Entrevista | Francisco L. Castaño: “Igual que un día Federico Jiménez confió en mí para que lo acompañase, tengo que asumir que ha llegado el día que esa unión ha terminado”

En la siguiente entrevista, el que fuera auxiliar del capataz del Huerto y actual vicehermano mayor de la cofradía da las claves de su adiós y valora el mundo del costal

Francisco Luis Castaño, popularmente conocido con el apelativo de Sony, ha sido durante las últimas décadas uno de los costaleros de referencia de Córdoba. En la actualidad es el capataz titular del nazareno y vicehermano mayor del Huerto, cofradía en la que ejercía como adjunto del capataz del misterio y que, en fechas recientes, era cesado.

De ese episodio y otros habla en la siguiente entrevista, pero siempre -como forma parte de su personalidad- de una forma constructiva, asumiendo que los cargos de confianza en cualquier hermandad tienen fecha de caducidad y desde un respeto poco acostumbrado, desafortunadamente, hacia todo el mundo digno de encomio.

-¿Qué ha pasado?

Son circunstancias que pasan y hay que tomar decisiones y, te gusten o no te gusten, hay que acatarlas y respetarlas. No ha pasado nada, digamos, fuerte, sino temas fuera, al margen de la cofradía. Él (Federico Jiménez) se declinó porque no siguiera como adjunto y esa decisión hay que respetarla. No hay más.

“Cada uno tenemos que asumir que en esta vida, en este mundo de abajo y en el de las cofradías en general, estamos al servicio al servicio de ellas y estamos mientras otros quieran que estemos”

-¿Cómo te sentó?

Desde que entré en la cofradía estoy ligado al paso de misterio de la Oración en el Huerto, por lo tanto, lógicamente, no es que te siente bien. Cada uno tenemos que asumir que en esta vida, en este mundo de abajo y en el de las cofradías en general, estamos al servicio al servicio de ellas y estamos mientras otros quieran que estemos. Es una cuestión de confianza y, al igual que un día, Federico Jiménez confió en mí para que lo acompañase en su trabajo, también tengo que asumir que ha llegado el día que esa unión -que ha durado muchos años y le estoy muy agradecido, porque me llevo muchos momentos vividos y a mucha gente- ha terminado.

“Tenía muy claro cuál es mi labor como vicehermano mayor y cuál como auxiliar del capataz”

Son ciclos de la vida, en los que hoy estás y mañana no, y hay que asumirlos tal y como vienen. Al fin y al cabo, mi cofradía está ahí y voy a seguir saliendo cada Domingo de Ramos, en circunstancias y lugares diferentes, pero con la misma ilusión.

-¿Pero esta situación la vivirás con pena?

Lógicamente, con mucha pena, porque son muchos años, muchos momentos, mucha gente que está ahí, pero hay que asumirlo.

-Se da la circunstancia de que te cesan siendo vicehermano mayor de la cofradía del Huerto.

No fui puesto por la cofradía, ni por la junta de gobierno, ni por la hermandad en general. Tenía muy claro cuál es mi labor como vicehermano mayor y cuál como auxiliar del capataz. Son diferentes, dentro de una misma cofradía, puesto por dos personas diferentes. Si el capataz es el que me pone, el capataz es el que me quita; igual que el hermano mayor en su día confió en mí para auxiliarlo en su trabajo y lo seguiré siendo hasta que el hermano mayor me cese o la confianza se pierda por alguno de los dos. 

Pero independientemente de que sea el vicehermano mayor, y lo seguiré siendo porque son labores diferentes y totalmente independientes, tengo muy claro que esa independencia continuará. Mi ciclo ha terminado al lado de Federico, delante del Señor, y mi puesto de vicehermano mayor tiene que seguir siendo por y para la hermandad. Aquí estamos para servir a la hermandad.

-Señalabas antes que el cese se debe a factores externos, entiendo que no tiene que ver con tu labor dentro del equipo.

No, no. Son factores externos a la hermandad. El equipo de capataces, desde que estoy, ha seguido la línea que ha marcado la junta de gobierno, el trabajo entre nosotros ha sido bueno, con lo cual no hay nada interno por lo que hayamos declinado el seguir juntos. Es totalmente externo a la hermandad, a la junta de gobierno, al equipo de capataces y a la cuadrilla de costaleros. Son temas personales que, como dos personas adultas, se hablaron y se quedaron ahí.

“Lo que me queda es centrarme en el Nazareno, soy capataz titular de la cofradía y estoy súper a gusto”

Somos dos personas que pensamos en el futuro y en el bien del grupo y creo que era la mejor solución en ese sentido, o la única que podía haber pensando en el grupo y en la hermandad.

-¿Hay algo que te haya dolido especialmente?

Ha habido mucha gente que me ha apoyado y lo sigue haciendo. Hay otra de la que esperaba más apoyo y ha sido un poco nulo, después de todos los años que llevo allí, que no son pocos. Eso es lo que más me ha dolido aunque gracias a Dios son los mínimos.

“Ha habido mucha gente que me ha apoyado y lo sigue haciendo. Hay otra de la que esperaba más apoyo y ha sido un poco nulo”

-Has dicho muchos años, ¿cuántos?

Entré en el ’95, ’96 y estamos en 2024. Entré de costalero y en el 2010 Federico confió en mí para que lo acompañara.

-Como capataz sigue en la Hermandad del Nazareno.

Lo que me queda es centrarme en el Nazareno, soy capataz titular de la cofradía y estoy súper a gusto. Pero es igual, nosotros los capataces, y todo el mundo que tenga un puesto de confianza en una cofradía, tiene que estar trabajando según las directrices que te marquen y agradecido, porque siempre es un regalo que te manda la vida y hay que disfrutarlo todos los días, hasta que se decida no confiar en ti para ese puesto.

Estoy súper contento de seguir trabajando, creciendo y ver crecer mucha gente de esa cuadrilla, que merece mucho la pena. Y al servicio de lo que me pidan.

-En varios momentos has dicho que un día se está y otro no. Estuviste muchos años con Curro y separasteis vuestros caminos, ¿cómo fue ese paso?

Lo asimilo a lo que ha sucedido ahora. Estuve muchos años con Curro en las cuadrillas, después confió en mí como auxiliar y por temas que no vienen al caso decidí que lo mejor era no continuar en ese equipo. En ese momento no pensé salir y buscar mi vida como capataz. Estar trabajando con Curro es una presión constante que implica mucho sacrificio durante la Cuaresma y estaba un poco con ganas de descansar. Pero la vida te llega así.

“Estuve muchos años con Curro en las cuadrillas, después confió en mí como auxiliar y por temas que no vienen al caso decidí que lo mejor era no continuar en ese equipo”

Lo asimilo a esta situación: una amistad de muchos años, un trabajo constante y de buenas a primeras algo te pasa y tienes que tomar decisiones, por una parte o por otra, y siempre son por el bien del grupo. No es que te levantes un día y se te crucen los cables, son consensuadas y siempre por el bien del grupo.

-Has dicho amistad ¿Esas amistades se quedan por el camino?

Lógicamente, el roce hace el cariño. No es que la amistad se pierda, porque no se pierde porque somos personas adultas, pero al final la falta de roce hace que el cariño vaya mermando. Con lo cual, la amistad no se pierde, pero no es lo mismo.

“El que busca el error del capataz creo que no se ha metido debajo de un paso, no se ha puesto un traje negro nunca, ni sabe la presión y la tensión que hay”

-Ha utilizado la palabra “presión” ¿Se siente mucha como capataz?

Tienes mucha tensión, responsabilidad. No es que la presión se note, es que no la puedes evitar. No la puede evitar nadie, porque es una responsabilidad muy grande la que llevas en tus manos, llámese capataz, llámese auxiliar. El que lleva el paso tiene que estar tensionado, porque si delante de un paso no vas tensionado cualquier fallo tuyo puede que cause un daño, material o inmaterial. Y duele.

-¿Desde fuera se miran mucho los fallos que tiene un capataz?

Parto de la base de que todo el que se pone delante de un paso intenta hacerlo lo mejor posible. Y para hacerlo lo mejor posible tienes que tener herramientas: llámese conocimiento, años de experiencia, material humano o como lo queramos llamar. Ahora, buscar un fallo, en la calle te pueden pasar cuarenta mil cosas, a mí y a cualquier capataz. La calle es la que te pone y te quita. Por muy bueno que seas y por muy buena cuadrilla que tengas, en cualquier momento puedes cometer un error. Pero ese error no los has cometido conscientemente. El que busca el error del capataz creo que no se ha metido debajo de un paso, no se ha puesto un traje negro nunca, ni sabe la presión y la tensión que hay. Buscar el fallo no lo veo normal, es buscar un motivo para criticar a ese capataz. No lo entiendo.

“El costalero es un privilegiado, porque lo que vives debajo de un paso no lo vives fuera”

-¿De costalero se está mejor que de capataz?

Durmiendo (risas). El costalero es un privilegiado, porque lo que vives debajo de un paso no lo vives fuera. Que fuera se viven momentos bonitos también te lo digo, porque si no fuera así nadie se pondría un traje negro ¿Gusta el traje negro? Sí, y quien diga que no, miente. Pero gran parte de mi vida como cofrade ha sido debajo de los pasos, y lo que se vive debajo es algo totalmente diferente a lo que se vive fuera.

-De todos los años de costalero, que han sido más que como capataz, con qué te quedas.

Con la gente que conoces y se cruzan en el camino y los momentos que vives con ellos.

-¿En qué momento está el mundo del costal?

Bonito y un momento en el quienes estamos al frente de cuadrillas tenemos la llave de que el futuro tan bonito que nos espera, lo cuidemos. Desde enseñar el fundamento de lo que es ser costalero y meterse debajo de un paso.

Ya no es como antes que había cuatro o cinco, ahora hay grandes capataces que hacen un buen trabajo y mueven a mucha gente. Estamos en un momento álgido. Si podemos poner un pero es cuidar el futuro ¿Cuál es ese fundamento? Habrá gente a la que le guste rezar, otra a la que le guste cargar kilos, pero el real es defender el oficio de costalero, que es saber que, cuando una persona se mete debajo de un paso, ese paso lo que porta es una imagen sagrada y hace un trabajo para darle vida a esa imagen a la que la gente le reza. Por eso, esto no puede convertirse en una competición, ni dentro ni fuera, y entender que todo el mundo hace su trabajo lo mejor que puede y lo mejor que sabe. Hay que respetarse, tanto al que lo hace bien y al que lo hace súper bien.

-¿Hay competitividad?

Sí, quien diga que no miente.

-Hay capataces que esquivan ese asunto.

No me tengo que esconder de nadie. Esa competición no viene de ahora, viene de los profesionales. Gonzalo Santiago, que en paz descanse, lo contaba, que los profesionales iban con su capataz y pasaban por el cuartel general de otro se ponían más rectos que una vela, porque estaba allí la otra cuadrilla. Por lo que esa competición ha existido y seguirá existiendo, porque cada uno quiere hacer las cosas lo mejor posible y, siempre y cuando sea sana, es buena.

-¿A veces no esa sana?

No sé si lo es o no. Pero si eres competitivo contigo mismo, si te exiges para mejorar tú y tu cuadrilla, estarás en una mejora continua, con lo que el mayor beneficiario son las cofradías. Si en cualquier ámbito de tu vida no intentas mejorar, nunca evolucionas, te estancas.

-Entraste en el Huerto a mediados de los ’90, qué diferencia hay con aquella época en el mundo del costal.

Por poner un ejemplo, antes la ropa era un pañuelo, ahora se cuida mucho. Ha mejorado muchísimo el número de costaleros que componen las cuadrillas. Se ha mejorado en muchísimos sentidos, pero no es que aquello fuese mal. Tienes que ver las herramientas que tienes para saber lo que puedes hacer. Esto es una mejora continua, que se refleja en el andar de los pasos.