La Hermandad de la Macarena ha recibido las partituras de una nueva marcha procesional dedicada a la Virgen de la Esperanza.
Borja Romero González es el autor de esta marcha procesional para banda de música dedicada a María Santísima de la Esperanza Macarena con el título de ‘La Esperanza de Judá’.
«La Esperanza de Judá» es una marcha procesional compuesta de forma ininterrumpida entre septiembre de 2004 meses de enero y septiembre de 2004.
La obra fue compuesta de forma interrumpida entre los meses de enero y septiembre de 2024. La marcha se estructura en tres grandes secciones: una primer tema, un fuerte de bajos y un trío, con pasajes de transición entre ellas. La pieza comienza en la tonalidad de Do Mayor. Este tema tiene un carácter solemne, donde las cornetas y el viento madera se van relevando en la función melódica. En este momento se cuentan hasta cuatro elementos rítmicos en el acompañamiento armónico, lo que genera una textura densa que favorece, a su vez, una gran sonoridad y movimiento. El fuerte de bajos presenta una melodía anacrúsica, con un ostinato rítmico típico de este género en el viento madera. Tras su primera exposición, se repite la melodía, aunque enriquecida esta vez con diferentes planos texturales que presentan elementos bien ya aparecidos anteriormente o bien de nueva creación.
Este comienzo representa la algarabía del inicio de la estación de penitencia y la idiosincrasia que presenta la Hermandad de la Macarena cuando se pone en la calle cada madrugá. Tras la repetición de la primera sección y un pasaje modulante, la marcha llega al trío en la tonalidad de Fa Mayor. Tal y como sucede cada Viernes Santo con la Hermandad que nos ocupa, la marcha trata de representar una dualidad de caracteres. Se ha pasado de la grandilocuencia del comienzo a la intimidad más absoluta. La melodía de esta nueva sección destaca por los saltos de octava y los retardos, que aportan una gran expresividad. En esta sección, la armonía es simple y la instrumentación se reduce a una línea melódica en los clarinetes y los fliscornos y a un acompañamiento rítmico de notas largas en las trompas, los trombones y los bajos. El trío va, poco a poco, desarrollando su material.
El acompañamiento rítmico se acelera a la vez que la armonía va en busca de la tonalidad inicial de Do Mayor, que es en la que se presenta por última vez la melodía del trío, ahora ya enriquecida con una mayor instrumentación y unas voces intermedias que la complementan, tanto melódica como armónicamente, así como con un contrapunto en los saxofones tenores, los fagotes y los bombardinos y una intervención de las cornetas con pasajes de llamada característicos de este instrumento. La coda es de carácter triunfal, basada en el elemento melódico de uno de los retardos del trío, recuperando asimismo elementos de secciones anteriores, persiguiendo con esto la idea circular de composición.
Es destacable la adición de las campanas tubulares que, a pesar de tomar parte solo en la parte final de la obra, cobran especial relevancia al representar el repicar alegre de la basílica en la mañana del Domingo de Resurrección. Se escucha, como un recuerdo, el llamador del paso de palio. La Virgen ya descansa de nuevo en casa. Solo que a Sevilla, la Judá eterna, vino como Esperanza y se quedó Macarena





