El Cirineo, Opinión, Portada

En el pecado llevarán la penitencia

La nula gestión del Consejo General de Cofradías de Sevilla ha sido refrendada inequívocamente por la inmensa mayoría de las hermandades sevillanas. Nadie le podrá quitar eso jamás a los vencedores, quienes se presentaban a la reelección y a sus palmeros. Francisco Vélez, Paco para los amigos entre los que no me encuentro, ha obtenido más de un 80% de los votos emitidos, como se apresuraron a subrayar, rápidamente, los medios afines al Consejo, aduladores profesionales, auténticos expertos en alabar de manera vergonzosa las andanzas de un equipo de gobierno que, resumiendo y sin paños calientes, no ha hecho absolutamente nada durante su primer mandato y del que no se espera –al menos yo- absolutamente nada para el segundo.

Ya saben lo que dicen: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”… “Virgencita, que me quede como estoy”. Miedo lo llamaría yo. Eso, sumado a una campaña excesivamente plana –a mi juicio- por parte de la candidatura rival, han propiciado que Paco haya “arrasado”, como ha cacareado uno de estos patéticos lisonjeros, cuyas gratuitas adulaciones sólo pueden explicarse desde la indigencia moral y la necesidad de encontrar un premio, puede que en forma de pregón, entre las nubes de incienso elevadas a los altares de la podredumbre. Periodismo lo llaman, porque sus zalameros elogios vienen respaldados por un título universitario. Y no les negaré que tiene su mérito; ha de ser muy complicado que se entienda algo de lo que se pronuncia cuando se tiene la boca llena.

Porque sólo desde la bochornosa mendicidad de quienes parecen capaces de vender su alma y su dignidad por un artículo en un boletín o, tal vez un futuro pregón, o en muestra de agradecimiento por haberlo pronunciado, se explica que se aplauda una gestión que se ha reducido a la nada más absoluta con la excusa de una pandemia que no ha impedido que la mayor parte de las hermandades sevillanas multipliquen sus esfuerzos, no solo asistenciales, sino también en otros ámbitos, como el patrimonial. Porque al mismo tiempo que muchas hermandades hispalenses han trabajado denodadamente en un contexto económico extremadamente complejo, el Consejo no ha hecho nada de nada. Les desafío a que me digan algo realmente relevante que se haya implementado, más allá de una buena exposición; alforjas demasiado vacías para quien les habla, aunque tal vez yo sea demasiado exigente con quienes mandan. Curiosamente las mismas hermandades que han otorgado un indiscutible beneplácito -que, insisto, nadie le podrá negar a Paco y sus amigos- a una gestión inexistente, trufada con mentiras y medias verdades, propias y casi propias, y una bochornosa censura propiciada por el mismo sujeto que se pasea ufano, con el móvil en la mano, con la anuencia del mismísimo presidente que, de haber querido podría haberla impedido.

Un apoyo indudable, traducido en 101 votos a favor, del que tendrán que rendir cuentas sus responsables cuando dentro de cuatro años se evalúe si merecía la pena dejar las riendas en las mismas manos. Un apoyo amplificado por una chocante retahíla interminable de felicitaciones de Hermandades vía Twitter acompañadas de ruegos a sus respectivos titulares para que ayuden a Vélez a hacer una buena gestión, como si la Virgen o su Hijo pudieran deshacer el entuerto provocado por el miedo a lo desconocido o sembrar algo de provecho en tierras baldías. Que Dios sea omnipotente no significa que esté para subsanar nuestros errores cuando nos han dado la oportunidad de elegir. Libre albedrío lo llaman. Que no vengan luego con protestas airadas y quejas impostadas de cara a la galería cuando todo siga exactamente igual que estaba, maquillaje aparte, porque todos sabían lo que había de antemano. Y es que jamás una gestión tan vacía mereció semejante premio. Sea como fuere, quienes le han regalado a Paco y sus amigos un cómplice cheque en blanco, en el pecado llevarán la penitencia, para desgracia de la Sevilla Cofrade que será la que terminará pagándolo… y si no, tiempo al tiempo.