Iniciamos el pasado domingo el primer período del año litúrgico cristiano, como ya saben, este periodo es el que denominamos Adviento, abarcará los cuatro domingos más próximos a la solemnidad de la Natividad, periodo de oración, de espera vigilante, de reflexión, de preparación de la venida de Nuestro Señor.
Del mismo modo que San Juan fue el precursor y preparó la llegada de Jesús, ahora nos toca a nosotros prepararla, con actos piadosos, para ello deberemos tener por muy cierto las palabras de su discípulo Mateo, quien apuesta por mantener el secreto todos nuestros actos de piedad, y nos dice que los mismos son la limosna, la oración y el ayuno.
Hemos encendido ya la primera vela de la corona de Adviento e iremos encendiendo cada domingo una nueva hasta alcanzar a encenderlas todas en el último domingo de este periodo, estos actos y símbolos quedarían vacíos si no se prestasen a realizar en nosotros algún cambio, alguna mejora en nuestra vida espiritual, existe una tradición relacionada con el encendido de cada una de estas velas de la corona de Adviento, al encender cada una de ellas se le debe de procurar una mejora en una virtud, la tradición dice que a la primera se le asigna la virtud del amor, a la segunda de ellas la paz, a la tercera la tolerancia y a la cuarta la fe.
Así que esta semana estaremos mejorando nuestra virtud del amor, es uno de nuestros tesoros en el cielo, ya saben, quedó escrito también por Mateo, que donde están nuestros tesoros allí estará nuestro corazón, y nuestro corazón que es la puerta de entrada de Jesús a la tierra en cada Navidad, ha de estar necesariamente en el cielo, que para la tierra ya está el dinero.
No podemos servir a dos señores al mismo tiempo, tenemos que elegir entre el amor y el dinero, elegir entre tesoro terrenal o tesoro en el cielo, es sencillo, deberemos de depositar toda nuestra confianza en Dios, alejándonos de las vanidades, de las preocupaciones mundanas, con lo que nuestra vida en navidad será genuina y demostraremos que nuestra devoción es auténtica.
Encended, de forma virtual, vuestra primera vela de la corona de Adviento, llenar vuestra vida de Amor, cumplir sin límite la Regla de Oro, esa que nos dice hacer a los demás cómo queráis que ellos hagan con vosotros, fundamento de la ética del Amor y del respeto mutuo, vivamos con auténtica devoción nuestra Navidad.
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