Entrevista | Enrique Garrido: «San Rafael va más allá de lo religioso»

Diez años de archivos, documentos inéditos y una profunda inmersión en la memoria espiritual y patrimonial de Córdoba han permitido a Enrique Garrido Montero convertir una investigación doctoral en una obra destinada a enriquecer el conocimiento sobre uno de los grandes símbolos identitarios de la ciudad. El capataz e historiador cordobés acaba de culminar un largo proceso de estudio con la publicación de La Iglesia del Juramento de San Rafael y la Córdoba de su tiempo (1652-2025), un volumen editado por Almuzara que recorre más de tres siglos y medio de historia a través de la evolución de la devoción al Custodio de Córdoba y del singular templo levantado en el solar de las apariciones al padre Roelas.

La obra, que ve la luz un año después de la defensa de su tesis doctoral en la Universidad de Sevilla, aporta numerosos datos inéditos, rescata nombres olvidados, profundiza en el patrimonio artístico y documental vinculado al Arcángel y ofrece una nueva lectura de episodios fundamentales en la construcción de la identidad cordobesa. En esta conversación, Enrique Garrido desgrana los principales hallazgos de una investigación que ha ocupado una década de su vida y reflexiona sobre la dimensión histórica, artística y sentimental de una devoción que, más allá del ámbito estrictamente religioso, se ha convertido en una de las señas de identidad más reconocibles de Córdoba.


«La primera imagen de la Hermandad de San Rafael fue obra de Juan Prieto, el autor de la Virgen de los Dolores»

— Después de diez años de investigación, ¿qué hallazgo o descubrimiento le sorprendió más durante el proceso de elaboración de La Iglesia del Juramento de San Rafael y la Córdoba de su tiempo (1652-2025)?

Al trabajo en archivo le hemos dedicado seis años, más de la mitad del trabajo, de modo que han salido numerosos datos inéditos. En el apartado artístico ha sido fantástico documentar que la primera imagen de la Hermandad de San Rafael fue obra de Juan Prieto, el autor de la Virgen de los Dolores, pero mejor ha sido conocer que ha pasado con ella en todos años y, afortunadamente, hallarla. También hemos documentado numerosas restauraciones de la actual imagen del Arcángel, incluida la que la dotó del aspecto actual a mediados del siglo XIX. En cuanto a los edificios, hemos constatado que ha habido tres templos en el solar de las apariciones, así como el nombre de los maestros de obras que levantaron la ermita de 1732, lo que supone abrir un nuevo camino de estudio en el mundo arquitectónico local. No obstante, hay dos datos nuevos esenciales: la desamortización que en 1841 sufrió la Hermandad de San Rafael, cuando el gobierno de la Nación le retiró cuatro casas, lo que hizo casi desaparecer a la institución y que el templo se declarara en ruina y, sobre todo, el reconocimiento del maestro Juan Antonio Cardera Rojas, esencial en la construcción del actual templo y cuya memoria ha permanecido en la sombra hasta hoy.

«Hay dos datos nuevos esenciales: la desamortización que en 1841 sufrió la Hermandad de San Rafael, cuando el gobierno de la Nación le retiró cuatro casas»

— Su obra analiza la evolución de la devoción rafaelina desde las apariciones de 1578 hasta la actualidad. ¿Cómo explicaría que el culto a San Rafael haya mantenido una vigencia tan extraordinaria en la sociedad cordobesa a lo largo de más de cuatro siglos?

Básicamente por dos motivos. El primero se debe a que a San Rafael no le ha tributado culto solo una institución. De ser así, podría haber pasado como tantas otras advocaciones o imágenes, que al perderse el ente que le rinde culto se desvanece su devoción. Sin embargo, la devoción a San Rafael ha sido promovida por su Cofradía, pero también por el Ayuntamiento y por numerosas instituciones que erigieron un triunfo ante sus casas y lo cuidaron con esmero después. Además, hasta tres templos estuvieron dedicados al Arcángel, las Capuchinas, Madre de Dios y el Juramento. Junto con esto, el pueblo pronto abrazó a San Rafael por sus milagros, lo que le hizo convertirse en símbolo de “cordobesía”. ¿Cuántas personas llevan una medalla de San Rafael o incluso lo tienen tatuado sin ser especialmente devotas? ¿Cuántas empresas llevan por nombre El Arcángel, San Rafael o El Custodia? San Rafael va más allá de lo religioso. 

«En él se encuentra el verdadero germen de la devoción a San Rafael en Córdoba»

— En el libro aborda episodios históricos como la epidemia de 1649 o el Terremoto de Lisboa de 1755. ¿Hasta qué punto estos acontecimientos marcaron la consolidación definitiva de la devoción al Custodio de Córdoba?

Las apariciones al padre Roelas, tanto de los Cinco Caballeros como de San Rafael, tuvieron lugar en 1578. Hasta décadas más tarde no se dejaron por escrito, pero aun así no se popularizaron. Será a mediados del siglo XVII, cuando se produce una devastadora epidemia de peste, cuando el Ayuntamiento, sobrepasado por las circunstancias, buscó la intercesión divina, además de emprender numerosas medidas sanitarias. Uno de los miembros del consistorio, José de Valdecañas –un personaje apasionante- , fue el encargado de preparar varias fiestas religiosas con las que solicitar el consuelo divino y, junto a devociones como las del Santísimo Sacramento o los Santos Mártires, recuperó la figura de San Rafael, tan propicio por el juramento que había prestado como custodio de la ciudad. Valdecañas fue quien encargó el célebre lienzo del Ayuntamiento o la imagen de San Rafael del Puente Romano, y en él se encuentra el verdadero germen de la devoción a San Rafael en Córdoba.

Un siglo más tarde, en 1755, se produce el Terremoto de Lisboa y a diferencia de poblaciones cercanas en Córdoba no hay que lamentar un número elevado de víctimas. Eso conllevó que el Cabildo de la Catedral y el Ayuntamiento vieran la intercesión de San Rafael para proteger la urbe, acordando peregrinar una vez al año para agradecérselo. La misa del 24 de mayo, aunque con algunos cambios, es heredera de aquella decisión.

«La misa del 24 de mayo, aunque con algunos cambios, es heredera de aquella decisión»

— La investigación pone de relieve que el crecimiento de la devoción provocó la construcción sucesiva de varios templos en el solar de la Casa de los Roelas. ¿Qué nos dice esta evolución arquitectónica sobre la relación entre la ciudad y su Arcángel?

En primer término, que la devoción a San Rafael siempre fue en aumento desde que partió en torno a 1652 hasta el siglo XIX, cuando las ideas ilustradas y las políticas liberales fueron cercando la religiosidad popular. En aquel momento no sólo se frenó el crecimiento del edificio, sino que a finales de siglo se denunció el peligro de hundimiento y, tras décadas buscando financiación, se realizó una restauración verdaderamente salvadora en 1924.

En cuanto a los tres templos, el primitivo oratorio, la ermita barroca y la iglesia actual, son elocuentes de que, como dicen los documentos, la iglesia del Juramento “es de todos y no es de nadie”, es decir, que los tres se sufragaron con las limosnas de los cordobeses, la generosidad de los aristócratas primero y los burgueses después, y, sobre todo, de un esfuerzo titánico de la Cofradía de San Rafael y el aliento del Ayuntamiento, de modo que ¿quién es su propietario? La piedad cordobesa, que dirían los más románticos. En el libro se desgranan las acciones de todos estos grupos en pos del Juramento.

«La iglesia del Juramento “es de todos y no es de nadie”»

— A lo largo de la obra aparecen numerosos nombres vinculados a la arquitectura, la escultura, la pintura y la platería. ¿Considera que el patrimonio artístico generado en torno a San Rafael es uno de los capítulos más relevantes y menos conocidos de la historia cultural de Córdoba?

Absolutamente. En el apartado de la platería, por ejemplo, tras el Terremoto de Lisboa se emprendió una campaña de enriquecimiento del ajuar del templo en la que participó la nobleza, como se ha dicho tantas veces, pero también la Hermandad. El resultado fue un conjunto de piezas excepcional, que hoy puede verse gracias a una exposición permanente formada en la galería superior por iniciativa de don Fernando Cruz-Conde. De otro lado, desde el segundo tercio del siglo XVIII la Cofradía de San Rafael quiso consolidar el culto al Arcángel desde la intelectualidad y dentro de esa campaña no sólo comenzó a reunir una fantástica colección de reliquias –con sus consecuentes relicarios-, sino numerosos lienzos cuya riqueza iconográfica es de primer orden. Por último, elementos como el órgano de Pilat, un instrumento cuyas peculiaridades sonoras lo hacen único y que se construyó en una época sorprendente, en pleno siglo XIX, ponen en valor todo el patrimonio sanrafaelista. Desde luego, como bien dices, el patrimonio que atesora el templo es muy relevante.

«El patrimonio que atesora el templo es muy relevante»

— Este libro nace a partir de una tesis doctoral defendida hace ahora un año en la Universidad de Sevilla. ¿Qué diferencias encontrará el lector entre aquel trabajo académico y la publicación que llegará próximamente a las librerías?

La base documental es la misma, de modo que hemos intentado que ningún dato se pierda por el camino. Tan sólo el catálogo de las piezas que enriquecía la Tesis se ha suprimido por el volumen que adquiriría el libro. No obstante, ya te adelanto que estamos trabajando en su edición también para que sea publicado, con lo que se cerraría el círculo. Algunos textos se han modificado para hacerlos más accesibles y la edición se ha preparado para que sea muy visual, trabajo este último de nuestro editor Antonio Cuesta.

«La parte más importante del trabajo, o al menos la que más me ha afectado a mí en lo sentimental, ha sido la recuperación de decenas de nombres de hombres y mujeres que han hecho posible que el templo llegue a nosotros como un cofre que guarda los miedos y las alegrías de Córdoba»

— Tras una década dedicada a estudiar la historia de la Iglesia del Juramento y de la devoción rafaelina, ¿qué le gustaría que descubrieran o comprendieran los cordobeses cuando cierren la última página de esta obra?

La parte más importante del trabajo, o al menos la que más me ha afectado a mí en lo sentimental, ha sido la recuperación de decenas de nombres de hombres y mujeres que han hecho posible que el templo llegue a nosotros como un cofre que guarda los miedos y las alegrías de Córdoba. Hay en el templete, en su interior, unos tondos de madera tallada que piden la intercesión de San Rafael en varios escenarios: la enfermedad, los terremotos y las tormentas, entre otros. ¿Qué miedo no le tendrían nuestros ancestros a los terremotos? ¿Qué pavor no generarían las tormentas? Todos hemos tenido un abuelo al que le aterraban las tormentas y rezaba continuamente a Santa Bárbara, lo que no sabemos es que hasta la invención del pararrayos, la caída de un rayo en el caserío de la ciudad hacía que prendiera una casa y el fuego corriera por todas las contiguas. Ese miedo está ahí encerrado, en ese tondo, pero no sabíamos leerlo, pero ese miedo –o las alegrías- también está guardado en las imágenes de San Cosme y San Damián, médicos protectores, en la de la Virgen del Pozo, a cuyas aguas sanadoras acudían los vecinos. Las imágenes que coronan la fachada, de los santos Rafael, Acisclo y Victoria, son relicarios en sí mismas, pues contienen insertos fragmentos de las reliquias de los mártires de San Pedro. Esto es así para que cuando los cordobeses acudieran a rezar al Arcángel y estuviera el templo cerrado, pudieran pedirle a imágenes bendecidas, con reliquias y con un mensaje inequívoco: el Custodio y los patronos de la ciudad te guardan. El discurso es soberbio.

«Hemos hallado respuesta a una cuestión que nos traía de cabeza, ¿por qué se hizo un templete en lugar de un retablo adosado al muro?»

— Durante estos diez años de trabajo, ¿ha encontrado algún documento, testimonio o fuente histórica inédita que haya permitido reinterpretar aspectos conocidos de la historia de la Iglesia del Juramento o de la devoción a San Rafael?

Sí que los ha habido, y de qué forma. Dos pinceladas de las muchas que podríamos decir. En un juego de geometrías y mensajes, la gran rotonda señala el lugar exacto donde se apareció San Rafael al padre Roelas. Los documentos antiguos señalan que ese lugar es donde está el altar, pero el altar de la ermita barroca, que se desplazó al este. Donde estuvo el altar, y por tanto la habitación del padre Roelas, se señala hoy en el interior con el centro mismo de la circunferencia, mientras que al exterior lo hace con la cruz que corona la rotonda. De otro lado, hemos hallado respuesta a una cuestión que nos traía de cabeza, ¿por qué se hizo un templete en lugar de un retablo adosado al muro? La primitiva idea fue ponerlo justo en el centro de la rotonda, bajo la cúpula, incluso se llegó a simular con unas maderas. Se desechó por quedar muy al medio, pero nosotros tenemos nuestra propia teoría de qué se pretendía, y tiene que ver con la girola que rodea la cúpula.

«El cordobés, rico y pobre, siempre ha tenido al Arcángel por su protector, y no ha dudado en acudir a él en los momentos propicios»

— La obra abarca un amplio periodo cronológico, desde mediados del siglo XVII hasta 2025. ¿Cuáles han sido los principales cambios que ha identificado en la forma de entender y vivir la devoción a San Rafael a lo largo de ese extenso recorrido histórico?

Lo cierto es que el modo de entender la devoción a San Rafael no ha variado en demasía. El cordobés, rico y pobre, siempre ha tenido al Arcángel por su protector, y no ha dudado en acudir a él en los momentos propicios. Si acaso, a partir del siglo XX, cuando la población comienza a viajar y a ver la identificación de otros lugares con su devociones, San Rafael se convierte en un icono de lo cordobés que supera con mucho lo religioso y devocional. A esto ayudó la litografía primero y la fotografía después, que popularizaron la imagen de Sandoval tal como hoy la veneramos. Este, desde luego, es un episodio interesante, y en el libro abordamos cómo surge la devoción al Arcángel y a qué santos y advocaciones se le rezaba en Córdoba con anterioridad, lo que ha proporcionado novedades interesantes.

«Ser partícipe del mundo cofrade de nuestros días me ayuda a ponerme en el lugar de aquellos que gestionaron el templo, la hermandad o la devoción en décadas o siglos anteriores»

— Usted es conocido tanto por su faceta de investigador como por su trayectoria en el mundo cofrade. ¿De qué manera han dialogado en este proyecto el historiador riguroso y la persona vinculada emocionalmente a las tradiciones religiosas y culturales de Córdoba?

Lo cierto es que intento en algún modo separar una cosa de la otra, pero desde luego ser partícipe del mundo cofrade de nuestros días me ayuda a ponerme en el lugar de aquellos que gestionaron el templo, la hermandad o la devoción en décadas o siglos anteriores. Mi formación me hace valorar el hallazgo de una pintura del Racionero Castro, entender el aspecto decimonónico del Arcángel o la interesante disputa entre los maestros de obras de tradición gremial y los nuevos arquitectos reglados; pero como cofrade sé entender además que aquella pintura mandaba un mensaje de que San Rafael no se puede explicar sin los Mártires, que aquel aspecto del Arcángel provenía del mundo cortesano y romántico y que el templo se levanta con maestros del pueblo y por el pueblo, mientras las instituciones oficiales ya preferían un arquitecto formado en las academias.