El Señor de la Bondad se dispone para su salida procesional con un cuidado montaje iconográfico y nuevos estrenos patrimoniales

La apertura del humilladero del Pocito ha permitido contemplar el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, ya completamente dispuesto para la procesión prevista este sábado, en una estampa donde la estética y la teología se entrelazan con singular elocuencia. La escena, concebida con esmero, revela un conjunto en el que cada elemento ornamental y simbólico ha sido cuidadosamente seleccionado, ofreciendo al fiel una experiencia devocional de notable intensidad.

Un exorno floral de rica diversidad simbólica

El paso se presenta con un exorno floral de acusada variedad cromática y botánica, compuesto por claveles, proteas, rosas y astromelias, entre otras especies. Este despliegue floral, lejos de responder únicamente a criterios estéticos, subraya la solemnidad del conjunto y potencia su dimensión catequética.

Entre los elementos más significativos destaca un pequeño centro formado por doce rosas, dispuesto en la parte delantera del pozo. Este detalle, cargado de intención simbólica, se erige en homenaje a la Titular Mariana bajo la advocación de Reina de los Apóstoles, evocando así su presencia espiritual en el conjunto y su papel como eje de la comunidad creyente.

Estrenos escultóricos en el misterio

La jornada adquiere un relieve especial con la presentación de los nuevos estrenos incorporados por la Pro Hermandad, que enriquecen el discurso iconográfico del paso. Se trata de las tallas de la portera del patio de Caifás y el gallo, ambas obras realizadas por el escultor Antonio Bernal.

Estas incorporaciones no solo amplían la narrativa evangélica representada, sino que aportan una mayor profundidad escénica al misterio, aludiendo de forma directa a episodios vinculados al contexto de la Pasión, en particular aquellos relacionados con las negaciones de San Pedro.

La túnica roja: símbolo de sacrificio y realeza

Nuestro Padre Jesús de la Bondad viste en esta ocasión una túnica de terciopelo rojo, elección que trasciende lo meramente ornamental para adentrarse en el ámbito de la simbología teológica. Este color, profundamente arraigado en la tradición cristiana, evoca la sangre derramada durante la Pasión, el amor divino llevado hasta sus últimas consecuencias y el sacrificio redentor.

Asimismo, el rojo posee una dimensión litúrgica que acentúa el carácter martirial de Cristo, convirtiéndose en un recurso visual que anticipa su muerte y refuerza el núcleo doctrinal del cristianismo: la salvación a través del sufrimiento.

Tradición artística y profundidad evangélica

En la historia del arte sacro, el rojo ha sido igualmente símbolo de realeza, poder y dignidad, lo que permite subrayar la doble naturaleza —humana y divina— de Cristo. Esta dualidad se manifiesta con especial intensidad en los pasajes evangélicos en los que, como en la burla de los soldados, la humillación se transforma paradójicamente en signo de verdadera realeza.

En este contexto, la túnica de Nuestro Padre Jesús de la Bondad adquiere un significado aún más profundo, al vincular los relatos de la Pasión con la vivencia devocional contemporánea, especialmente en el ámbito del barrio de la Fuensanta, donde esta imagen se erige como referente espiritual.

Una invitación a la contemplación

La Pro Hermandad ha dispuesto un horario de apertura para que los fieles puedan acercarse a contemplar el conjunto en toda su plenitud, estableciendo el tramo de visita entre las 10:00 y las 13:00. Se trata de una oportunidad para participar de un momento de especial significación, donde arte, fe y tradición convergen en un mismo espacio.

De este modo, el Señor de la Bondad se presenta ante su pueblo no solo como imagen procesional, sino como síntesis viva de un mensaje de fe, amor y redención compartida, que encuentra en cada detalle —desde la flor hasta la talla— una expresión tangible de su profundidad espiritual.