El viejo costal, Opinión

De puertas para adentro…

Ya parece ser que está resuelto el problema del gobierno con las tumbas existentes en el interior de la Basílica de la Macarena de Sevilla, gobierno que sigue enredado en estos asuntos del pasado, tan enredado en el pasado que está perdiendo el presente y un poco el norte.

Y es que la sangre en las manos es bastante difícil de eliminar, y según dicen, los restos de un asesino han sido retirados de un lugar público, donde podría recibir homenajes por parte de los partidarios de sus ideas políticas. Y conste que no estoy hablando de los terroristas de ETA, que en este caso, a pesar de ser asesinos manifiestamente demostrados, estos sí pueden recibir homenajes con honor y gloria. Y viene esto a demostrar que la calidad de víctima en esta nuestra España viene dada por la titularidad y por las ideas del verdugo, siendo éste el que determina quien es víctima, y quién no.

Además viene a demostrar que tienen perdido el norte, ellos que permanecen amarrados por cadenas al pasado, están ciegos para el presente, pero la gente normal sí aprecia en profundidad y con claridad que no se puede andar moviendo a los muertos, que no son nada más que un montón de desechos y sucios huesos, los huesos no son enemigos dignos de vencer, lo que hay que vencer son las ideas, las ideas se vencen con actos efectivos, con horizontes claros y con objetivos alcanzados, y por supuesto con ideas realizables.

Quizás lo que falte sean ideas, imaginación, o efectividad, y eso hace que queden enredados por cientos de consejos mal dados, y con menos valor, en cosas banales, enredados en sucios huesos, que siendo cambiados de sitio parecen dar la sensación de eso, de que solo han sido cambiados de sitio, y con esta efímera victoria quedan realizadas todas las aspiraciones de quien apenas las tiene.

En tanto, otros asesinos, llegan de regreso a su tierra, casi siempre desde cerca, y son recibidos entre honores, halagos, y fiestas, esos sí, con las manos llenas de sangre de sus compatriotas, tal y como todos los asesinos. Pero la miseria de nuestra política y de nuestros políticos es esa, para vergüenza de ellos y vergüenza mía.

Eso es lo que queda, siempre de puertas para adentro, en ese lugar privado que es el rincón de nuestra conciencia.