El Simpecado de Coria: nuevas hipótesis en torno a una joya bordada por las insignes Zuloaga

En una tarde impregnada de solemnidad, el pasado jueves 24 de abril, la Hermandad del Rocío de Coria del Río abría las puertas de su capilla para acoger a hermanos y devotos en una esperada conferencia donde se desvelaron las últimas indagaciones sobre su venerado simpecado.

La investigación, conducida por el distinguido restaurador Pablo Pérez Díaz, técnico de la empresa CYRTA, ha abordado este valioso símbolo desde diversas vertientes: análisis estilísticos, estudios materiales y profundos exámenes técnicos han arrojado nueva luz sobre el enigmático origen de esta pieza de incalculable valor devocional y artístico.

Hasta la fecha, los escasos datos documentales apuntaban a que la adquisición del simpecado coincidió con la fundación de la hermandad en abril de 1849. Se consolidó así la tesis de que la insignia fue adquirida a una corporación anterior, descartándose definitivamente teorías que vinculaban su procedencia a hermandades filiales de Consolación de Utrera o a antiguos estandartes sacramentales, tras exhaustivas argumentaciones.

Especialmente revelador fue el análisis morfológico, que permitió descubrir afinidades con piezas históricas como el simpecado de la Hermandad del Amparo de Sevilla (1805) y el majestuoso simpecado de Gran Gala de la Asunción de Cantillana (1810). Resultan notables las semejanzas en los remates superiores de estas obras, donde la exuberancia de motivos vegetales se entrelaza con un refinado elemento arquitectónico en forma de cornisa, coronado en su centro por un exquisito penacho bordado.

Foto: Hermandad del Rocío de Coria

La comparación iconográfica llevó irremediablemente a mencionar a las prestigiosas bordadoras sevillanas Francisca de Paula Zuloaga (1761-1848) y Rita Zuloaga Sánchez (1766-1856), insignes autoras de ambas piezas y de otras sobresalientes realizaciones textiles durante la primera mitad del siglo XIX. Un examen minucioso de su producción artística reveló numerosas concordancias entre sus bordados y los que ornamentan el simpecado rociero.

A ello se sumó un hallazgo documental de notable relevancia: la consulta del testamento de Francisca de Paula Zuloaga, fechado en febrero de 1836, desveló que la artista poseía en vida un simpecado confeccionado por su mano, utilizado en las novenas del Rosario de la Virgen de la Luz en la capilla de la Carretería. Según sus disposiciones testamentarias, esta pieza debía pasar a sus herederos tras su óbito.

Careciendo de evidencia de que dicho simpecado permaneciera en la Hermandad de la Carretería, se infiere razonablemente que pudo ser vendido, tal y como ella misma autorizaba en su acta notarial.

Así, el investigador expuso: «Por un lado, tenemos constancia documental de la existencia de un simpecado, bordado por las Zuloaga para el rosario de la Luz, presumiblemente en paradero desconocido, y al mismo tiempo nos encontramos ante el simpecado del Rocío de Coria que, además de presentar numerosos paralelismos con los bordados de estas artistas, fue adquirido sólo un año después del fallecimiento de Francisca de Paula».

Concluyendo su intervención, Pérez Díaz planteó con prudente erudición que el simpecado de Coria podría ser obra de las ilustres bordadoras sevillanas y que su origen estaría ligado al desaparecido simpecado del Rosario de la Virgen de la Luz. No obstante, el investigador advirtió: «Esto no deja de ser una hipótesis planteada a raíz de los análisis y observaciones que he venido realizando y suponen un nuevo punto de partida sobre el que puedan seguir realizándose investigaciones futuras que refuten o ratifiquen lo hasta aquí expuesto».

De esta forma, se abre un nuevo horizonte en el conocimiento del rico patrimonio de la Hermandad de Coria del Río, invitando a un estudio más profundo y riguroso de las obras maestras del bordado sevillano decimonónico.