Este pasado día 22, sábado organizado por la Preceptoría de España de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, Milicia Templi, o más conocida como Milicia del Temple, en colaboración con la Hermandad de la Paz, y la Fundación Miguel Castillejo, que brindó su salón de actos, pudimos disfrutar de una conferencia bajo la denominación de “Nuevas aportaciones científicas sobre los lienzos funerarios atribuidos a Jesús de Nazaret”.
El conferenciante fue el Doctor D. Alfonso Sánchez Hermosilla, forense destacado del Instituto de Medicina Legal de Murcia, profesor de Antropología y Genética Forense en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y director del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (EDICES). Conocido por sus investigaciones científicas sobre la Sábana Santa y el Sudario de Oviedo, en los que ha realizado estudios médico-forenses que han aportado datos relevantes sobre estas reliquias, siendo el responsable de importantes descubrimientos fundamentados en sus estudios antropométricos, criminalísticos, anatómicos y anatomo-patológicos tanto en la Síndone, como en el Sudario de Oviedo.
Todos estos estudios forenses, han de ser extremadamente cuidadosos la carecer de cadáver, y necesariamente han de fundamentarse en el estudio profundo y preciso de ambas piezas textiles. A pesar de la manifiesta dificultad por la señalada carencia, D. Alfonso nos desglosó cada momento de la pasión desde el punto forense por las marcas y restos de líquidos impregnados, llegando a poder precisar, se lo puedo asegurar, incontables detalles en cuanto a tiempos, recorridos, martirio y un infinito número de pruebas, de las que muchas de ellas han modificado mis personales ideas respecto a los tiempo y formas de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, que por cierto, el conferenciante casi ni lo nombra, su lenguaje es justo el de un forense, ya que es su disertación habla muchas veces “del cuerpo”, o “del cadáver”.
Lo cierto es que cuanto más avanza la ciencia, más precisión alcanza, y más mitos míos se van cayendo, muchos, tales como la crucifixión sin la corona de espinas, la configuración de la misma y la demostrada forma de sujetarla sobre su cabeza, así como el tiempo que la tuvo impuesta, el transporte de la cruz y su forma al Gólgota, la maldad de uno de los dos verdugos que le azotan, y la destacada profesionalidad del otro, la postura en la que fue azotado, el material y la forma en que fue clavado, la forma de la lanzada, el orificio de entrada y salida de la misma, la altura de la cruz, y un infinito número de detalles que me serian imposible de señalarles en estas líneas, y algunas pruebas de quien estuvo sobre ambos sagrados lienzos: Según este científico forense, fue un hombre de una fuerza tremenda, ya que en la relación de daños observados, existían causas medicas suficientes para que se hubiese producido la muerte, al menos a un hombre normal, la resistencia que le sostuvo el tiempo necesario para ser clavado en el patibulum, pieza horizontal que se usaba en las crucifixiones romanas, su resistencia para soportar la elevación al poste vertical, al stipes, y permanecer vivo algo de tiempo, siempre superando sus mortales heridas.
Que fue amortajado y ungido con sustancias dignas de un rey, por su calidad. Pero de verdad, si hubo algo que a mí me resultó especialmente carismático, es una frase que dijo el Doctor D. Alfonso, “el análisis de las heridas demuestra qué no hizo ningún gesto de esquivar los golpes. No hay señales de defensa, pese a que estos gestos son instintivos cuando un ser humano es golpeado. Soportó el castigo sin defenderse”, y en estos lienzos hay miles de muestras de golpes, pero las que no han llegado a encontrar son las propias de una defensa que cualquier mortal hubiese realizado de forma instintiva.
Y desde esta extraña afirmación, yo no paro de acordarme de Juan 10:17-18 donde Jesús enfatiza que su sacrificio no es forzado, si no voluntario: “Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo.» Resaltando que solo Él tiene control sobre su vida y su muerte, que su elección está motivada por su propia voluntad, y solo por su propósito.
Puedo afirmar que he asistido a una de las más importantes conferencias de mi vida, a una de las que más mitos me ha destrozado, pero también, la que más me ha demostrado la certeza de que estos paños acogieron y abrazaron el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.























