El Rincón de la Memoria | La antigua Cofradía de la Pasión de Córdoba: Historia de una devoción, crisis y olvido

La historia de la Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo, también conocida como la Cofradía de la Pasión de Córdoba, se encuentra estrechamente ligada al antiguo Convento Dominico de los Santos Mártires Acisclo y Victoria. Como relataba Pedro de Madrazo en su obra Recuerdos y bellezas de España (1855), el convento albergaba espacios arquitectónicamente singulares: patios de arquería latina, capiteles árabes, antepechos con restos de azulejería y pequeñas portadas de ladrillo agramilado que combinaban armoniosamente estilos gótico, romano y mudéjar, creando un ambiente que seducía incluso en su estado de ruina.

La iglesia del monasterio, hoy cerrada y profanada, albergaba antiguamente soberbios escudos de armas de sus patronos, los condes de Torre Cabrera, y una techumbre de madera dorada y pintada de labor morisca, testigos de un pasado esplendoroso que permitía a reyes como Felipe II recorrer sus naves de rodillas en señal de veneración. Fue en este contexto donde, documentado en febrero de 1573, se encontraba establecida la incipiente cofradía, cuyos hermanos mayores debían rendir cuentas al visitador general del Obispado de Córdoba.

Crisis y unificación en el siglo XVI

La corporación pronto enfrentó dificultades. A finales del siglo XVI, una crisis profunda obligó a la unificación con la Cofradía de San Pedro Mártir, concretada en mayo de 1597. No obstante, esta solución no garantizó estabilidad, y la Hermandad de la Pasión atravesó un siglo XVII caracterizado por vaivenes continuos hasta que, ya en el XVIII, logró cierto fortalecimiento al trasladarse a la Iglesia de Campo Madre de Dios, bajo la dirección de los terciarios regulares de San Francisco, aunque hoy este templo se encuentra en estado de ruina.

Composición social y recursos

El estudio de la cofradía permite afirmar que la mayoría de sus miembros procedían del pueblo llano, con destacada influencia de artesanos y mercaderes. La actividad de la hermandad dependía de limosnas y cuotas de los cofrades, principal fuente de ingresos que garantizaba la celebración de sus desfiles procesionales.

Estación de penitencia y organización de los pasos

Lejos de contar con un día fijo de salida, la cofradía realizaba su estación de penitencia indistintamente en Miércoles o Jueves Santo, con un despliegue que alcanzaba hasta siete pasos: la Oración en el Huerto, el Ecce Homo, Jesús Nazareno, un crucificado, María Santísima de los Dolores, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.

Hacia la segunda mitad del XVIII, la corporación vivió un nuevo período de decadencia, saliendo solo cuando la situación económica lo permitía. Un ejemplo de ello se encuentra en las cuentas de 1771, donde se documentan gastos de 1.100 reales para la estación de penitencia, sufragados gracias a donativos de los fieles.

Transformaciones en el siglo XIX

El siglo XIX trajo consigo un cambio de denominación: la cofradía pasó a conocerse como Jesús del Huerto, en referencia a la advocación más popular de su desfile procesional. Asimismo, la composición social cambió, con los antiguos mercaderes y artesanos reemplazados por miembros del gremio de hortelanos.

Un informe de 1819 confirma que la cofradía continuaba saliendo en Miércoles Santo desde el Convento de Madre de Dios, con los hermanos ataviados con túnicas de holandilla morada y manteniendo los siete pasos mencionados, destacando especialmente la presencia de un crucificado.

Obstáculos y desaparición

A pesar de los intentos por mantener la actividad, la cofradía sufrió el saqueo de Córdoba en 1808 a manos de las tropas francesas, que destruyeron vestiduras e imágenes, incluyendo la Concepción, San Diego, Santa Rosa de Viterbo, Santa Margarita y la Virgen de los Remedios, así como varias de los Dolores y de Jesús.

Finalmente, la entrada en vigor del reglamento de 1820, que prohibía las procesiones de Semana Santa en Córdoba, selló el destino de la Hermandad de la Pasión. Tras este golpe, la corporación desapareció, dejando a las generaciones futuras solo fragmentos documentales de su rica trayectoria y un legado devocional que, aunque olvidado, sigue formando parte del patrimonio histórico y religioso de la ciudad.