El palio se encontraba con un tercio del itinerario realizado y “se puso en cuatro chicotas en el centro cívico de la Aurora, y a una velocidad espectacular”.
Seis pasos han sido lo que ha dirigido el capataz, Enrique Garrido, durante la Semana Santa de Córdoba (incluida uno de Vísperas) de 2025. Una tarea digna de mención, en la que Garrido ha comandado a imágenes y hermandades con un estilo diferente entre sí y que, en su haber, se hace necesario señalar que ha sabido adaptarse a la idiosincrasia de cada cofradía.
Hablamos con el capataz sobre sus impresiones y lo primero que reconoce es que “no puedo decir que haya sido una Semana Santa magnífica, porque cuando hemos tenido agua en algunas cofradías no se puede tildar así”. Pero repone que, en términos de costal, “estamos muy satisfechos, porque en todas las cofradías se ha hecho lo que se había ensayado y a todas se les ha dado lo que la hermandad necesitaba en la calle”.
Situaciones complicadas
Al hilo de eso último, Garrido afirma que “tenemos muy claro que vamos a servir a las hermandades”. En este sentido, el capataz explica que quien vea a una corporación en un determinado punto puede pensar que el paso va demasiado rápido u otra serie de puntualizaciones, pero aduce que hay que tener presente que, “a lo mejor, la cofradía va tarde, o que hay riesgo de lluvia. Hay que saber que las cofradías en cada momento piden una cosa”.
De ese modo, el capataz desvela que “nos hemos visto en tesituras complicadas, en muchas de las hermandades, y las cuadrillas las han resuelto”.
“Tenemos muy claro que vamos a servir a las hermandades”
La O

Garrido hace balance del trabajo realizado con las distintas imágenes y, en el caso de la del Sábado de Pasión, expresa que “estamos muy, muy satisfechos, porque llevamos relativamente poco tiempo (tres años)”. A la par que recalca que “hay una simbiosis entre la cuadrilla, la hermandad, el barrio y el cuerpo de capataces, espectacular. Muchas veces les digo que no sé qué he hecho para merecer tanto cariño de la cuadrilla. Una unión que, en cualquiera de las que he llevado más tiempo, a lo mejor no hay tanta vinculación”.
El capataz atribuye esta característica “un poco a la identificación con el barrio”, además de que “la Virgen que imprime carácter”. Y pone un ejemplo esclarecedor: “Este año le pedimos a la cofradía que una salve que tienen (que se termina rezando en cada misa de los cultos de la Virgen), que por favor nos dejaran rezarla antes del ensayo. Eso remató con que se le ha compuesto una marcha que incluye salve, la primera que se tocó en la calle”. E insiste en que, “ahora mismo, hay una unión, en la que está todo el mundo a partir un piñón. Y ya con lo de la Magna, no te imaginas la ilusión que hay dentro de la cuadrilla”.
El palio se encontraba con un tercio del itinerario realizado y “se puso en cuatro chicotas en el centro cívico de la Aurora, y a una velocidad espectacular”
A ello añade que “tenemos claro que a la hermandad hay que respetarle su sello, y hay que conservarlo, porque no somos nadie para cambiárselo. Pero sí que es verdad que queremos darle un toque de cómo entendemos esto. Venimos de cofradías de silencio, en las que siempre se nos marca mucho que hay que llevar las imágenes de una forma muy solemne y honorífica. Es un poco la combinación de eso, de que la hermandad no pierda su sello, dando el toque de saber qué es lo que llevamos arriba”.
Sobre la primera parte del recorrido, de la misma destaca que se pudo llevar a cabo con un estilo “perfecto”. Y una vez la hermandad se percató de que venía lluvia, el palio se encontraba con un tercio del itinerario realizado y “se puso en cuatro chicotás en el centro cívico de la Aurora, y a una velocidad espectacular”.
A ello agrega que “diciéndole a la cuadrilla que nos cantaran ellos si se podía o no se podía, para echar el paso abajo. Y la cuadrilla sigue, sigue, sigue y no lo echamos abajo. Así que muy satisfecho”.
Concepción

“Ahora mismo estamos adecuándonos nosotros a la cuadrilla y la cuadrilla a nosotros. Santiago, a mí personalmente me apasiona, y el cuerpo de capataces está encantado”, comienza señalando Garrido sobre su labor al frente de los costaleros de la cofradía del Domingo de Ramos.
El capataz repasa que, “a la cuadrilla, llegó mucha gente en el primer año, se quedaron muchísimos costaleros de la Virgen, algunos han salido, otros (se quedaron) porque quieren a la Virgen sobre todas las cosas, y a mí eso me maravilla, también me pasa con Misericordia, que hay muchos costaleros que solo van con su Virgen esté quien esté delante”.
De manera que “este año ya hay mucha más comunión, la gente ya se está haciendo mucho a nuestra forma de trabajar, y hay un sector de la cuadrilla, de gente muy veterana, que la verdad que le tenemos que dar las gracias porque nos facilitan todo mucho”.
Asimismo, Garrido explica que, “este año, ya insistimos en los ensayos, en algunos conceptos, y creo que se ha podido ver la calle, porque el palio anduvo muy bien, al menos, esa impresión es la que tengo”. Y abunda en que “la cuadrilla hasta fue fantásticamente bien, y la baja iba dando un carácter y un sello espectacular”.
«Santiago, a mí personalmente me apasiona, y el cuerpo de capataces está encantado”
En relación con ello revela que “como se salió un poquito tarde porque había riesgo de agua, la pauta era entrar en carrera oficial a la hora, y la cuadrilla anduvo por derecho toda la calle Agustín Moreno, Lucano, Lineros y metió el palio en carrera oficial a la hora. Y después a la vuelta, por Huerto de San Pedro Real, Tundidores, eso fue absolutamente espectacular”.
“Recuerdo una mano con Amarguras en la que se dijo a la cuadrilla que no se le iba a mandar nada, que lo único que iba a hacer yo era ponerme con un pañuelo en la delantera, y que me vieran los zancos a mí en la maniobra, es decir, la derecha delante, la izquierda delante, y todo Huerto de San Pedro Real se hizo con Amarguras, se levantó el palio, fue andando lo justito y medido, y quienes estaban allí, se arrimaron y nos dieron la enhorabuena porque fue un momento cofrade tremendo”.
Cristo de la Universidad

“Tenemos un concepto casi, casi semiprofesional, porque ahí solo vienen costaleros que salen con muchas cofradías, desde hace muchos años. Son trabajaderas que me las conozco de memoria, porque lleva toda la gente muchos años, y son costaleros, no son personas que se ponen un costal, sino son gente que conoce el oficio y trabajan muy bien”, apunta Garrido.
Además, el capataz introduce un matiz a tener en cuenta, ya que de “ese paso siempre decimos que es el más exigente que tenemos, porque es un paso que no pesa nada y a la vuelta viene arreando, porque al pesar poco tiene que estar todo el mundo muy, muy, muy concienciado de que el paso no bote, de que no se pierdan las vueltas, de que no se pierda el son, porque en cuanto que pasa algo de eso, canta muchísimo a diferencia de un paso que pese”. Y agrega que, “tan en tensión va la gente que, después, de vuelta viene castigado”.
«Son costaleros, no son personas que se ponen un costal, sino son gente que conoce el oficio y trabajan muy bien”
Sobre el Martes Santo recuerda que la hermandad salió 20 minutos tarde (por la amenaza de lluvia) y “la indicación fue (igual que en Santiago) meter a la cofradía en carrera oficial a su hora, se consiguió. Luego, como el resto de hermandades del Martes Santo habían pedido media hora de retraso, eso hizo que si hubiéramos seguido nuestro recorrido normal, nos hubiéramos encontrado con alguna y fue cuando el Cecop cambió recorrido por la calle La Feria y San Pablo. Y la calle La Feria se fue andando por derecho para que la cofradía llegara a San Rafael a la misma hora que debía de llegar por el recorrido normal, y se pegaron unas manos largas, pero lo estuvieron andando de categoría”.





