El Coro de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío de la Hermandad de la Redención pondrá su música al servicio de la celebración
En la aldea de El Rocío, el Pentecostés se configura como la culminación de una experiencia espiritual total, donde la fe se despliega como un lenguaje compartido que atraviesa calles, arenas y miradas. En torno a la presencia de la Virgen del Rocío, la celebración adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente ritual para convertirse en una vivencia colectiva de extraordinaria intensidad emocional, en la que la comunidad devocional se reconoce a sí misma en cada acto litúrgico.
La Solemne Misa de Pentecostés emerge así como el verdadero eje vertebrador de todo el ciclo festivo, el instante fundacional desde el que se ordena el conjunto de celebraciones. En ella, la aldea alcanza una unidad simbólica plena bajo la presidencia del obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, acompañado por todas las hermandades filiales a través de sus simpecados y sus capellanes, que concelebran una misa dorada de una profunda carga expresiva.
El acompañamiento musical de la Solemne Misa Pontifical se ha encomendado a un coro dirigido por Manuel Pérez Fernández, quien ya estuvo al frente de la Pontifical de 2016, interpretada entonces por el coro de la Hermandad del Rocío de la Macarena, así como de la Pontifical de 2023, que contó con la participación del coro de la Hermandad del Rocío de La Puebla del Río, integrado por una selección de voces procedentes de distintos coros rocieros de Sevilla y Huelva. Se trata, además, del mismo coro que asumió el acompañamiento musical en la Solemne Coronación Canónica de la Virgen del Rocío de Penitencia de la Hermandad de la Redención, celebrada en la S.I.C.M. de Sevilla el pasado 5 de julio de 2025, consolidando así una trayectoria de referencia en grandes hitos musicales vinculados a la devoción rociera.
Domingo de Pentecostés: la gran liturgia marismeña y la continuidad de la tradición viva
El domingo 24 de mayo, a las 10.00 horas, el Paseo Marismeño acogerá la Solemne Misa de Pentecostés, presidida por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, en un acto de extraordinaria densidad espiritual en el que confluyen todas las hermandades filiales mediante la presencia de sus simpecados, configurando una imagen coral de comunión devocional. La centralidad de la Eucaristía en este punto del calendario otorga a la celebración un carácter estructural, convirtiéndola en el momento que articula la identidad espiritual de toda la romería.
Desde ese núcleo litúrgico irradia toda la secuencia ritual del fin de semana, que alcanza su punto culminante con la procesión de la Virgen del Rocío el Lunes de Pentecostés, cuando la aldea de El Rocío se transforma en un único cuerpo devocional donde cada gesto, cada mirada y cada plegaria confluyen en una misma entrega colectiva de extraordinaria intensidad espiritual. La Misa de Pentecostés adquiere aquí un valor estructural absoluto, como eje que ordena y da sentido al conjunto de celebraciones.
A las 20.00 horas se celebrará la Misa de tamborileros, carreteros y coheteros, expresión de la tradición popular que sostiene el pulso histórico de la devoción rociera. La memoria colectiva se hace presente en este acto, donde los oficios tradicionales adquieren una dimensión simbólica que enlaza generaciones y refuerza la continuidad cultural del acontecimiento.
A medianoche, desde la Plaza de Doñana, el Santo Rosario iniciará su recorrido con la participación de todas las hermandades filiales y sus insignias, trazando un itinerario orante que atraviesa la aldea como una corriente de fe compartida. El ciclo culminará con la Salve Solemne interpretada por el Coro de la Hermandad del Rocío de Garrucha, que envuelve la madrugada en un clima de recogimiento y emoción contenida.
La culminación del Pentecostés: el salto de la reja y la procesión de la Virgen
El Lunes de Pentecostés concentra el instante más esperado del ciclo con el salto de la reja, momento en el que la imagen es tomada a hombros por los almonteños, iniciando su recorrido procesional por la aldea en medio de una entrega multitudinaria de profunda intensidad espiritual. El regreso de la Virgen al santuario culmina el itinerario con la Salve Popular de despedida, que cierra los actos oficiales del Pentecostés y prolonga en la memoria colectiva una experiencia marcada por la plenitud devocional, la continuidad ritual y la emoción compartida.





