A pulso aliviao, Opinión

Empieza la cuenta atrás

Agosto se apaga plácidamente mientras el aroma a nardos de la patrona aún embriaga los sentidos de una ciudad expectante.

El último rayo de sol sobre la tumbilla de su paso anuncia el final del tiempo de la pasión, el gozo y el sentimiento popular en nuestras calles; y al mismo tiempo, coloca el contador de las emociones a cero para todo lo mucho y bueno que está por venir.

Y es que Sevilla exhala oxígeno en estos últimos días vacacionales para el otoño cofrade que se otea en el horizonte, con nada menos que 5 salidas extraordinarias más todo el abanico de procesiones de Gloria y cultos de regla habituales en las hermandades de la capital andaluza.

Hay que echar la vista atrás, concretamente al año 2013 con el frustrado Vía Crucis de la Fe, para revivir esa condensación de pasos de nuestra Semana Santa en un período temporal tan reducido.

Y es que en menos de dos meses veremos en la calle por distintas efemérides a las dolorosas del Cerro del Águila, Santa Genoveva, San Roque y el Museo; así como al Señor de la Resurrección.

Sus respectivas corporaciones se afanan desde hace semanas en la limpieza de la plata, el itinerario o la elección del exorno floral para una cita tan especial, la cual obsequiará al capillita con imágenes únicas.

Tanto es así que se podrá ver por ejemplo a la Virgen de los Dolores por un recorrido muy especial en las calles del barrio, luciendo además el manto de salida en todo su esplendor y riqueza tras la exhaustiva restauración acometida por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

Tome noto también, querido lector, de los enclaves por los que pasará el misterio de la Resurrección en su espectacular periplo por San Pedro, la calle Feria o hasta la macarenísima calle Parras.

O, indudablemente, llamará la atención la estampa de la Virgen de las Aguas del Museo con las antiguas manos entrelazadas, una iconografía modificada hace décadas para procesionar bajo palio.

Motivos no faltan para acudir a estas citas con letras mayúsculas que endulzarán el calendario de los cofrades como preámbulo delicioso de la cuenta atrás hacia la anhelada Cuaresma y los días grandes en los que todo volverá a cobrar sentido.