo, llevaron a la comunidad claretiana y a la hermandad a interesarse por contar con una imagen de la Santísima Virgen. Así, en 1983 se entabla contacto con claretianos de Sevilla, que ceden de forma gratuita una imagen que se encontraba en la casa-capilla en la calle Doña Guiomar. La talla recibe el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza y se incorpora al paso del Cristo, que va a ruedas y que durante esa década finaliza su recorrido en Costa Sol donde se realizaba un descanso de tan extenso recorrido, y plaza por donde en la actualidad y desde que la Hermandad pisara la Carrera Oficial en 2012 se continúa transitando.

La década precedente, la de los años ochenta, representó un aumento en su actividad cofrade con la creación de la primera Banda de Cornetas y Tambores que acompañó a muchísimas hermandades de las provincias de Córdoba y Málaga fundamentalmente

Unos años después se volvió a portar la Imagen del anterior Crucificado a hombros, destinando el paso a la Virgen; si bien con el tiempo la Cofradía volvió a llevar a sus Titulares en las mismas andas procesionales que hoy en día se mantienen con la Virgen a los pies de su Hijo hasta el año 1991 que relegan las ruedas e introducen la figura del costalero con dos cuadrillas, de hombres y de mujeres.

No obstante, la difícil situación económica y la poca vida que a finales de los ochenta tiene la hermandad con excepción de la Cuaresma llevan a su asamblea de hermanos y a los claretianos en 1989 a suspender algunas de sus otras actividades de manera temporal, si bien la procesión continuó celebrándose en los noventa, sólo por Parque Azahara, Electromecánicas, Las Palmeras y Miralbaida, e incluso en ese tiempo se crea otra banda, esta vez juvenil que, como la primera, se extinguió. Fue posible gracias al empeño de la parroquia y de varios cofrades que, pese a todo, en 1999 optaron por no realizar estación de penitencia.

La escuela de carpintería permitió reformar el paso, obra del escultor Castillo Ariza, que bajo la dirección de José Carlos Rubio Valverde se pudo recuperar

Otros responsables de la Hermandad han explicado que el barrio consideraba que había otras prioridades y que una vez resueltas reforzarían a la hermandad. Se logrará con los dos proyectos sociales o Escuelas Taller de textil y carpintería, aprobadas por el antiguo INEM, que se orientaron hacia las necesidades patrimoniales de la hermandad. Una vez finalizaron ambos, en 2003 arrancaría la creación del humilde patrimonio de la corporación. Prueba de ello fue la cooperativa Clarettex, que junto a la escuela, se encargaron de confeccionar el simpecado, el bacalao, el estandarte fundacional, la bandera, el senatus, el libro de reglas, las primeras túnicas y una saya para la Virgen. Por otro lado, la escuela de carpintería permitió reformar el paso, obra del escultor Castillo Ariza, que bajo la dirección de José Carlos Rubio Valverde se pudo recuperar.

Es entonces cuando la idea de llegar a carrera oficial comienza a cobrar fuerza, aunque sin prisa. Antes de todo, la hermandad redacta unos estatutos nuevos en los que la Virgen recibe la advocación de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra. El 14 de septiembre de 2000 el Obispado la erige canónicamente y, por fin, hace uso de su sede social que bendice el entonces obispo de la diócesis, monseñor Javier Martínez. En 2001, la hermandad ingresa en la Agrupación y desde entonces sus hermanos, cada Martes Santo, procesionaban con la esperanza puesta en poder llegar al centro de Córdoba, como harán a partir del año 2012 por un camino largo y difícil como el que ha desarrollado desde que se fundó el 21 de marzo de 1972.

Desde entonces, la Hermandad no ha dejado de organizar actividades que contribuyan a revitalizar el barrio de Palmeras en todas sus facetas, realizado su labor con proyectos dirigidos exclusivamente a los vecinos del barrio, mediante comedores, bancos de alimentos que han paliado la devastadora situación económica sobrevenida durante la pandemia, atenciones personalizadas, ayuda a mayores, y formación académica principalmente dirigida a retirar a los menores de la “calle” o a la inserción laboral, en esta última faceta con un proyecto o Escuela de Flamenco que financia la Fundación Cajasur, una Escuela de Música que ha financiado la Fundación Cajasol, una Escuela de Costura y bordado que han financiado La Caixa y la Obra Social Conjunta de la Agrupación de Cofradías, y una Escuela de Modelado, talla y orfebrería que actualmente está financiando el Cabildo Catedral de Córdoba.

No se ha descuidado tampoco la formación que la hermandad lleva a cabo desde el punto de vista religioso. En la actualidad la formación religiosa que lleva a cabo la Cofradía se centró el pasado curso en el “Camino Sinodal 2022-2023”, y por parte de la Parroquia mediante distintas Asambleas Parroquiales, fundamentalmente convocadas en formato de convivencia.

En 2001, la hermandad ingresa en la Agrupación y desde entonces sus hermanos, cada Martes Santo, procesionaban con la esperanza puesta en poder llegar al centro de Córdoba, como harán a partir del año 2012

Los proyectos sociales que la Hermandad trabaja diariamente se dirigen a jóvenes y adultos, de ambos sexos, del barrio de las Palmeras, para que con esta formación desarrollen habilidades que les permitan crear un perfil profesional y que converjan con sus propias inquietudes, ya sean dirigidos tanto a la inserción como a la reinserción laboral.

Sobre este último particular hemos de manifestar que el barrio es mayoritariamente joven; la pirámide de edad, que en nuestra ciudad se encuentra invertida, aquí tiene una posición normal. Generalmente, la unión de parejas se da a muy temprana edad, y la mayoría de los jóvenes tienen hijos en cuanto, biológicamente, se encuentran en edad de procrear. La mayoría de estas parejas viven con sus padres, abuelos o algún otro familiar. El paro afecta a más del 80% de los vecinos del barrio, acentuándose en la población juvenil. El poco trabajo que encuentran es totalmente precario. Sobreviven buscando chatarra, en la venta ambulante, etc… Se podría decir que “viven de lo que encuentran”. Normalmente reciben ayuda de Cáritas, que cumple un papel fundamental en cuanto a alimentación, y cuyo banco de alimentos gestiona la Hermandad junto con los Misioneros Claretianos de Miralbaida.

El paro afecta a más del 80% de los vecinos del barrio, acentuándose en la población juvenil. El poco trabajo que encuentran es totalmente precario

Las mujeres que trabajan se dedican a «echar horas» en el trabajo doméstico (en ocasiones ocultando que viven en Palmeras para que no peligre su empleo, aunque sea sumergido). Pocos familiares cobran el subsidio por desempleo y las ayudas sociales. Las características de la exclusión social se encuentran al orden del día. Ante esta situación es lógico que exista delincuencia y droga. El fracaso escolar supera el 70%, existiendo un porcentaje significativo de analfabetismo. En esta situación, el acceso a cursos de formación se les hace prácticamente imposible, máxime a aquellos con un cierto nivel técnico. Existe una alta tasa de absentismo escolar, con lo cual, cada año, baja el nivel de instrucción y crece el fracaso escolar.

No es casualidad que sea la única hermandad de Córdoba que cuenta con cuadrilla de hermanas costaleras y hermanos costaleros

Con este panorama, el futuro de la población juvenil de las Palmeras invita al pesimismo. Desesperanza y dejadez son estados de ánimo muy generalizados. Teniendo en cuenta la dificultad que encuentra la juventud de nuestro país, generalmente bien preparada, para acceder al empleo, ¿Qué esperanza les puede quedar a los jóvenes de las Palmeras, con mucha menos formación? La hermandad del Cristo de la Piedad constituida en el año 1972 ha gozado desde entonces de una gran simpatía y seguimiento en el barrio. Es, por tanto, una gran conocedora de la situación de sus habitantes, en especial de sus jóvenes de ambos sexos. No es casualidad que sea la única hermandad de Córdoba que cuenta con cuadrilla de hermanas costaleras y hermanos costaleros.

También es importante el peso de su grupo joven, que desde su creación, la Hermandad lo tiene en cuenta para plantear proyectos que les ofrezcan posibilidades o permitan abrir horizontes de esperanza e ilusión, ánimo para trabajar en grupo en las clases de la escuela taller de música y, sobre todo (lo más importante) que encuentren motivaciones para vivir de otra manera, eliminándose la imagen del joven hastiado, pasando los días por las esquinas, sin hacer ni esperar nada.

Es importante destacar que se eligen por la hermandad proyectos sociales que en el apartado o temática formativa musical puedan ofrecer una respuesta al perfil de muchos jóvenes y adultos del barrio, de ambos sexos, permitiendo trabajar con ellos desde sus propios intereses y aficiones, de ahí la Escuela de Flamenco que financia la Fundación Cajasur de Córdoba.

La Hermandad siempre ha tenido y tiene la esperanza de que la población juvenil de las Palmeras consiga darle un vuelco al barrio, desterrando la percepción tan negativa que tiene la sociedad cordobesa del mismo. Con esta desbordante ilusión la Hermandad afronta esta cita histórica, esperando al pueblo de Córdoba el próximo sábado, 17 de febrero, por las calles de nuestra ciudad para sentir su calor y la certeza de saberse un hermandad con mayúsculas, que lucha cada día para superar obstáculos inimaginables por otras hermandades, que conforman la cotidianidad de su barrio y es parte ineludible de su bendita e irrenunciable idiosincrasia.